“No quiero que se mire como presunción el que un hombre de humilde cuna
se atreva a examinar y criticar el gobierno de los príncipes”
El Príncipe, Nicolás Maquiavelo.
He pretendido evitar emplear vademécum y prontuarios propios de este Gr:., para emplear mejor mi razón en interpretar la realidad y mi contexto, con ayuda de la liturgia y de la mónita del grado solamente. He debido de abordar diversos tópicos que han burilado indeleblemente mi memoria en aras de contextualizar adecuadamente lo aprendido, y por supuesto, de resignificarme y consolidar mi identidad en esta expansión de mi ser en cuanto masón me concibo.
Me he acercado con mis Il:. HH:. mayores para recibir instrucción respecto al primer tema que debo desbastar. Han sido generosos y me han orientado hacia realizar un primer esbozo de las impresiones que tuve con la ceremonia de exaltación al 32º, el cual comparto con mucho gusto con ustedes esta mañana.
Ser Sublimes.
Deseo comenzar revisando el nombre completo del grado, que en inglés es Sublime Prince of the Royal Secret. En castellano la palabra “real” contiene cierta ambigüedad, ya que se puede referir a la realidad ó a lo relativo a la realeza, revisando su traducción me entero de que está referido al secreto Real, relativo a los reyes.
Retornando el camino, ser sublime es definido como algo que sublimina. Descreo que alguien en este momento logre sublimarse solamente de contemplarme como Príncipe del Real Secreto, y con ello entrar en un éxtasis más allá de la racionalidad, tal y como lo sugiere el nombre del grado, pero ostensiblemente, me queda grande.
Dice Maquiavelo que el príncipe natural tiene menos necesidad y razones de ofender, porque ha nacido en pañales de seda. Sólo les debe preocupar mantener el status quo. En cambio, los que llegamos a ser príncipes a través de una larga carrera, tenemos más de iconoclastas, deconstructivistas y de críticos acérrimos.
Por ello, considero que si mi persona encarnara el nombre del grado sería otra persona, una obra de arte viviente. Evidentemente el nombre del grado no es literal, sino que se refiere a ejercer el principado de un reino que no es este mundo material precisamente.
Para lograrlo, me queda claro que si no hay cambios en mi interior, si no aprendo, si no adquiero nuevas competencias, actitudes, valores y virtudes, el único sublimado seré yo mismo, a la manera de Narciso ante su reflejo en el río. Al primer esbozo de lucidez, podría devenir en Dorian Gray y romper esa simiesca ilusión.
Al pasar de estado sólido a gaseoso, la materia, se sublima, cuando pasa a un estado menos denso. En esos aspectos, un príncipe que abandona su estado primigenio de la materia –nótese la alegoría constructora- hacia otro moldeable, etéreo, imposible de desbastar y de poseerse, fluido en el aire, unidad con el soplo divino, es plenamente masónico.
Prepararnos para sublimarnos progresivamente, es lo que ha hecho el sistema de formación masónica con nuestras conciencias, capaces de discernir, de esquivar el mal, pero de comprenderlo y anticiparlo, de desarrollar en nosotros las más hermosas virtudes.
A la vez implicaría ser capaces de sorprenderse con el arte, de ser sensibles, alertas a nuestra realidad para maravillarnos con la obra del G:.A:.D:.U:.,
Y no olvidarse de que ante la frialdad del toque, existe la sublimación regresiva o deposición, que convierte el vapor de agua en escarcha. Esperemos que la frialdad nunca toque nuestros corazones, trabajados en el aprecio de las artes, el desarrollo de la voluntad e intuición y nos aterrice en la frialdad de nuestra propia realidad, plenamente material y sin capacidad de volvernos a sorprender, perdiendo las facultades que hemos estado desarrollando en esta institución durante muchos años.
Empero, ya en retrospectiva, creo que la realeza que embarga mi ser, al encontrarse mis facultades aún en desarrollo, al no haberse alcanzado su plenitud, bien pueden ser denominadas de un príncipe, visto como eufemismo por mi estado de imperfección.
Aporta el hecho de que se denomine a este grado “administrativo”. Si revisamos la etimología de la palabra, recordemos que proviene de “ad minister”, es decir de estar al servicio de los demás. Es justo que una vez habiendo recorrido tantos escalones de la carrera masónica, volteemos hacia los demás, con mayor sinceridad y conciencia que cuando nos dijeron en la exaltación a M:. Mas:. que deberíamos de preocuparnos por enseñar al ignorante, combatir al ambicioso y desenmascarar al hipócrita, lo cual no siempre lo ejercimos en plenitud, ya que nos dedicamos a seguir la carrera filosófica. Considero que es un buen momento para retornar a consolidar lo aprendido durante este vasto capítulo, como preparación para la realeza que implicaría la obtención del último grado del R:.E:. A:. y A:., el cual nos quedaría muy grande si no fuésemos ejemplo viviente de todas las enseñanzas que hemos recibido en esta larga carrera, constituyéndonos de esa manera en guardianes de la pureza del Rit:. con nuestras acciones cotidianas, preponderantemente. El ejercicio del ministerio implica ser para los demás en la proporción en la que hemos recibido de la Mas:.
La mónita del Gr:.
“Soldados de la Luz, de la Libertad y de la Razón Pura: el pueblo y la Masonería”.
Los trabajos tienen por objeto el desarrollo del poder colectivo de la Orden; se demuestra en ellos que el porvenir de la masonería encierra el porvenir de la humanidad, y que reclutar masones entre los mejores y los más poderosos, organizar por todas partes talleres masónicos y asegurar siempre la cooperación armoniosa de todos a la realización del sublime fin de la masonería es prestar a la humanidad los más gloriosos y los más importantes y señalados servicios, dignos de muy justa y calurosa alabanza.
Hermosa en verdad, aunque muy distante de la realidad en nuestra sociedad actual. Recuerdo que durante el burilado de mi más reciente Col:. Gr:. de Cab:. Kad:. encontré que en la Mónita del 24º se señala la imperiosidad de establecer una educación para la sociedad que forje masones sin mandil. Si esto se hubiera ya realizado, sería sencillo reclutar masones de entre ellos y organizar talleres masónicos en la actualidad. En la práctica, es muy complicado invitar personas a la masonería, debido a innumerables razones sistémicas. Esto me lleva a la reflexión respecto a cuántas personas he invitado a la masonería, a cuántos hermanos he invitado a regularizarse, a exaltarse, al filosofismo, al ajefismo, a la masonería femenina, etcétera. Si mis cuentas no fallan, cerca de 90 invitaciones que me han sido aceptadas, de varios cientos que he realizado. Sin embargo, esto no ha bastado, porque como Sub:. Pr:. del R:. S:. aun no he hecho siquiera una invitación al ajefismo. ¿Acaso ya no me interesa? Es materia de una introspección más profunda.
Mi Exaltación.
Una crónica no bastaría. Mi exaltación no comenzó hoy, ni hace ocho días. El proceso comenzó desde que reuní los requisitos, desde que recibí el 30º y fui burilando Col:. tras Col:., asistiendo y recibiendo obstáculo tras obstáculo para acceder al Cons:. La paciencia y prudencia que debí de ejercer desde un principio, fueron las limitaciones para ser acreedor a recibir este Gr:., sin duda. Sin embargo, creí firmemente en que un Cab:. Kad:. debía de ser puro en sus intenciones y con la misma energía que se pisan una tiara y una corona, se debería de defender la pureza de la comunidad masónica incluso a costa de la dilación de mi propia carrera. Porque yo no quise ser como los fantasmas de los Kkad:. que susurraban en la ceremonia de Ex:. al 30º, lastimeros y llenos de amargura por no haber tenido el valor de hacer lo que su conciencia les dictó en su momento.
Hay quien dice que este grado cierra el ciclo de los Ggr:. de Kkad:., en contraposición con aquellos que señalan que es de índole meramente administrativo. Recuerdo que Robert Greene dice que un rey se respeta a sí mismo e inspira ese sentimiento en otros al actuar de manera regia y confiada, porque con ello uno parece destinado a ceñir una corona. Esa lección la vinculo con la praxis del Cab:. Kad:. , congruente, digno y puro en el actuar y viene ahora a preparar la cabeza de un recién investido príncipe durante los años que durará este proceso de purificación y preparación.
Les comparto asimismo que esta ceremonia ha logrado conmocionar mi ánimo lo suficiente como para haber retornado un poco mis facultades psíquicas y mi incesante búsqueda en el plano astral de lo extraviado en estas cuatro dimensiones. Este mes que ha transcurrido ha sido sumamente intenso al respecto, abriéndose una vez más una puerta que creía cerrada, como una mina agotada y vedada por mis vicios e imperfecciones. No cabe duda que a cada paso que se da en este plano, corresponden otros tantos en otros planos superiores.
Respecto a la ceremonia, percibí una ceremonia sobria, con simbolismos sumamente cargados y difíciles de interpretar a primer vistazo. Una instrucción litúrgica muy encaminada hacia el mazdeísmo, sin contribución de alguna otra cosmovisión prácticamente, lo cual me hace dudar profundamente y permanecer hasta el momento en alerta, ya que considero hay demasiadas advocaciones y símbolos que tienen diversos orígenes como para tomarlos textualmente. Por ejemplo, solamente de una de las palabras sagradas tomo como ejemplo a “salix”, que es un anagrama, pero que por sí misma significa sílice, cuarzo, y también es sauce, álamo. El nombre es arquetipo de la cosa, decía Borges. De ello infiero que hay mucho por leer, interpretar y burilar. Acepto gustoso el reto que ello implicará durante los próximos años y al cual dedicaré los mejores esfuerzos de mi vida masónica.
Y ahora, ¿quién soy?
Creo que soy el mismo ser, con más responsabilidad que aquel que fui cuando recibí los Ggr:. Precedentes. Estos cuatro años que permanecí en el grado anterior me sirvieron para cambiar mi perspectiva de la masonería y ahora he determinado asumir este compromiso de acudir una vez al mes con mayor intensidad que el resto de mis compromisos masónicos, porque es el momento de trabajar en construirme como Sub:. Pr:. del R:. S:., y no de ostentar los demás sin comprender el que acabo de recibir.
Ccamp:. de Morelia, Michoacán de Ocampo, a 16 de mayo de 2010, E:.V:.
Fraternalmente,
domingo, 16 de mayo de 2010
sábado, 1 de mayo de 2010
Ejercer la Maestría
“Maestro solo Cristo”
Hay que reconocer lo que es un maestro para poder partir hacia un buen destino. No basta con señalar los errores ajenos, sino que hay que procurar iniciar con los propios, ya que yo mismo he tenido serios aciertos y tropiezos al pretender ejercer el magisterio. Si bien, he te tenido buenos maestros, no me puedo quejar, en esta vida he cambiado muchas veces de maestros, que he tenido en verdadera abundancia, en prácticamente todos los ámbitos que he explorado durante mi existencia.
Por ello, creo que puedo darme cuenta de cuando actúo como un maestro y cuándo no.
Un maestro definitivamente es aquel que nos guía con el ejemplo. Los antiejemplos no arrastran tan fuerte como el acompañamiento puntual, cotidiano, amoroso, con entrega y pasión hacia el nobilísimo arte de cultivar las cualidades más profundamente humanas en el educando. Buena fe hacia el alumno, fidelidad a la vocación, paciencia, perseverancia, voluntad y muchas otras virtudes acompañan al docente en el apostolado autoimpuesto.
Enseñar no es educar, tampoco instruir. Estas visiones del pasado concuerdan con la enseñanza robotizada que se ha pretendido inculcar mediante una gran gama de modelos pedagógicos, de los cuales se ha convertido en pasto fácil la institución masónica, por la abundancia de similitudes con las organizaciones militares y la marcialidad incluida. La defensa a ultranza de los antiguos usos y costumbres ha impedido en buena medida el uso de las nuevas tecnologías de la información y comunicación, de estrategias pedagógicas modernas y demás auxiliares que robustecen el proceso de enseñanza –aprendizaje.
Al respecto he de decir que lamento contradecir a más de alguno pero no es robotizando ni marcializando como habremos de mostrar el mundo masónico a los aprendices. Por estas razones hay muchas personas que prefieren el camino individual y dirigirse por sus propios medios en la vida, ya que han vislumbrado en carne propia la falta de resultados que brindan los sistemas tradicionalistas.
Un maestro definitivamente es aquel que se prepara. Es aquel que independientemente de cómo haya logrado obtener el grado de maestro, en cuanto se da cuenta de su responsabilidad SE PREPARA, SE ANTICIPA A LAS NECESIDADES DE LOS ALUMNOS y les comparte lo mejor de sí.
En lo particular guardo recuerdos del autodenominado “maestro de ajedrez” que hace algunos ayeres conocí , en donde un conserje necesitado de dinero logró convencer al director de que se le asignaran algunas horas a la semana como “maestro de ajedrez”. Tras algunos ridículos en competencias, sus alumnos aprendieron por sus propios medios a jugar al ajedrez lo suficiente para derrotarlo despiadadamente una tras otra ocasión en el ajedrez. Tal fue la pedantería con que se dirigió el profesor hacia ellos durante el tiempo que duró su precaria superioridad que lo primero que exclamó el adolescente irreverente al brindarle certero jaque mate fue la palabra “maestrucho”. Lo cual derivó en “maistrillo” y demás epítetos que le hicieron descender públicamente de la palestra a la cual se había encaramado. Tiempo después, los propios alumnos solicitaron su baja de la institución. El proceso completo que les narro demoró aproximadamente dos semanas. Podemos engañar a nuestros superiores, colegas, a nosotros mismos incluso, pero a nuestros alumnos, muy poco. Evitemos ser maestros mediocres y más en la masonería, tanto quienes ya lo somos como quienes estamos formándonos para algún día serlo.
También recuerdo a los profesores de educación física que en la escuela primaria pateaban un balón de futbol a media cancha, trasladándonos eufóricos tras el esférico y deviniendo ello en una clase de balompié. Es inevitable comparar tal abominable acción con lo que realizamos al soltarles la retahíla de trabajos por realizar a los neófitos, a lo sumo acompañada de algunos PDF’s, pero cuidadosamente evitamos comprometernos a ofrecerles nuestro tiempo y energía en el burilado y análisis de los temas que los conformarán como masones.
Por ende, un maestro silente, pasivo, ambicioso del salario –simbólico y material-, tacaño y absorto en problemas personales no es el más deseable. La pasividad no suele ser compañera de la innovación, del liderazgo y de la exploración, características innatas del buen docente.
Sin embargo las nuevas concepciones pedagógicas, muchas veces han vuelto más hipócritas, zalameros y ladinos a los malos profesores, quienes llenos de un lenguaje emotivo, vívido, cálido, seudofraternal, de falsa ternura, si no están acompañados del logro de resultados, simplemente sitúan a los educadores como prevaricadores de una profesión y apostolado que en otras naciones es el máximo honor al que puede aspirar un ser humano. En particular, abundan en las escuelas privadas, en donde se dirigen hacia nuestros hijos con un lenguaje primitivo, muecas que atisbando aparentan ser sonrisas que dejan salir estentóreas, alargadas y lentas vocalizaciones. Sin duda no tardarán en ofrecernos asesoría privada a cambio de algunos pesos o en ámbitos masónicos en abandonarnos a nuestra suerte prefiriendo a algún aprendiz más poderoso si consideran que –como me dijo un masón en mis primeros pasos - “aun no eres nadie”:
Este es el mes del Maestro. El Congreso del Estado aprobará este próximo jueves 6 de mayo que el 15 de mayo sea denominado el Día del Maestro Michoacano. ¿Podemos los maestros masones de esta R:. L:. S:. sumarnos a tal efecto y subirnos al barco de las congratulaciones? ¿Tendremos motivos para celebrar tal día? ¿Cuáles?
¿Y los aprendices de esta R:. L:. S:., cómo calificarían a sus mentores, a sus ejemplos de congruencia, sabiduría y bonhomía? ¿Superaríamos la evaluación? ¿Y cómo calificaríamos a los aprendices? ¿ y a los compañeros? ¿y a los demás maestros? ¿ y a las demás logias? Porque somos los mejores, me han dicho. Pero esto solamente se logra evaluando y comparando, para exacerbar nuestro egotismo. Entonces ¿evaluamos ó no evaluamos? Sugiero que si, con criterios universales, a manera de autoevaluación, de búsqueda de nichos de oportunidad en los cuales se pueda sembrar la calidad futura.
Reprobar, juzgar y sentenciar no sería justo, porque el buen maestro no busca llegar solo y de prisa; sino que busca llegar con todos y a tiempo. El buen maestro vive lo que predica y se acerca a los demás para ayudarlos. Comprende que educar es permitir que florezcan las mejores cualidades humanas de sus pupilos -etimológicamente “sacar de dentro”-, y que al final del día, al terminar el curso, ninguno falte.
Maestro no es aquel que rebaja la cuerda para que los alumnos fácilmente accedan a grados superiores, ni el que con prontitud y celeridad pide prebendas para el alumno influyente, susceptible de ser extorsionado en el mundo profano.
Maestro es el que explica, de viva voz, con sus propias palabras, los conceptos. Maestro no es el que musita palabras anacrónicas de vetustas y polvosas ediciones, sino el que logra comprender la esencia de las mismas y traerlas de manera sencilla, al aquí y ahora de quienes lo escuchan.
Si esto falla, falla el maestro.
Ser maestro sin tener alumnos, sin tener a quien compartirles, simplemente implica pretender ostentarse como maestro en el sentido etimológico de ser más que los demás, lo cual reduce irremisiblemente la concepción y la condena al olvido y al fracaso absoluto, con el respectivo dispendio de recursos que ello implica. Entonces solo podemos ostentarnos racionalmente como maestros si tenemos aprendices, si tenemos compañeros, si hay maestros jóvenes que nos asuman como tales y nosotros les instruyamos. Si el propio maestro joven víctima de soberbia niega al decano, o si el decano ignora al maestro joven, seremos partícipes de la desintegración de esta R:.L:. S:. concebida como un centro de aprendizaje.
Por ello, no formemos maestros que no estarán dispuestos a ejercer el magisterio, no les permitamos llegar ahí. Si están dispuestos a serlo, que lo señalen de su libre y espontánea voluntad y que se comprometan a presentar resultados de ello desde antes de serlo. Y por otra parte, a quienes ya somos maestros deberíamos de invitarnos a demostrarlo.
¿A cuántas personas hemos instruido en esta logia? A cuántos ávidos de conocimiento hemos brindado seguimiento para que ingresen? Esa cifra puede ser señal de cuánto hemos abrevado de la masonería y cuánto hemos devuelto. Si la masonería está en decadencia es fundamentalmente por los hombres que la integramos, particularmente por aquellos que ingresan a servirse de ella, de sus relaciones, a colocarse, a volverse parte de una clase acomodada, creyendo que lo merecen todo y que no deben de reportar nada a cambio.
Si no lo hemos hecho, reflexionemos y procuremos ostentar menos nuestra maestría y retornar al trabajo masónico con más ahínco que nunca. El silencio es un gran consejero, ayuda a organizar nuestras ideas y a contemplar la obra que hemos construido. Opinemos menos sin sustento, guardemos más silencio y proyectemos concretamente hasta que logremos hacer florecer lo que nos proponemos colectivamente. La falta de evaluación y de autocrítica limita a informar solamente a los externos y a priorizar otros intereses por encima de la fraternidad.
Por otra parte, ¿cuántas veces hemos fungido como antiejemplos en nuestra vida? ¿cuántas veces hemos decepcionado a quienes nos rodean con actitudes plenamente profanas? ¿cuántos de los que otros maestros han cuidado se han ido por falta de seguimiento de sus respectivos maestros, quienes deberían de estar al pendiente de su formación y cuidado, más no lo hacen por razones que solamente ellos conocen?
El maestro debe ser un diáfano reflejo del Orden que ha sido designado para este plano existencial, aunque ¿a cuántos les hemos extraviado su razón susurrándoles sofismas?
¿Cuántas veces hemos aprovechado nuestra maestría para obtener poder, o para engañar a otros maestros menos hábiles sumándolos a lo que nuestros torvos deseos señalan?
Por ello, los invito a que ejerzamos la maestría con ejemplo, no con ostentación fatua e inverosímil, que en la vida diaria la luz del sol desnuda los materiales translúcidos, manifestando la calidad de lo que hemos construido. Siempre el maestro será también aquel que sabe guardar la compostura en los peores escenarios.
Con nuestros hábitos y conductas ¿cuántas vidas hemos iluminado y cuantas ilusiones hemos segado? ¿Cuántos proyectos se han marchitado entre nuestras magistrales manos y cuántas hemos hecho florecer con nuestras amorosas palabras y continuo cuidado? Sopesemos con la balanza dentro de nuestra conciencia, para que en ese balance, tal vez comprendamos que es inútil buscar influir en vidas ajenas cuando somos manifiestamente incapaces de controlar nuestro propio cuerpo y ponernos a trabajar a costa de someter nuestras pulsiones traicioneras.
Por ello, asumamos unívocamente que los aprendices, los compañeros y los maestros masones no son de nadie, en todo caso ,son de la Logia, y nuestros esfuerzos en pro de la logia deben de ser en positivo, impidiendo por encima de cualquier interés individual, material o colectivo que se caigan nuestras columnas más valiosas, las de carne y hueso. Ya que el maestro es el primero que debe saltar al frente para trabajar de más y con ello poner el ejemplo, es el que debe señalar la manera de burilar, el que deja la tarea en las vacaciones y la revisa de retorno a clases, el que debe de encabezar la organización de los actos cívicos, privilegiando la participación y desenvoltura de los más nuevos, mostrando ante la comunidad de aprendizaje de manera constructivista cómo han ido desarrollándose los educandos bajo su tutela. Asimismo, siempre es el primero que debe preocuparse por los que se han quedado rezagados.
Si eso no es ser maestro, por favor díganmelo, porque he estado equivocado.
Or:. de Morelia, Michoacán, a 1° de mayo de 2010, E:.V:.
Fraternalmente,
M:.Mas:.
¡Es Cuanto!
Hay que reconocer lo que es un maestro para poder partir hacia un buen destino. No basta con señalar los errores ajenos, sino que hay que procurar iniciar con los propios, ya que yo mismo he tenido serios aciertos y tropiezos al pretender ejercer el magisterio. Si bien, he te tenido buenos maestros, no me puedo quejar, en esta vida he cambiado muchas veces de maestros, que he tenido en verdadera abundancia, en prácticamente todos los ámbitos que he explorado durante mi existencia.
Por ello, creo que puedo darme cuenta de cuando actúo como un maestro y cuándo no.
Un maestro definitivamente es aquel que nos guía con el ejemplo. Los antiejemplos no arrastran tan fuerte como el acompañamiento puntual, cotidiano, amoroso, con entrega y pasión hacia el nobilísimo arte de cultivar las cualidades más profundamente humanas en el educando. Buena fe hacia el alumno, fidelidad a la vocación, paciencia, perseverancia, voluntad y muchas otras virtudes acompañan al docente en el apostolado autoimpuesto.
Enseñar no es educar, tampoco instruir. Estas visiones del pasado concuerdan con la enseñanza robotizada que se ha pretendido inculcar mediante una gran gama de modelos pedagógicos, de los cuales se ha convertido en pasto fácil la institución masónica, por la abundancia de similitudes con las organizaciones militares y la marcialidad incluida. La defensa a ultranza de los antiguos usos y costumbres ha impedido en buena medida el uso de las nuevas tecnologías de la información y comunicación, de estrategias pedagógicas modernas y demás auxiliares que robustecen el proceso de enseñanza –aprendizaje.
Al respecto he de decir que lamento contradecir a más de alguno pero no es robotizando ni marcializando como habremos de mostrar el mundo masónico a los aprendices. Por estas razones hay muchas personas que prefieren el camino individual y dirigirse por sus propios medios en la vida, ya que han vislumbrado en carne propia la falta de resultados que brindan los sistemas tradicionalistas.
Un maestro definitivamente es aquel que se prepara. Es aquel que independientemente de cómo haya logrado obtener el grado de maestro, en cuanto se da cuenta de su responsabilidad SE PREPARA, SE ANTICIPA A LAS NECESIDADES DE LOS ALUMNOS y les comparte lo mejor de sí.
En lo particular guardo recuerdos del autodenominado “maestro de ajedrez” que hace algunos ayeres conocí , en donde un conserje necesitado de dinero logró convencer al director de que se le asignaran algunas horas a la semana como “maestro de ajedrez”. Tras algunos ridículos en competencias, sus alumnos aprendieron por sus propios medios a jugar al ajedrez lo suficiente para derrotarlo despiadadamente una tras otra ocasión en el ajedrez. Tal fue la pedantería con que se dirigió el profesor hacia ellos durante el tiempo que duró su precaria superioridad que lo primero que exclamó el adolescente irreverente al brindarle certero jaque mate fue la palabra “maestrucho”. Lo cual derivó en “maistrillo” y demás epítetos que le hicieron descender públicamente de la palestra a la cual se había encaramado. Tiempo después, los propios alumnos solicitaron su baja de la institución. El proceso completo que les narro demoró aproximadamente dos semanas. Podemos engañar a nuestros superiores, colegas, a nosotros mismos incluso, pero a nuestros alumnos, muy poco. Evitemos ser maestros mediocres y más en la masonería, tanto quienes ya lo somos como quienes estamos formándonos para algún día serlo.
También recuerdo a los profesores de educación física que en la escuela primaria pateaban un balón de futbol a media cancha, trasladándonos eufóricos tras el esférico y deviniendo ello en una clase de balompié. Es inevitable comparar tal abominable acción con lo que realizamos al soltarles la retahíla de trabajos por realizar a los neófitos, a lo sumo acompañada de algunos PDF’s, pero cuidadosamente evitamos comprometernos a ofrecerles nuestro tiempo y energía en el burilado y análisis de los temas que los conformarán como masones.
Por ende, un maestro silente, pasivo, ambicioso del salario –simbólico y material-, tacaño y absorto en problemas personales no es el más deseable. La pasividad no suele ser compañera de la innovación, del liderazgo y de la exploración, características innatas del buen docente.
Sin embargo las nuevas concepciones pedagógicas, muchas veces han vuelto más hipócritas, zalameros y ladinos a los malos profesores, quienes llenos de un lenguaje emotivo, vívido, cálido, seudofraternal, de falsa ternura, si no están acompañados del logro de resultados, simplemente sitúan a los educadores como prevaricadores de una profesión y apostolado que en otras naciones es el máximo honor al que puede aspirar un ser humano. En particular, abundan en las escuelas privadas, en donde se dirigen hacia nuestros hijos con un lenguaje primitivo, muecas que atisbando aparentan ser sonrisas que dejan salir estentóreas, alargadas y lentas vocalizaciones. Sin duda no tardarán en ofrecernos asesoría privada a cambio de algunos pesos o en ámbitos masónicos en abandonarnos a nuestra suerte prefiriendo a algún aprendiz más poderoso si consideran que –como me dijo un masón en mis primeros pasos - “aun no eres nadie”:
Este es el mes del Maestro. El Congreso del Estado aprobará este próximo jueves 6 de mayo que el 15 de mayo sea denominado el Día del Maestro Michoacano. ¿Podemos los maestros masones de esta R:. L:. S:. sumarnos a tal efecto y subirnos al barco de las congratulaciones? ¿Tendremos motivos para celebrar tal día? ¿Cuáles?
¿Y los aprendices de esta R:. L:. S:., cómo calificarían a sus mentores, a sus ejemplos de congruencia, sabiduría y bonhomía? ¿Superaríamos la evaluación? ¿Y cómo calificaríamos a los aprendices? ¿ y a los compañeros? ¿y a los demás maestros? ¿ y a las demás logias? Porque somos los mejores, me han dicho. Pero esto solamente se logra evaluando y comparando, para exacerbar nuestro egotismo. Entonces ¿evaluamos ó no evaluamos? Sugiero que si, con criterios universales, a manera de autoevaluación, de búsqueda de nichos de oportunidad en los cuales se pueda sembrar la calidad futura.
Reprobar, juzgar y sentenciar no sería justo, porque el buen maestro no busca llegar solo y de prisa; sino que busca llegar con todos y a tiempo. El buen maestro vive lo que predica y se acerca a los demás para ayudarlos. Comprende que educar es permitir que florezcan las mejores cualidades humanas de sus pupilos -etimológicamente “sacar de dentro”-, y que al final del día, al terminar el curso, ninguno falte.
Maestro no es aquel que rebaja la cuerda para que los alumnos fácilmente accedan a grados superiores, ni el que con prontitud y celeridad pide prebendas para el alumno influyente, susceptible de ser extorsionado en el mundo profano.
Maestro es el que explica, de viva voz, con sus propias palabras, los conceptos. Maestro no es el que musita palabras anacrónicas de vetustas y polvosas ediciones, sino el que logra comprender la esencia de las mismas y traerlas de manera sencilla, al aquí y ahora de quienes lo escuchan.
Si esto falla, falla el maestro.
Ser maestro sin tener alumnos, sin tener a quien compartirles, simplemente implica pretender ostentarse como maestro en el sentido etimológico de ser más que los demás, lo cual reduce irremisiblemente la concepción y la condena al olvido y al fracaso absoluto, con el respectivo dispendio de recursos que ello implica. Entonces solo podemos ostentarnos racionalmente como maestros si tenemos aprendices, si tenemos compañeros, si hay maestros jóvenes que nos asuman como tales y nosotros les instruyamos. Si el propio maestro joven víctima de soberbia niega al decano, o si el decano ignora al maestro joven, seremos partícipes de la desintegración de esta R:.L:. S:. concebida como un centro de aprendizaje.
Por ello, no formemos maestros que no estarán dispuestos a ejercer el magisterio, no les permitamos llegar ahí. Si están dispuestos a serlo, que lo señalen de su libre y espontánea voluntad y que se comprometan a presentar resultados de ello desde antes de serlo. Y por otra parte, a quienes ya somos maestros deberíamos de invitarnos a demostrarlo.
¿A cuántas personas hemos instruido en esta logia? A cuántos ávidos de conocimiento hemos brindado seguimiento para que ingresen? Esa cifra puede ser señal de cuánto hemos abrevado de la masonería y cuánto hemos devuelto. Si la masonería está en decadencia es fundamentalmente por los hombres que la integramos, particularmente por aquellos que ingresan a servirse de ella, de sus relaciones, a colocarse, a volverse parte de una clase acomodada, creyendo que lo merecen todo y que no deben de reportar nada a cambio.
Si no lo hemos hecho, reflexionemos y procuremos ostentar menos nuestra maestría y retornar al trabajo masónico con más ahínco que nunca. El silencio es un gran consejero, ayuda a organizar nuestras ideas y a contemplar la obra que hemos construido. Opinemos menos sin sustento, guardemos más silencio y proyectemos concretamente hasta que logremos hacer florecer lo que nos proponemos colectivamente. La falta de evaluación y de autocrítica limita a informar solamente a los externos y a priorizar otros intereses por encima de la fraternidad.
Por otra parte, ¿cuántas veces hemos fungido como antiejemplos en nuestra vida? ¿cuántas veces hemos decepcionado a quienes nos rodean con actitudes plenamente profanas? ¿cuántos de los que otros maestros han cuidado se han ido por falta de seguimiento de sus respectivos maestros, quienes deberían de estar al pendiente de su formación y cuidado, más no lo hacen por razones que solamente ellos conocen?
El maestro debe ser un diáfano reflejo del Orden que ha sido designado para este plano existencial, aunque ¿a cuántos les hemos extraviado su razón susurrándoles sofismas?
¿Cuántas veces hemos aprovechado nuestra maestría para obtener poder, o para engañar a otros maestros menos hábiles sumándolos a lo que nuestros torvos deseos señalan?
Por ello, los invito a que ejerzamos la maestría con ejemplo, no con ostentación fatua e inverosímil, que en la vida diaria la luz del sol desnuda los materiales translúcidos, manifestando la calidad de lo que hemos construido. Siempre el maestro será también aquel que sabe guardar la compostura en los peores escenarios.
Con nuestros hábitos y conductas ¿cuántas vidas hemos iluminado y cuantas ilusiones hemos segado? ¿Cuántos proyectos se han marchitado entre nuestras magistrales manos y cuántas hemos hecho florecer con nuestras amorosas palabras y continuo cuidado? Sopesemos con la balanza dentro de nuestra conciencia, para que en ese balance, tal vez comprendamos que es inútil buscar influir en vidas ajenas cuando somos manifiestamente incapaces de controlar nuestro propio cuerpo y ponernos a trabajar a costa de someter nuestras pulsiones traicioneras.
Por ello, asumamos unívocamente que los aprendices, los compañeros y los maestros masones no son de nadie, en todo caso ,son de la Logia, y nuestros esfuerzos en pro de la logia deben de ser en positivo, impidiendo por encima de cualquier interés individual, material o colectivo que se caigan nuestras columnas más valiosas, las de carne y hueso. Ya que el maestro es el primero que debe saltar al frente para trabajar de más y con ello poner el ejemplo, es el que debe señalar la manera de burilar, el que deja la tarea en las vacaciones y la revisa de retorno a clases, el que debe de encabezar la organización de los actos cívicos, privilegiando la participación y desenvoltura de los más nuevos, mostrando ante la comunidad de aprendizaje de manera constructivista cómo han ido desarrollándose los educandos bajo su tutela. Asimismo, siempre es el primero que debe preocuparse por los que se han quedado rezagados.
Si eso no es ser maestro, por favor díganmelo, porque he estado equivocado.
Or:. de Morelia, Michoacán, a 1° de mayo de 2010, E:.V:.
Fraternalmente,
M:.Mas:.
¡Es Cuanto!
viernes, 30 de abril de 2010
La Fraternidad Masónica
A:.L:.G:.D:.G:.A:.D:.U:.
R:.L:.S:.
del R:.E:.A:. y A:.
V:.M:.
QQ:.HH:. Pastmasters,
QQ:.HH:. Ttod:.
“Dijo Jesús, con compasiva comprensión y afecto fraterno, recibid en la comunión de la hermandad
a todos vuestros hermanos que se dedican a la proclamación de la buena nueva,
sean ellos judíos o gentiles, griegos o romanos, persas o etíopes”
El Libro de Urantia.
La masonería, si bien desde su existencia ha constituido un paradigma universal de la construcción individual, también señala la necesidad imperiosa de establecer relaciones con semejantes que buscan la propia superación en la misma medida que la grupal y como especie. El trabajo individual allana el camino, pero la sinergia colectiva rompe cualquier barrera que se le atraviese.
Lo anterior sin la intervención de la fe es letra muerta. La fe implica poner en práctica todo el andamiaje moral que hemos ido construyendo durante nuestras vidas y que se realiza con nuestro trabajo cotidiano, al grado de ser sabedores de nuestras propias capacidades y limitaciones, conocedores de nuestro contexto y de la manifestación omnisciente del poder divino que todo lo encuadra en su justo medio.
La fraternidad es sentir, vivir, cuestionar y convivir con los demás en un ambiente de confianza plena, de respeto absoluto, de diálogo constructivo en el cual el mensaje es cada paso que damos en la vida y que debería regocijarnos, cuando alguien que actúa como si tuviera tu misma sangre y la misma esencia logra avanzar en su propio camino. A su vez, el propio camino debería entrelazarse de tal manera que permita construir colectivamente.
¿Qué implica la fraternidad? Entre las cuestiones que logro identificar son las siguientes:
• Ser consciente de que a los hermanos se les reconoce, no se les elige.
• Debe generar un vínculo indestructible entre los fraternos.
• Se sabe bien que se poseen los mismos genes, la misma herencia y origen.
• Es del pleno conocimiento que debe ser incondicional y recíproca.
• Es una manifestación de amor constante y profundo, filial.
• La única certidumbre que existe es la de que siempre vamos a dar, a compartir, a ofrecer generosamente, a brindar de nuestro tiempo, atención, dinero , redes sociales y contactos, favores, energía, trabajo e incluso, si es preciso, hasta derramar nuestra propia sangre
¿En qué se diferencia el sentimiento de fraternidad de la fraternidad masónica? En que es unaa fraternidad más dirigida, plenamente encausada, ideal, organizada a la manera de un manifiesto de destinos decididamente imbricados en torno a la consecución de los más altos ideales del desarrollo integral del género humano, alegóricamente denominados en nuestra augusta institución como la Gran Obra.
En esta manera de hermanamiento existen juramentos expresados, cual savia humana que se encadena gota a gota, sin importar que las hojas se marchiten o se desprendan hasta elevarse como polvo en la nada, debiendo permanecer incólume ante el paso del tiempo, la lejanía física, la desgracia, la enfermedad o el fallecimiento.
Esto es ir tejiendo actos de vida en una red de expansión social que nos posibilita ser la hermandad por antonomasia en la historia de la humanidad.
A pesar de lo anterior, como en todo proceso vital, la fraternidad languidece hasta dejar de existir cuando no se le retroalimenta, cuando nuestra pureza emocional está en tela de juicio- sí, la fraternidad es una virtud tan alta que forma parte del lema universal de la hermandad masónica y como tal, requiere poseer previamente una elevada calidad moral para poder practicarla-, cuando menospreciamos, imponemos, soslayamos, manipulamos y olvidamos nos volvemos egoístas.
Definitivamente, cuando no reconocemos la misma esencia en los demás, cuando no nos vemos reflejados en los otros, cuando nuestras penas no son las de nuestros hermanos, sino que las imaginamos ajenas, cuando los abusos cometidos hacia un Q:.H:. no se sienten en carne propia, cuando actuamos a conveniencia personal, de nuestros intereses y de nuestra desidia es que se destruye la fraternidad.
Es entonces cuando logramos distanciarnos y alejar a quienes efectivamente en algún momento de nuestras vidas se erigieron como compañeros de nuestra lucha cotidiana y sintieron nuestro dolor y festejaron nuestros propios logros como si fueran los propios. Es entonces cuando llega el tristísimo instante en el cual los eslabones se abren para separarse, el compás y la escuadra se herrumbran y las columnas se desploman.
Sin embargo, la desazón no nos invade, porque vivir plenamente la fraternidad implica que los miembros seamos capaces de tener esperanza tanto en las propias fortalezas y nichos de oportunidad propias como en las de los demás, para lograr realizar nuestros más nobles propósitos, a la vez que tener la sensibilidad y entereza necesarias para alejarnos de lo que nos limita y hace daño. La capacidad de esperar, de ser paciente sin padecer, de tener la certidumbre de que nuestro sendero se allanará actuando de acuerdo con nuestra buena conciencia.
Aun así, cuando lo que vivimos en nuestro templo nos aleja de seguir deseando fervientemente ser constructores de nuestro destino individual y colectivo, algo está pasando, algo ocurre con las relaciones que entablamos con tan altas miras, cuando vemos que nuestros hermanos se alejan de nosotros, cuando nuestros QQ:.HH:. recién iniciados se alejan de nuestros templos por no haber visto reflejados los ideales masónicos que los han atraído a tocar nuestras puertas. Hay que identificar las circunstancias que propician tales problemas y brindarles solución inmediata con todos los mecanismos que sean necesarios y conducentes. Y si no existen, hay que generarlos e implementarlos, para evitar que los procesos de selección, entrevistas, iniciación, instrucción, burilado de trabajos, administración y gestión de la logia, exaltación, elecciones, exhortos, extrañamientos y bajas, entre muchos otros, sean aplicados u olvidados de manera discrecional y muy a la conveniencia de unos muy pocos -porque pocos ya somos-.
Cuando nuestros QQ:.HH:. Aapr:. priorizan otros gastos, otros compromisos, otras actividades intelectuales, físicas, deportivas, sexuales, familiares, es que algo está ocurriendo, es que el egregor fraterno que tanto trabajo nos ha dado generar está desfalleciendo de anemia, olvido y tristeza. Entonces seremos ni más ni menos tal y como aquellos a quienes Jesús llamó “sepulcros blanqueados”.
La masonería si no es concebida como una alta escuela de fraternidad en la que aprendemos a generar alto impacto mediante nuestras acciones en nuestros consanguíneos, no es sino un ocioso gimnasio en el cual Narciso se marchita perennemente ante la imagen poco robusta que siempre mostraremos.
Sí, a cambio demos a nuestros hermanos nuestros buenos oficios, servicios en abundancia hasta que nos duela, pero recordemos siempre que alguien egoísta, en palabras del Dr. Wayne Dyer es aquel “que se convierte en una carga para los demás” y los egoístas no tienen cabida en una institución como la Francmasonería. Aquellos que piden y piden sin brindar a cambio reflejan un ego que padece bulimia material y anorexia espiritual.
Fraternicemos de la mejor manera, tal y como nos gustaría que nos manifestaran la fraternidad nuestros hermanos. Un reflejo inmediato de nuestro sistema fraterno es la beneficencia que ejercemos colectivamente. En la medida en que seamos capaces de preocuparnos por ser generosos y realizar obras que efectivamente modifiquen la vida de los menos favorecidos, podremos hablar de que la construcción colectiva de fraternidad que hemos realizado es sana, vigorosa y socialmente útil.
Reflexionemos:
¿Qué hacemos para incrementar nuestros sentimientos de fraternidad, cómo nos preparamos para anticipar, entender e integrar a nuestros queridos hermanos?
¿Cómo demostramos nuestra fraternidad?
¿En verdad nos interesa sentir y vivir nuestra fraternidad ó sólo nos interesa ser libres de hacer lo que queramos, igualarnos a quienes han obtenido con trabajo arduo sus logros y méritos y que nos reconozcan como hermanos sin ofrecer algo a cambio? Si la respuesta es lo segundo, habremos logrado una bizarra y contrahecha caricatura del egregio lema que enuncia “Libertad, Igualdad, Fraternidad” y que reconoce a los masones por toda la faz de la Tierra y en el Et:. Or:.
No olvidemos jamás que al igual que la inmortalidad del alma, la fraternidad trasciende las fronteras de nuestras existencias. Por ello, no perdamos la clase masónica, cediendo a nuestras pulsiones actuando convenencieramente con nuestros propios hermanos, porque tarde o temprano, lo que es común deviene en corriente y podremos extremar tal actitud hasta el grado de denominarle uso y costumbre.
Con mi más profundo anhelo de que nunca se acabe nuestra hermandad en esta Log:., de que trabajemos con fuerza y vigor desde nuestros respectivos ámbitos de acción, que nunca permitamos que la situación nos desanime y en tanto demostremos una auténtica fraternidad a toda prueba, reciban por este medio un abrazo fraternal.
Or:. de Morelia, Michoacán, a 1° de mayo de 2010, E:.V:.
Fraternalmente,
MDP,
¡Es Cuanto!
R:.L:.S:.
del R:.E:.A:. y A:.
V:.M:.
QQ:.HH:. Pastmasters,
QQ:.HH:. Ttod:.
“Dijo Jesús, con compasiva comprensión y afecto fraterno, recibid en la comunión de la hermandad
a todos vuestros hermanos que se dedican a la proclamación de la buena nueva,
sean ellos judíos o gentiles, griegos o romanos, persas o etíopes”
El Libro de Urantia.
La masonería, si bien desde su existencia ha constituido un paradigma universal de la construcción individual, también señala la necesidad imperiosa de establecer relaciones con semejantes que buscan la propia superación en la misma medida que la grupal y como especie. El trabajo individual allana el camino, pero la sinergia colectiva rompe cualquier barrera que se le atraviese.
Lo anterior sin la intervención de la fe es letra muerta. La fe implica poner en práctica todo el andamiaje moral que hemos ido construyendo durante nuestras vidas y que se realiza con nuestro trabajo cotidiano, al grado de ser sabedores de nuestras propias capacidades y limitaciones, conocedores de nuestro contexto y de la manifestación omnisciente del poder divino que todo lo encuadra en su justo medio.
La fraternidad es sentir, vivir, cuestionar y convivir con los demás en un ambiente de confianza plena, de respeto absoluto, de diálogo constructivo en el cual el mensaje es cada paso que damos en la vida y que debería regocijarnos, cuando alguien que actúa como si tuviera tu misma sangre y la misma esencia logra avanzar en su propio camino. A su vez, el propio camino debería entrelazarse de tal manera que permita construir colectivamente.
¿Qué implica la fraternidad? Entre las cuestiones que logro identificar son las siguientes:
• Ser consciente de que a los hermanos se les reconoce, no se les elige.
• Debe generar un vínculo indestructible entre los fraternos.
• Se sabe bien que se poseen los mismos genes, la misma herencia y origen.
• Es del pleno conocimiento que debe ser incondicional y recíproca.
• Es una manifestación de amor constante y profundo, filial.
• La única certidumbre que existe es la de que siempre vamos a dar, a compartir, a ofrecer generosamente, a brindar de nuestro tiempo, atención, dinero , redes sociales y contactos, favores, energía, trabajo e incluso, si es preciso, hasta derramar nuestra propia sangre
¿En qué se diferencia el sentimiento de fraternidad de la fraternidad masónica? En que es unaa fraternidad más dirigida, plenamente encausada, ideal, organizada a la manera de un manifiesto de destinos decididamente imbricados en torno a la consecución de los más altos ideales del desarrollo integral del género humano, alegóricamente denominados en nuestra augusta institución como la Gran Obra.
En esta manera de hermanamiento existen juramentos expresados, cual savia humana que se encadena gota a gota, sin importar que las hojas se marchiten o se desprendan hasta elevarse como polvo en la nada, debiendo permanecer incólume ante el paso del tiempo, la lejanía física, la desgracia, la enfermedad o el fallecimiento.
Esto es ir tejiendo actos de vida en una red de expansión social que nos posibilita ser la hermandad por antonomasia en la historia de la humanidad.
A pesar de lo anterior, como en todo proceso vital, la fraternidad languidece hasta dejar de existir cuando no se le retroalimenta, cuando nuestra pureza emocional está en tela de juicio- sí, la fraternidad es una virtud tan alta que forma parte del lema universal de la hermandad masónica y como tal, requiere poseer previamente una elevada calidad moral para poder practicarla-, cuando menospreciamos, imponemos, soslayamos, manipulamos y olvidamos nos volvemos egoístas.
Definitivamente, cuando no reconocemos la misma esencia en los demás, cuando no nos vemos reflejados en los otros, cuando nuestras penas no son las de nuestros hermanos, sino que las imaginamos ajenas, cuando los abusos cometidos hacia un Q:.H:. no se sienten en carne propia, cuando actuamos a conveniencia personal, de nuestros intereses y de nuestra desidia es que se destruye la fraternidad.
Es entonces cuando logramos distanciarnos y alejar a quienes efectivamente en algún momento de nuestras vidas se erigieron como compañeros de nuestra lucha cotidiana y sintieron nuestro dolor y festejaron nuestros propios logros como si fueran los propios. Es entonces cuando llega el tristísimo instante en el cual los eslabones se abren para separarse, el compás y la escuadra se herrumbran y las columnas se desploman.
Sin embargo, la desazón no nos invade, porque vivir plenamente la fraternidad implica que los miembros seamos capaces de tener esperanza tanto en las propias fortalezas y nichos de oportunidad propias como en las de los demás, para lograr realizar nuestros más nobles propósitos, a la vez que tener la sensibilidad y entereza necesarias para alejarnos de lo que nos limita y hace daño. La capacidad de esperar, de ser paciente sin padecer, de tener la certidumbre de que nuestro sendero se allanará actuando de acuerdo con nuestra buena conciencia.
Aun así, cuando lo que vivimos en nuestro templo nos aleja de seguir deseando fervientemente ser constructores de nuestro destino individual y colectivo, algo está pasando, algo ocurre con las relaciones que entablamos con tan altas miras, cuando vemos que nuestros hermanos se alejan de nosotros, cuando nuestros QQ:.HH:. recién iniciados se alejan de nuestros templos por no haber visto reflejados los ideales masónicos que los han atraído a tocar nuestras puertas. Hay que identificar las circunstancias que propician tales problemas y brindarles solución inmediata con todos los mecanismos que sean necesarios y conducentes. Y si no existen, hay que generarlos e implementarlos, para evitar que los procesos de selección, entrevistas, iniciación, instrucción, burilado de trabajos, administración y gestión de la logia, exaltación, elecciones, exhortos, extrañamientos y bajas, entre muchos otros, sean aplicados u olvidados de manera discrecional y muy a la conveniencia de unos muy pocos -porque pocos ya somos-.
Cuando nuestros QQ:.HH:. Aapr:. priorizan otros gastos, otros compromisos, otras actividades intelectuales, físicas, deportivas, sexuales, familiares, es que algo está ocurriendo, es que el egregor fraterno que tanto trabajo nos ha dado generar está desfalleciendo de anemia, olvido y tristeza. Entonces seremos ni más ni menos tal y como aquellos a quienes Jesús llamó “sepulcros blanqueados”.
La masonería si no es concebida como una alta escuela de fraternidad en la que aprendemos a generar alto impacto mediante nuestras acciones en nuestros consanguíneos, no es sino un ocioso gimnasio en el cual Narciso se marchita perennemente ante la imagen poco robusta que siempre mostraremos.
Sí, a cambio demos a nuestros hermanos nuestros buenos oficios, servicios en abundancia hasta que nos duela, pero recordemos siempre que alguien egoísta, en palabras del Dr. Wayne Dyer es aquel “que se convierte en una carga para los demás” y los egoístas no tienen cabida en una institución como la Francmasonería. Aquellos que piden y piden sin brindar a cambio reflejan un ego que padece bulimia material y anorexia espiritual.
Fraternicemos de la mejor manera, tal y como nos gustaría que nos manifestaran la fraternidad nuestros hermanos. Un reflejo inmediato de nuestro sistema fraterno es la beneficencia que ejercemos colectivamente. En la medida en que seamos capaces de preocuparnos por ser generosos y realizar obras que efectivamente modifiquen la vida de los menos favorecidos, podremos hablar de que la construcción colectiva de fraternidad que hemos realizado es sana, vigorosa y socialmente útil.
Reflexionemos:
¿Qué hacemos para incrementar nuestros sentimientos de fraternidad, cómo nos preparamos para anticipar, entender e integrar a nuestros queridos hermanos?
¿Cómo demostramos nuestra fraternidad?
¿En verdad nos interesa sentir y vivir nuestra fraternidad ó sólo nos interesa ser libres de hacer lo que queramos, igualarnos a quienes han obtenido con trabajo arduo sus logros y méritos y que nos reconozcan como hermanos sin ofrecer algo a cambio? Si la respuesta es lo segundo, habremos logrado una bizarra y contrahecha caricatura del egregio lema que enuncia “Libertad, Igualdad, Fraternidad” y que reconoce a los masones por toda la faz de la Tierra y en el Et:. Or:.
No olvidemos jamás que al igual que la inmortalidad del alma, la fraternidad trasciende las fronteras de nuestras existencias. Por ello, no perdamos la clase masónica, cediendo a nuestras pulsiones actuando convenencieramente con nuestros propios hermanos, porque tarde o temprano, lo que es común deviene en corriente y podremos extremar tal actitud hasta el grado de denominarle uso y costumbre.
Con mi más profundo anhelo de que nunca se acabe nuestra hermandad en esta Log:., de que trabajemos con fuerza y vigor desde nuestros respectivos ámbitos de acción, que nunca permitamos que la situación nos desanime y en tanto demostremos una auténtica fraternidad a toda prueba, reciban por este medio un abrazo fraternal.
Or:. de Morelia, Michoacán, a 1° de mayo de 2010, E:.V:.
Fraternalmente,
MDP,
¡Es Cuanto!
sábado, 17 de abril de 2010
En qué he transformado mi vida mediante la Mas:.
· No lo recuerdo, fue tan rápido que no me di cuenta en qué punto dejé de disociarlo.
· Sin embargo,me volví dependiente a unas metas que no alcancé jamás. Me vi en la necesidad de pagar el precio reiterado de ejercer mi libertad de conciencia.
· A ser mi propio ejemplo irrepetible y a cambiar mi mundo, mi realidad interior sin tocar el resto.
· Tal vez sea el momento de revirar, de conformar un nuevo ciclo.
· Las cosas no volverán a ser iguales ni los exhortos ni exigencias de un servidor continuarán en la misma línea.
· Mi vida la he transformado desde que solté mi membresía y decidí invertir más energía en vigilar mi accionar.
· Aprendí a cuidar más el fondo y menos la forma, vigilar mis intenciones más que los resultados que son oropel.
· A la vez, a dejar de actuar como general y trabajar
· Dejar de sentirse gavilanes polleros al ostentar nuestro status.
· de estar reafirmando carencias atávicas que se arrastran desde hace años.
· De ser un instrumento de comparación competitiva individualista que poco aporta
· Dejar de presumir que hacemos o qué fuimos. Al menos durante un instante de nuestra vida, todos somos chingones, por lo tanto, venir a compararnos o a presumir logros simplemente me resulta ocioso. Mejor veamos cómo podemos apoyar nuestros proyectos de manera altruista y leal, sin dejar de aportar a lo colectivo.
· Hemos promovido el individualismo, colgarnos medallas que a lo mejor no nos corresponden y se nos ha olvidado la esencia, el venir a compartir un poco de nosotros.
· Me preocupan las columnas
· Me preocupa mi propia inacción.
· Deseo que hoy salgamos con objetivos concretos, de cómo manifestar a nosotros mismos nuestra filiación y fe masónicas.
· Un trazado no hace verano, ni tres asistencias.
· Desanimarnos tampoco es la mejor manera de contribuir.
·
· En qué la transformaré: Hoy a comprometerme con más pasión, coraje, voluntad y deseo que nunca antes por conseguir lo que me propongo por el bien de la humanidad.
Fraternalmente
Or:. De Morelia Michoacán, a 17 de abril de 2010, E:.V:.
MDP.
· Sin embargo,me volví dependiente a unas metas que no alcancé jamás. Me vi en la necesidad de pagar el precio reiterado de ejercer mi libertad de conciencia.
· A ser mi propio ejemplo irrepetible y a cambiar mi mundo, mi realidad interior sin tocar el resto.
· Tal vez sea el momento de revirar, de conformar un nuevo ciclo.
· Las cosas no volverán a ser iguales ni los exhortos ni exigencias de un servidor continuarán en la misma línea.
· Mi vida la he transformado desde que solté mi membresía y decidí invertir más energía en vigilar mi accionar.
· Aprendí a cuidar más el fondo y menos la forma, vigilar mis intenciones más que los resultados que son oropel.
· A la vez, a dejar de actuar como general y trabajar
· Dejar de sentirse gavilanes polleros al ostentar nuestro status.
· de estar reafirmando carencias atávicas que se arrastran desde hace años.
· De ser un instrumento de comparación competitiva individualista que poco aporta
· Dejar de presumir que hacemos o qué fuimos. Al menos durante un instante de nuestra vida, todos somos chingones, por lo tanto, venir a compararnos o a presumir logros simplemente me resulta ocioso. Mejor veamos cómo podemos apoyar nuestros proyectos de manera altruista y leal, sin dejar de aportar a lo colectivo.
· Hemos promovido el individualismo, colgarnos medallas que a lo mejor no nos corresponden y se nos ha olvidado la esencia, el venir a compartir un poco de nosotros.
· Me preocupan las columnas
· Me preocupa mi propia inacción.
· Deseo que hoy salgamos con objetivos concretos, de cómo manifestar a nosotros mismos nuestra filiación y fe masónicas.
· Un trazado no hace verano, ni tres asistencias.
· Desanimarnos tampoco es la mejor manera de contribuir.
·
· En qué la transformaré: Hoy a comprometerme con más pasión, coraje, voluntad y deseo que nunca antes por conseguir lo que me propongo por el bien de la humanidad.
Fraternalmente
Or:. De Morelia Michoacán, a 17 de abril de 2010, E:.V:.
MDP.
martes, 9 de marzo de 2010
Reflexiones sobre la Transición del Quién Soy hacia el Encuentro con nuestra Vocación Masónica
Reflexiones sobre la Transición del Quién Soy hacia el Encuentro con nuestra Vocación Masónica
En el periodo de nuestras vidas en el que nos hacemos iniciar como masones, frecuentemente nos asedian una serie de dudas, relacionadas con este nuevo ámbito de nuestras vidas, una responsabilidad por guiarnos por el sendero de la evolución individual, lo cual nos hace preguntarnos constantemente quiénes somos. Muchas veces en dilucidar la respuesta extraviamos el camino o desperdiciamos más energía de la que deberíamos, distrayendo nuestra atención de nuestros asuntos, presos de angustia, incertidumbre o de vacío existencial. En realidad, más allá de poder definir con determinadas palabras, modelos ontológicos o ecuaciones quienes somos, deberíamos de encontrar nuestro propio ritmo, el leitmotiv de nuestra existencia y lograr determinar si en verdad la masonería conforma parte de nuestra vida, si existe algo dentro de nosotros que nos impela a desbastar nuestra piedra bruta, es decir, a buscar la verdad, el bien, la justicia, conocernos a nosotros mismos, participar en mejorar nuestro entorno con toda nuestra fuerza y vigor – como se dice masónicamente, trabajar en la Gran Obra-, ser más felices, mejores seres humanos, más sabios, más cuidadosos, más alertas, más despiertos en suma.
Hace algunos ayeres realizamos un trabajo masónico denominado “Quién Soy”, de donde considero, los resultados del mismo, planteados en papel fueron un tanto magros, a comparación del esfuerzo que implicó desbastarlo, reflexionar con nosotros mismos y explorar nuestro interior, para poder decir quiénes somos. Recuerdo que me preguntaba cuestiones tales como las siguientes:
¿Soy lo que hago?
¿Soy lo que poseo?
¿Soy lo que domino?
¿Soy lo que dicen los demás que soy?
¿Soy lo que esperaba ser y lo que los demás esperaban de mi?
¿Soy lo que me gusta hacer?
¿Soy mis grados, títulos, diplomas y condecoraciones?
¿Soy lo que retengo en mi memoria? ¿Soy lo que pienso?
¿Soy con y como con quienes me relaciono?
¿Soy la suma de mis roles en sociedad?
¿Soy lo que amo? ¿Soy lo que deseo? ¿Soy de lo que carezco?
Recuerdo que cuando retiré todo lo anterior, mi identidad quedó conformada por la suma de experiencias y reflexiones en mi vida, a la vez que por la misión que aunque no la conozca la puedo sentir, tal y como siento la vida y la sangre que corre por mis venas. Soy lo que vivo, y lo que deseo ser, bajo unas condiciones únicas e irrepetibles y siento la vocación a dejar huella en mi entorno, mediante la obra que mi vida representa.
Si este llamado que se siente a realizar una obra grande, a poner una estrella más en el firmamento, con la puesta en marcha de los buenos oficios de que soy capaz, es una vocación, entonces la vocación masónica existe en mí.
Os recuerdo que la palabra vocación viene del término latín “vocare”, que significa llamado. Que es como una voz interior que nos impulsa a seguir hacia adelante en nuestras vidas. Al saber que definir quiénes somos está definido por esa pulsión en el pecho que nos arroja al vacío llenos de esperanza y magnetismo inaudito por encima de todo riesgo, para volcarnos de lleno a ejercer ese llamado de nuestro interior, que nos impulsa a develar el secreto que nos hace sentirnos y ser masones.
Independientemente de la filiación masónica, la vocación de construirse a sí mismo es algo que existe en el ser humano, la evolución es ineludible como especie. Como individuo es extraviable.
Es el llamado interior a superarse, a construir una vida diferente de la que se ha llevado. Es por extensión, darle sentido a los hechos del pasado y resignificarlos ordenadamente, de tal manera que nos sean útiles en nuestro camino.
El llamado de la masonería debe ser sumamente fuerte en aquellos quienes deciden abandonar su vida cotidiana, entre sueños y penumbras, porque es preciso sentir profundamente el clamor interior con tal intensidad que nos permita naturalmente alejarnos de los vicios. Es entonces esa, la finalidad de la iniciación masónica.
Es la vocación masónica también, nuestra capacidad de alejarnos de nuestros hábitos y costumbres cotidianos de hacer el mal; que necesariamente, por simple repetición implican al hombre poco virtuoso el adquirir presteza, habilidad, soltura y facilidad para actuar equivocadamente, contentando sus instintos, que cobran penosa factura causando ansiedad, desesperación y frustración si no se satisfacen en el instante y la manera requerida. Más aun: cuando en algún momento de lucidez se adquiere la certeza del tiempo transcurrido y que jamás regresará, se asesta el golpe final a la soberbia del vicioso, que ha corrido persiguiendo fantasmas que jamás existieron.
Para tales efectos, es preciso poner un cuidado particular en nuestra formación masónica, aprendiendo a manejar las virtudes, conocerlas y evitar confundirnos. Estar muy alertas en cuestiones del ejercicio de la prudencia, que no es sino la virtud de poner en movimiento las demás virtudes, ser estratega al momento de manifestarlas en acción, sin descuidar ni minimizar los riesgos que implican. Asimismo, es desenmascarar a nuestras pasiones que se esconden muchas veces detrás de nuestro rostro más humano y filantrópico.
Or:. de Mor, a 6 de marzo de 2010, E:.V:.
Fraternalmente,
MDP
¡Es Cuanto!
En el periodo de nuestras vidas en el que nos hacemos iniciar como masones, frecuentemente nos asedian una serie de dudas, relacionadas con este nuevo ámbito de nuestras vidas, una responsabilidad por guiarnos por el sendero de la evolución individual, lo cual nos hace preguntarnos constantemente quiénes somos. Muchas veces en dilucidar la respuesta extraviamos el camino o desperdiciamos más energía de la que deberíamos, distrayendo nuestra atención de nuestros asuntos, presos de angustia, incertidumbre o de vacío existencial. En realidad, más allá de poder definir con determinadas palabras, modelos ontológicos o ecuaciones quienes somos, deberíamos de encontrar nuestro propio ritmo, el leitmotiv de nuestra existencia y lograr determinar si en verdad la masonería conforma parte de nuestra vida, si existe algo dentro de nosotros que nos impela a desbastar nuestra piedra bruta, es decir, a buscar la verdad, el bien, la justicia, conocernos a nosotros mismos, participar en mejorar nuestro entorno con toda nuestra fuerza y vigor – como se dice masónicamente, trabajar en la Gran Obra-, ser más felices, mejores seres humanos, más sabios, más cuidadosos, más alertas, más despiertos en suma.
Hace algunos ayeres realizamos un trabajo masónico denominado “Quién Soy”, de donde considero, los resultados del mismo, planteados en papel fueron un tanto magros, a comparación del esfuerzo que implicó desbastarlo, reflexionar con nosotros mismos y explorar nuestro interior, para poder decir quiénes somos. Recuerdo que me preguntaba cuestiones tales como las siguientes:
¿Soy lo que hago?
¿Soy lo que poseo?
¿Soy lo que domino?
¿Soy lo que dicen los demás que soy?
¿Soy lo que esperaba ser y lo que los demás esperaban de mi?
¿Soy lo que me gusta hacer?
¿Soy mis grados, títulos, diplomas y condecoraciones?
¿Soy lo que retengo en mi memoria? ¿Soy lo que pienso?
¿Soy con y como con quienes me relaciono?
¿Soy la suma de mis roles en sociedad?
¿Soy lo que amo? ¿Soy lo que deseo? ¿Soy de lo que carezco?
Recuerdo que cuando retiré todo lo anterior, mi identidad quedó conformada por la suma de experiencias y reflexiones en mi vida, a la vez que por la misión que aunque no la conozca la puedo sentir, tal y como siento la vida y la sangre que corre por mis venas. Soy lo que vivo, y lo que deseo ser, bajo unas condiciones únicas e irrepetibles y siento la vocación a dejar huella en mi entorno, mediante la obra que mi vida representa.
Si este llamado que se siente a realizar una obra grande, a poner una estrella más en el firmamento, con la puesta en marcha de los buenos oficios de que soy capaz, es una vocación, entonces la vocación masónica existe en mí.
Os recuerdo que la palabra vocación viene del término latín “vocare”, que significa llamado. Que es como una voz interior que nos impulsa a seguir hacia adelante en nuestras vidas. Al saber que definir quiénes somos está definido por esa pulsión en el pecho que nos arroja al vacío llenos de esperanza y magnetismo inaudito por encima de todo riesgo, para volcarnos de lleno a ejercer ese llamado de nuestro interior, que nos impulsa a develar el secreto que nos hace sentirnos y ser masones.
Independientemente de la filiación masónica, la vocación de construirse a sí mismo es algo que existe en el ser humano, la evolución es ineludible como especie. Como individuo es extraviable.
Es el llamado interior a superarse, a construir una vida diferente de la que se ha llevado. Es por extensión, darle sentido a los hechos del pasado y resignificarlos ordenadamente, de tal manera que nos sean útiles en nuestro camino.
El llamado de la masonería debe ser sumamente fuerte en aquellos quienes deciden abandonar su vida cotidiana, entre sueños y penumbras, porque es preciso sentir profundamente el clamor interior con tal intensidad que nos permita naturalmente alejarnos de los vicios. Es entonces esa, la finalidad de la iniciación masónica.
Es la vocación masónica también, nuestra capacidad de alejarnos de nuestros hábitos y costumbres cotidianos de hacer el mal; que necesariamente, por simple repetición implican al hombre poco virtuoso el adquirir presteza, habilidad, soltura y facilidad para actuar equivocadamente, contentando sus instintos, que cobran penosa factura causando ansiedad, desesperación y frustración si no se satisfacen en el instante y la manera requerida. Más aun: cuando en algún momento de lucidez se adquiere la certeza del tiempo transcurrido y que jamás regresará, se asesta el golpe final a la soberbia del vicioso, que ha corrido persiguiendo fantasmas que jamás existieron.
Para tales efectos, es preciso poner un cuidado particular en nuestra formación masónica, aprendiendo a manejar las virtudes, conocerlas y evitar confundirnos. Estar muy alertas en cuestiones del ejercicio de la prudencia, que no es sino la virtud de poner en movimiento las demás virtudes, ser estratega al momento de manifestarlas en acción, sin descuidar ni minimizar los riesgos que implican. Asimismo, es desenmascarar a nuestras pasiones que se esconden muchas veces detrás de nuestro rostro más humano y filantrópico.
Or:. de Mor, a 6 de marzo de 2010, E:.V:.
Fraternalmente,
MDP
¡Es Cuanto!
sábado, 13 de febrero de 2010
El Amor en el Grado de Aprendiz
“Lo que hacemos por amor se cumple más allá del bien y del mal”
Friedrich Nietzsche
QQ:.HH:., ¿qué es amar? Definirlo implica conocer diversas ciencias, ética, filosofía y tener mucha experiencia en la vida. Los griegos la definieron con muchas palabras como ágape, filia, xenia, storge, eros, etc. En múltiples disciplinas humanas aparecen esfuerzos por definirla (v.g., ver Figura 1). En castellano existen el cariño, afecto, comprensión, intimidad, desear, querer, etc. Las definiciones coinciden a que es un sentimiento entre personas, que implica una elección, una decisión. Yo pienso que el ser humano es capaz de amar en la medida en que construye su cuerpo espiritual, desarrolla su alma y con la sabiduría que brinda la experiencia y la congruencia personal, es capaz de amar más, mejor y de reconocer este sentimiento y aprende a convivir en sociedad eligiendo las manifestaciones que le brinden más de este motor de la evolución humana.
La mónita del grado aparece repleta de referencias al amor, como virtud transversal. Hace algunos trazados, analizaba la mónita respecto a la trayectoria evolutiva que debe seguir el aprendiz de masón en este grado, la cual cuando la volví a revisar desde el paradigma de este grado, aparece la palabra amor por todas partes, como un paradigma a sembrarse en el ser humano que ha sido iniciado como masón, como paradigma. Ingresar a la generación y no creación, que ambos pueden ser bien parte de un acto de amor, pero el ser humano tiene la capacidad de generar, más propiamente desde la perspectiva de la masonería del Rito Escocés Antiguo y Aceptado. Virilidad (VIRTUD, como el => AMOR ) como causa de la generación. Los trabajos tienen por objeto sembrar la duda filosófica (FILOS = >FILIA, AMOR ) en el espíritu (CONCIENCIA => nos permite darnos cuenta del amor) del iniciado, haciéndole tocar con el dedo (HUMILDAD) la esclavitud (INCONGRUENCIA, HUMILLACIÓN, FALTA DE AMOR) en que ha vivido, despertando en su corazón (SEDE DEL AMOR) el sentimiento de su propia DIGNIDAD (AMOR PROPIO), e impulsándolo al estudio de la verdad (VERDAD GNOSTICA) , libre de preocupaciones (PAZ, resultado del estado vibratorio en un sentimiento tal como el amor).
Por supuesto que depende de qué entendamos por amor, pero el templo está repleto de alegorías al respecto, que podemos contemplar en ese pasivo equilibrio distante entre ambas columnas, que no se quitan la vista de encima, sin aproximarse ni alejarse jamás; en ese recurrente escarceo entre la viril escuadra y el compás femenino, que hasta que hemos terminado de trabajar, los alejamos. Ni qué decir del Libro de la Ley que empleamos en nuestra Log:., que está repleto de historias de amor, de sacrificios, orgías, harems, devoción, virtud, sufrimiento y fecundidad.
El cosmos es una gran familia de cuerpos cósmicos emanados de un acto de amor, de una irrupción de energía que sojuzga el espacio estirándolo hacia el infinito. También lo es reencontrarnos cada ocho días, a la misma hora, en el mismo lugar oculto, a cubierto de toda indiscreción, para realizar los trabajos que nos iluminan.
Los tres escalones, Sabiduría, Belleza y Candor, en muchas logias aparecen como Sabiduría, Belleza y Amor. Fe, Esperanza y Caridad, aparece constantemente como fe, esperanza y amor. Los pares de opuestos, el piso de la logia, dan fe de lo mismo. Amar es convertir una tenida en un acercamiento entre seres distantes para conseguir multiplicar el amor que nos hace fuertes y unidos en fraternidad.
Usar la palabra es un acto de amor, en donde se debe hablar con candor, franqueza, paciencia, moderación, asertividad, con atrevimiento a despertar la conciencia propia y colectiva. La cadena de unión nos menciona reiteradamente que debemos de estar sólidamente reunidos en el mundo profano, para ser fuertes ante la adversidad, cuidando que ninguno de estos eslabones se desprenda, porque con ello, los masones que se aman los unos a los otros, pierden uno de los suyos. En esos aspectos, debemos entender bien que hay que aplicar esa manera de amar que nos mostró la Madre Teresa de Calcuta, acompañando hasta la muerte.
El amor se construye, como toda virtud, - de vir, de hombres-, una cualidad del más evolucionado de los animales conocidos en la creación. Entonces, como las demás virtudes, debe tener magnitudes, en las cuales debemos de ir evolucionando y recorriendo todos los estadios para convertirnos en seres capaces de amar y de ser amados. Con ello, también podremos reconocer la ausencia de tal virtud, sentimiento y finalidad
En logia, todo trazado, toda presencia, toda llamada, debe ser comprendido como un acto de amor. Somos seres de amor, aunque nuestras obras y actos sean en ocasiones inconscientes o poco reflexionadas. Por ello hay que poner especial empeño en manifestar que la transversal virtud motivo de este trazado aparezca preponderantemente en nuestras palabras, actos y obras.
Asimismo, hay que ser comprensivos, tolerantes y respetuosos ante antas pulsiones, virtudes, defectos, errores que cometemos reiteradamente en aras del amor, al igual que nuestros semejantes. Los caminos son múltiples, rebuscados, con innumerables retrocesos, pero sin duda, nos acercan a nuestra misión de amar más y poder trabajar de manera más entregada en la trascendencia del género humano y en lograr nuestra felicidad.
Definitivamente, una vida llena de amor, vibrante y boyante en plenitud de este sentimiento nos permite entregarnos a la gran Obra. La felicidad para mí, es el estado en que permanezco durante el tiempo que transcurre mientras realizo un acto de amor.
El amor es el lubricante que el GADU:. añadió a la materia para animarla, con ello brindándole vida, interacción, posibilidades y albedrío en abundancia. El amor es transversal, une las diferentes dimensiones del ser humano, siendo superior a sus obras, que muchas ocasiones se pierden en la memoria, pero la construcción de nuestro ser, el enriquecimiento de nuestra alma, difícilmente se pierde.
Es lo que se toca en uno mismo, la capacidad de amarnos y entregarnos a salvaguardarnos a nosotros mismos cuando nos encontramos en situaciones adversas, para lograr superar las oposiciones más atroces.
Cuando se ama, no necesariamente el objeto del amor es lo más placentero, sino lo que se elige amar, y lo que se ama, indefectiblemente nos hará evolucionar si somos capaces de encausarnos.
Queridos hermanos todos, los invito a encontrar el amor en sus vidas y establecer las fuentes del mismo para que estemos juntos y en armonía. Amemos como lo consideremos mejor, con más fuerza, disciplina, con más decisión, aquí y ahora, de tal manera que una de las primordiales maneras de mostrarle al mundo exterior los frutos de nuestros trabajos masónicos, sea que nuestra capacidad de amar nos distinga como tales. Procuremos que todas nuestras acciones en nuestra vida sean paradigma del amor para la humanidad.
Friedrich Nietzsche
QQ:.HH:., ¿qué es amar? Definirlo implica conocer diversas ciencias, ética, filosofía y tener mucha experiencia en la vida. Los griegos la definieron con muchas palabras como ágape, filia, xenia, storge, eros, etc. En múltiples disciplinas humanas aparecen esfuerzos por definirla (v.g., ver Figura 1). En castellano existen el cariño, afecto, comprensión, intimidad, desear, querer, etc. Las definiciones coinciden a que es un sentimiento entre personas, que implica una elección, una decisión. Yo pienso que el ser humano es capaz de amar en la medida en que construye su cuerpo espiritual, desarrolla su alma y con la sabiduría que brinda la experiencia y la congruencia personal, es capaz de amar más, mejor y de reconocer este sentimiento y aprende a convivir en sociedad eligiendo las manifestaciones que le brinden más de este motor de la evolución humana.
La mónita del grado aparece repleta de referencias al amor, como virtud transversal. Hace algunos trazados, analizaba la mónita respecto a la trayectoria evolutiva que debe seguir el aprendiz de masón en este grado, la cual cuando la volví a revisar desde el paradigma de este grado, aparece la palabra amor por todas partes, como un paradigma a sembrarse en el ser humano que ha sido iniciado como masón, como paradigma. Ingresar a la generación y no creación, que ambos pueden ser bien parte de un acto de amor, pero el ser humano tiene la capacidad de generar, más propiamente desde la perspectiva de la masonería del Rito Escocés Antiguo y Aceptado. Virilidad (VIRTUD, como el => AMOR ) como causa de la generación. Los trabajos tienen por objeto sembrar la duda filosófica (FILOS = >FILIA, AMOR ) en el espíritu (CONCIENCIA => nos permite darnos cuenta del amor) del iniciado, haciéndole tocar con el dedo (HUMILDAD) la esclavitud (INCONGRUENCIA, HUMILLACIÓN, FALTA DE AMOR) en que ha vivido, despertando en su corazón (SEDE DEL AMOR) el sentimiento de su propia DIGNIDAD (AMOR PROPIO), e impulsándolo al estudio de la verdad (VERDAD GNOSTICA) , libre de preocupaciones (PAZ, resultado del estado vibratorio en un sentimiento tal como el amor).
Por supuesto que depende de qué entendamos por amor, pero el templo está repleto de alegorías al respecto, que podemos contemplar en ese pasivo equilibrio distante entre ambas columnas, que no se quitan la vista de encima, sin aproximarse ni alejarse jamás; en ese recurrente escarceo entre la viril escuadra y el compás femenino, que hasta que hemos terminado de trabajar, los alejamos. Ni qué decir del Libro de la Ley que empleamos en nuestra Log:., que está repleto de historias de amor, de sacrificios, orgías, harems, devoción, virtud, sufrimiento y fecundidad.
El cosmos es una gran familia de cuerpos cósmicos emanados de un acto de amor, de una irrupción de energía que sojuzga el espacio estirándolo hacia el infinito. También lo es reencontrarnos cada ocho días, a la misma hora, en el mismo lugar oculto, a cubierto de toda indiscreción, para realizar los trabajos que nos iluminan.
Los tres escalones, Sabiduría, Belleza y Candor, en muchas logias aparecen como Sabiduría, Belleza y Amor. Fe, Esperanza y Caridad, aparece constantemente como fe, esperanza y amor. Los pares de opuestos, el piso de la logia, dan fe de lo mismo. Amar es convertir una tenida en un acercamiento entre seres distantes para conseguir multiplicar el amor que nos hace fuertes y unidos en fraternidad.
Usar la palabra es un acto de amor, en donde se debe hablar con candor, franqueza, paciencia, moderación, asertividad, con atrevimiento a despertar la conciencia propia y colectiva. La cadena de unión nos menciona reiteradamente que debemos de estar sólidamente reunidos en el mundo profano, para ser fuertes ante la adversidad, cuidando que ninguno de estos eslabones se desprenda, porque con ello, los masones que se aman los unos a los otros, pierden uno de los suyos. En esos aspectos, debemos entender bien que hay que aplicar esa manera de amar que nos mostró la Madre Teresa de Calcuta, acompañando hasta la muerte.
El amor se construye, como toda virtud, - de vir, de hombres-, una cualidad del más evolucionado de los animales conocidos en la creación. Entonces, como las demás virtudes, debe tener magnitudes, en las cuales debemos de ir evolucionando y recorriendo todos los estadios para convertirnos en seres capaces de amar y de ser amados. Con ello, también podremos reconocer la ausencia de tal virtud, sentimiento y finalidad
En logia, todo trazado, toda presencia, toda llamada, debe ser comprendido como un acto de amor. Somos seres de amor, aunque nuestras obras y actos sean en ocasiones inconscientes o poco reflexionadas. Por ello hay que poner especial empeño en manifestar que la transversal virtud motivo de este trazado aparezca preponderantemente en nuestras palabras, actos y obras.
Asimismo, hay que ser comprensivos, tolerantes y respetuosos ante antas pulsiones, virtudes, defectos, errores que cometemos reiteradamente en aras del amor, al igual que nuestros semejantes. Los caminos son múltiples, rebuscados, con innumerables retrocesos, pero sin duda, nos acercan a nuestra misión de amar más y poder trabajar de manera más entregada en la trascendencia del género humano y en lograr nuestra felicidad.
Definitivamente, una vida llena de amor, vibrante y boyante en plenitud de este sentimiento nos permite entregarnos a la gran Obra. La felicidad para mí, es el estado en que permanezco durante el tiempo que transcurre mientras realizo un acto de amor.
El amor es el lubricante que el GADU:. añadió a la materia para animarla, con ello brindándole vida, interacción, posibilidades y albedrío en abundancia. El amor es transversal, une las diferentes dimensiones del ser humano, siendo superior a sus obras, que muchas ocasiones se pierden en la memoria, pero la construcción de nuestro ser, el enriquecimiento de nuestra alma, difícilmente se pierde.
Es lo que se toca en uno mismo, la capacidad de amarnos y entregarnos a salvaguardarnos a nosotros mismos cuando nos encontramos en situaciones adversas, para lograr superar las oposiciones más atroces.
Cuando se ama, no necesariamente el objeto del amor es lo más placentero, sino lo que se elige amar, y lo que se ama, indefectiblemente nos hará evolucionar si somos capaces de encausarnos.
Queridos hermanos todos, los invito a encontrar el amor en sus vidas y establecer las fuentes del mismo para que estemos juntos y en armonía. Amemos como lo consideremos mejor, con más fuerza, disciplina, con más decisión, aquí y ahora, de tal manera que una de las primordiales maneras de mostrarle al mundo exterior los frutos de nuestros trabajos masónicos, sea que nuestra capacidad de amar nos distinga como tales. Procuremos que todas nuestras acciones en nuestra vida sean paradigma del amor para la humanidad.
domingo, 31 de enero de 2010
Masonería y Noética: El Símbolo Perdido
La proximidad entre masonería y noética es bastante, sin embargo no son la misma cuestión, aunque por momentos Dan Brown parecía hablar de lo mismo. En la lectura de “El Símbolo Perdido”, popular referente respecto a la Mas:., me encontré con que se menciona reiteradamente la palabra “noética”, de la cuál manifiesto mi desconocimiento, ya que solo tenía una vaga concepción de la misma. Debido a que durante la lectura del citado thriller, consideré que no me permitió contextualizar satisfactoriamente el citado concepto, me propuse realizar una pequeña investigación al respecto, de la cual presento sus resultados en el presente Traz:.
Comencé por darme cuenta de la gran cantidad de referencias en Internet que ya mencionan la relación de la noética y la masonería. Asimismo, constaté que las relacionan de manera superficial, en el sentido de ser una suprarreligión, de poseer secretos inefables e inalcanzables para el resto de la humanidad. Más aun, hay un sitio que se autodenomina “Instituto de Ciencias Noéticas” , en donde me di cuenta de que la famosa película ¿What the bleep do you know? - ¿Y tu qué sabes?- fue producida por el IONS. Ello me desangeló un poco, pero al final del trabajo de recopilación documental, me di cuenta de que la película no es sino un cúmulo de sucesos marginales que no han terminado de ser explicados rigurosamente por la ciencia, pero tampoco son suficientemente claros, repetibles y perdurables en el tiempo como para poder considerarse enigmas de la ciencia.
Existen diversas definiciones de noética, principalmente relacionadas con denominar así, a todo lo que tiene que ver con el pensamiento. Principalmente aquel que es objetivo e ininteligible.
Hay quien se aventura a denominarla ciencia, para quienes noética es la disciplina científica que investiga la naturaleza y potenciales de la conciencia, empleando para ello múltiples métodos de conocimiento, incluyendo la intuición, el sentimiento, la razón y los sentidos. La ciencia noética explora el mundo interior de la mente (la conciencia, el alma, el espíritu) y cómo se relaciona con el universo físico.
De acuerdo con Gardner, la noética está presente en los procesos neuropsicológicos, y define a la conciencia autonoética, la cual se relaciona con la memoria episódica. Se refiere a la conciencia del pasado concebida como el auto-recuerdo en el proceso de reactivación de los acontecimientos vividos. Es la conciencia relacionada con el proceso de "recordar", activo y personal (remembering o self recollection). Por otra parte, también menciona que la conciencia noética se relaciona con la memoria semántica. Se refiere a la conciencia del pasado relacionada con la vivencia o sentimiento familiaridad o de "conocer" (knowing) .
Hay que mantener en todo momento claro el hecho de que noética proviene de “nous”, intraducible, pero que significa simultáneamente inteligencia, conocimiento y espíritu. Implica un conocimiento explícito e inmediato, interior, inherente al espíritu, que sabemos que es una cualidad inmanente propia, el halo de soplo divino que radica en nuestro ser.
Víctor Frankl, padre de la logoterapia, autor del excelente libro “El Hombre en Búsqueda de Sentido”, que en mi adolescencia fue uno de los faros que me iluminó el camino a seguir, menciona que el hombre tiene una dimensión noética, que implica dos capacidades, la de autodistanciamiento, que nos permite la autocrítica, al posibilitar vernos como una tercera persona y la de autotrascendencia, que nos lleva a orientarnos hacia el sentido de nuestras vidas.
Visto así, mientras mayor sea el espesor noético de una persona, más profunda es su capacidad conceptual, más rica y variada su emocionalidad, más fina su sensibilidad, más amplio su mundo y mayor el dominio de sus circunstancias.
Hay quienes hablan de que la humanidad vive actualmente una revolución noética, en la cual los paradigmas serán el talento, la creatividad, la imaginación, la intuición y la capacidad de transmitir ese conocimiento mediante una nueva educación.
Hay quien habla de que la Moral es una estructura noética, un paradigma, un conjunto de constructos o categorías que la educación se encarga de transmitir de generación en generación. Visto así, la masonería estudia las estructuras noéticas, en sentido estricto.
Sin embargo, la acepción que recoge Brown está relacionada con los efectos que tiene la mente en nuestro entorno. Las denominadas ciencias noéticas parecen estar profundamente ligadas con lo paranormal, con las cuestiones que no tienen aún una explicación satisfactoria. Por tanto, es un campo minado discernir adecuadamente. El conocimiento carece de cuestiones que mencionaba alguna vez Augusto Comte, un método propio, un área específica y leyes enunciadas. Definitivamente hay que tener cuidado con abrazar al conocimiento no probado como propio y cierto y más aun, tener pies de plomo con las organizaciones que auspician o se benefician de la popularización de las denominadas ciencias noéticas.
Sin embargo, hay que recoger lo valioso de esta lección, en el sentido de buscar el desarrollo de nuestra conciencia y robustecernos noéticamente, desarrollando nuestra capacidad de abstracción e intuición, de tal forma que nuestra amplitud de facultades noéticas sea lo mayor posible.
Por otra parte, en la empresa que se impone el lector del Símbolo Perdido, debería de haber cuestiones intrapersonales que nos permitan dotar a este libro de un significado especial, tales como:
¿En qué parte de la logia hay un símbolo perdido, algo que no conozcamos y que debamos trabajar? En qué columna se encuentra?
¿En qué aspectos de nuestras vidas existen objetos olvidados, personas ignoradas, un anciano, un niño, un compañero de trabajo, asuntos postergados, que poseen un significante o vehículo, una forma física, tan importante como el significado, que espera por nosotros para reinterpretado vivencialmente y que nos brinde lecciones de vida que permitan que al menos, el destino de nuestras propias vidas, se modifique favorablemente?
Asimismo, vale la pena saber si en verdad existe un secreto en la masonería que puede llevar a transformar nuestras vidas, e involucrarnos comprometidamente en la búsqueda, que emprenderemos como el sibarita investigador de la novela, con minuciosidad y disposición a encontrarnos con lo desconocido. Deberemos poner especial énfasis en buscar descubrir lo que puede transformar nuestras vidas, ya que en ello, considero, estriba en buena medida el secreto masónico, y conocerlo es en buena medida, un motor de la avidez con la cual recorreremos nuestra carrera masónica.
Por otra parte, al discernir adecuadamente, nos daremos cuenta de que la relatividad de lo seudomasónico vuelve en muchas ocasiones ambigua a la moral masónica y los principios articulados una y otra vez. Hay que tener especial cuidado con la metafísica y el new age, ya que nos acercamos a la Masonería porque pretendemos conocernos, conocer nuestro entorno, y por ello osamos emprender la búsqueda de un sistema de símbolos develado por alegorías que nos acerque a conocernos.
Sin duda, la invitación a estudiar las ciencias noéticas, a contemplar una realidad paralela a la oficial, es interesante, y al menos, nos entretiene. Es un comienzo en el camino hacia un saber noético, alma-inteligencia y espíritu juntos en la búsqueda de nosotros mismos, que deberá de dejarnos múltiples lecciones, experiencias y satisfacciones.
El Símbolo Perdido es en suma, un libro que invita a saber más, ya que aparte de los múltiples breviarios culturales que aparecen en el mismo, en el libro el suspenso flota alrededor de la revelación de una ciencia verdadera que responderá a las preguntas del triangular masónico.
Está en nuestras manos elegir un camino de ilusión, divertirnos con las teorías de conspiración, que adquiere mayor sentido ante la cantidad abrumadora de alabanzas y potencialidades supremas que conocemos los humanos y que nos manipulan cotidianamente. Todas estas manifestaciones son también un humanismo apologista, de ello se abusa constantemente en la masonería, por ello desconfiemos como logia, como masonería universal y como individuos, de los autoelogios que emitimos hacia el género humano, para ello, deberemos estar tan ciertos de ser noéticos en el sentido frankliano como alejados de ser ligeros en el rigor de nuestro pensamiento.
Or:. de Morelia, Michoacán, a 30 de enero de 2010, E:.V:.
Comencé por darme cuenta de la gran cantidad de referencias en Internet que ya mencionan la relación de la noética y la masonería. Asimismo, constaté que las relacionan de manera superficial, en el sentido de ser una suprarreligión, de poseer secretos inefables e inalcanzables para el resto de la humanidad. Más aun, hay un sitio que se autodenomina “Instituto de Ciencias Noéticas” , en donde me di cuenta de que la famosa película ¿What the bleep do you know? - ¿Y tu qué sabes?- fue producida por el IONS. Ello me desangeló un poco, pero al final del trabajo de recopilación documental, me di cuenta de que la película no es sino un cúmulo de sucesos marginales que no han terminado de ser explicados rigurosamente por la ciencia, pero tampoco son suficientemente claros, repetibles y perdurables en el tiempo como para poder considerarse enigmas de la ciencia.
Existen diversas definiciones de noética, principalmente relacionadas con denominar así, a todo lo que tiene que ver con el pensamiento. Principalmente aquel que es objetivo e ininteligible.
Hay quien se aventura a denominarla ciencia, para quienes noética es la disciplina científica que investiga la naturaleza y potenciales de la conciencia, empleando para ello múltiples métodos de conocimiento, incluyendo la intuición, el sentimiento, la razón y los sentidos. La ciencia noética explora el mundo interior de la mente (la conciencia, el alma, el espíritu) y cómo se relaciona con el universo físico.
De acuerdo con Gardner, la noética está presente en los procesos neuropsicológicos, y define a la conciencia autonoética, la cual se relaciona con la memoria episódica. Se refiere a la conciencia del pasado concebida como el auto-recuerdo en el proceso de reactivación de los acontecimientos vividos. Es la conciencia relacionada con el proceso de "recordar", activo y personal (remembering o self recollection). Por otra parte, también menciona que la conciencia noética se relaciona con la memoria semántica. Se refiere a la conciencia del pasado relacionada con la vivencia o sentimiento familiaridad o de "conocer" (knowing) .
Hay que mantener en todo momento claro el hecho de que noética proviene de “nous”, intraducible, pero que significa simultáneamente inteligencia, conocimiento y espíritu. Implica un conocimiento explícito e inmediato, interior, inherente al espíritu, que sabemos que es una cualidad inmanente propia, el halo de soplo divino que radica en nuestro ser.
Víctor Frankl, padre de la logoterapia, autor del excelente libro “El Hombre en Búsqueda de Sentido”, que en mi adolescencia fue uno de los faros que me iluminó el camino a seguir, menciona que el hombre tiene una dimensión noética, que implica dos capacidades, la de autodistanciamiento, que nos permite la autocrítica, al posibilitar vernos como una tercera persona y la de autotrascendencia, que nos lleva a orientarnos hacia el sentido de nuestras vidas.
Visto así, mientras mayor sea el espesor noético de una persona, más profunda es su capacidad conceptual, más rica y variada su emocionalidad, más fina su sensibilidad, más amplio su mundo y mayor el dominio de sus circunstancias.
Hay quienes hablan de que la humanidad vive actualmente una revolución noética, en la cual los paradigmas serán el talento, la creatividad, la imaginación, la intuición y la capacidad de transmitir ese conocimiento mediante una nueva educación.
Hay quien habla de que la Moral es una estructura noética, un paradigma, un conjunto de constructos o categorías que la educación se encarga de transmitir de generación en generación. Visto así, la masonería estudia las estructuras noéticas, en sentido estricto.
Sin embargo, la acepción que recoge Brown está relacionada con los efectos que tiene la mente en nuestro entorno. Las denominadas ciencias noéticas parecen estar profundamente ligadas con lo paranormal, con las cuestiones que no tienen aún una explicación satisfactoria. Por tanto, es un campo minado discernir adecuadamente. El conocimiento carece de cuestiones que mencionaba alguna vez Augusto Comte, un método propio, un área específica y leyes enunciadas. Definitivamente hay que tener cuidado con abrazar al conocimiento no probado como propio y cierto y más aun, tener pies de plomo con las organizaciones que auspician o se benefician de la popularización de las denominadas ciencias noéticas.
Sin embargo, hay que recoger lo valioso de esta lección, en el sentido de buscar el desarrollo de nuestra conciencia y robustecernos noéticamente, desarrollando nuestra capacidad de abstracción e intuición, de tal forma que nuestra amplitud de facultades noéticas sea lo mayor posible.
Por otra parte, en la empresa que se impone el lector del Símbolo Perdido, debería de haber cuestiones intrapersonales que nos permitan dotar a este libro de un significado especial, tales como:
¿En qué parte de la logia hay un símbolo perdido, algo que no conozcamos y que debamos trabajar? En qué columna se encuentra?
¿En qué aspectos de nuestras vidas existen objetos olvidados, personas ignoradas, un anciano, un niño, un compañero de trabajo, asuntos postergados, que poseen un significante o vehículo, una forma física, tan importante como el significado, que espera por nosotros para reinterpretado vivencialmente y que nos brinde lecciones de vida que permitan que al menos, el destino de nuestras propias vidas, se modifique favorablemente?
Asimismo, vale la pena saber si en verdad existe un secreto en la masonería que puede llevar a transformar nuestras vidas, e involucrarnos comprometidamente en la búsqueda, que emprenderemos como el sibarita investigador de la novela, con minuciosidad y disposición a encontrarnos con lo desconocido. Deberemos poner especial énfasis en buscar descubrir lo que puede transformar nuestras vidas, ya que en ello, considero, estriba en buena medida el secreto masónico, y conocerlo es en buena medida, un motor de la avidez con la cual recorreremos nuestra carrera masónica.
Por otra parte, al discernir adecuadamente, nos daremos cuenta de que la relatividad de lo seudomasónico vuelve en muchas ocasiones ambigua a la moral masónica y los principios articulados una y otra vez. Hay que tener especial cuidado con la metafísica y el new age, ya que nos acercamos a la Masonería porque pretendemos conocernos, conocer nuestro entorno, y por ello osamos emprender la búsqueda de un sistema de símbolos develado por alegorías que nos acerque a conocernos.
Sin duda, la invitación a estudiar las ciencias noéticas, a contemplar una realidad paralela a la oficial, es interesante, y al menos, nos entretiene. Es un comienzo en el camino hacia un saber noético, alma-inteligencia y espíritu juntos en la búsqueda de nosotros mismos, que deberá de dejarnos múltiples lecciones, experiencias y satisfacciones.
El Símbolo Perdido es en suma, un libro que invita a saber más, ya que aparte de los múltiples breviarios culturales que aparecen en el mismo, en el libro el suspenso flota alrededor de la revelación de una ciencia verdadera que responderá a las preguntas del triangular masónico.
Está en nuestras manos elegir un camino de ilusión, divertirnos con las teorías de conspiración, que adquiere mayor sentido ante la cantidad abrumadora de alabanzas y potencialidades supremas que conocemos los humanos y que nos manipulan cotidianamente. Todas estas manifestaciones son también un humanismo apologista, de ello se abusa constantemente en la masonería, por ello desconfiemos como logia, como masonería universal y como individuos, de los autoelogios que emitimos hacia el género humano, para ello, deberemos estar tan ciertos de ser noéticos en el sentido frankliano como alejados de ser ligeros en el rigor de nuestro pensamiento.
Or:. de Morelia, Michoacán, a 30 de enero de 2010, E:.V:.
Qué es ser Masón
Hace unos días, vi un programa en televisión en donde escuché a unos personajes expresar qué es un masón. Las respuestas que ellos brindaron no recabaron en absoluto la concepción que esperaría brindaran de un masón.
Mas aun, creo que aunque se aproximan, se alejan de los principios.
Hubo quien dijo que ser masón es esforzarse por ser mejor. Todos lo hacemos, es una verdad de Perogrullo. Hasta los animales aprenden del error. No es de esperarse que un masón conteste esto. Por ello, al ser materia de reflexión en esta cámara, y al ser un concepto que cada uno de nosotros debemos de tener muy desarrollado, es que inicio el ejercicio de definir al masón y realizo la invitación a que cada uno de nosotros haga lo propio.
Una definición muy elemental dice que el masón es parte de una secta-suprarreligión-institución denominada masonería, de ahí viene su nombre.
A decir verdad, confieso que me causan alergia las definiciones llenas de consignas y de palabras ambiguas, las cuales abundan en la literatura masónica. Frases tales como: ser masón es ser constructor, es ser albañil, es ser masón es ser dueño de tu propia vida, es haber contemplado la luz, etc.
Otra familia de definiciones está relacionada con la filiación o membresía. Por ende, ser masón es pertenecer a una logia, es haber sido iniciado en la masonería. Y de ahí en adelante, masón es aquel al que todos sus hermanos lo reconocen como tal. ¡Qué pena tener que buscar el reconocimiento ajeno, así sea de hermanos! La historia universal está llena de masones célebres que no fueron apoyados ni reconocidos por sus propios hermanos, en su momento.
Asimismo, me manifiesto en desacuerdo con esas definiciones que no resuelven el camino individual, sino simplemente catalogan por proximidad. Un masón debe ser aquel que se conoce a sí mismo y se reconoce en los demás, consustancial al principio creador, partícipe y artífice en el microcosmos de la gran obra.
Hay otras definiciones, en las que se es masón por meritocracia, es decir, el que sigue los principios de la masonería, es masón. Ello es relativamente paradójico, porque la masonería en sus innumerables preceptos y doctrinas, usos y costumbres, ritos y demás, manifiesta contradicciones rotundas. Al intentar ser exégeta de la moral, no manifiesta una línea clara, con lo cual en muchas ocasiones, los hermanos, presas de inasertividad, son manipulados por otros más ilustrados o maliciosos, en cuestiones tan polémicas como el obedecer a los superiores en la masonería, apoyar al hermano en desgracias, reconocer a hermanos de otros ritos, etc.
En ese sentido moral, hay quien enuncia que ser masón es tener buenas costumbres, buenos hábitos, obedecer la Ley. E incluyen muchas cosas buenas que hace un masón, propias de alguien que respeta y sigue irracionalmente los innumerables lineamientos que establece la masonería, quien repite las consignas, quien piensa que ser masón es ser nacionalista. Quien no respalda a sus hermanos, en aras de su albedrío, quien los respalda a cambio de beneficio y utilitarismo transaccional en extremo.
Para mí, un masón es un ser humano libre de sus propios y muy particulares vicios, que ha desarrollado las facultades más elevadas de la especie, que se ha superado, que conoce su misión en la vida y lucha por trascender mediante el trabajo cotidiano y el servicio desinteresado, que cuida su salud y al resto de la naturaleza, que se interesa en su propio camino, pero acude y apoya solidariamente en la desgracia o necesidad.
Ante esto, os pregunto: ¿Os consideráis masones? ¿Y qué habéis hecho para alcanzar esa consideración? En caso de aun no considerarse masones, sino aprendices de masón, ¿qué les falta alcanzar para considerarse masones? Y ¿qué proyectan hacer en este año para lograr serlo?
Anexo un poema que me impresionó hace ya cinco años que tuve contacto con él por primera vez.
Por Favor, Su CV.
Hugo Gutiérrez Vega
La riqueza me agobia esta mañana
y para conjurarla
hago el recuento de las cosas que tengo
y de lo mucho que he perdido en el tiempo:
tengo la vista, el tacto y el oído,
el olfato y el gusto, una mujer
-ella también me tiene-
que lleva sin alardes
los ritmos de la vida;
unos seres que crecen a mi lado;
un techo, un pan, un poco de dinero,
libros, el teatro, el cine;
seres vivos que amo y que me aman;
mis muertos, la memoria
y el presente
(nada sé del futuro, pero no me interesa);
voy haciendo los días
y ellos me van haciendo
y deshaciendo;
finjo resignación
y me contento con las luces del alba
(me gusta más la noche);
trabajo y cumplo,
a veces a mi modo
y, cuando no es posible,
me conformo;
intenté el heroísmo
y la aventura se me volvió sainete;
he aprendido tres o cuatro cosas
y he olvidado trescientas;
me detengo en la calle
y veo personas,
salgo al campo
y me encuentro con la vida;
me gustan las ciudades
y las odio,
me gusta el campo,
pero no lo entiendo;
mis raíces son débiles;
no le tengo pavor a lo imprevisto,
pero me gustaría que no pasara;
mi sentido común
es estrambótico;
sin proyectos me enfrento a la mañana;
me enferman los enfermos de importancia,
me asustan los que esgrimen sus certezas;
me gustan los que dudan,
los pasos vacilantes me enternecen
y me dan miedo los que pisan firme ( El IF de Kipling me provoca vómito)
no pertenezco a nada
y, sin embargo, me hermano
sin poner muchos reparos;
cultivo mis lealtades
e intento preservar estos amores;
mi vida es un recuento de expulsiones
(esto lo digo mientras me acompañan
maracas y requintos,
dos serruchos, un peine con papel
y voz gangosa);
ya no tomo café,
fumo tabaco,
hablo menos que antes,
me desvelo y escribo confesiones;
la primera persona me preocupa,
pero sé que no es mía:
todos somos lo mismo,
todo es uno,
uno es todo,
cada hombre es, al fin,
todo este mundo
y el mundo es un lugar desconocido...
Or:. de Morelia, Michoacán, a 23 de enero de 2010, E:.V:.
Mas aun, creo que aunque se aproximan, se alejan de los principios.
Hubo quien dijo que ser masón es esforzarse por ser mejor. Todos lo hacemos, es una verdad de Perogrullo. Hasta los animales aprenden del error. No es de esperarse que un masón conteste esto. Por ello, al ser materia de reflexión en esta cámara, y al ser un concepto que cada uno de nosotros debemos de tener muy desarrollado, es que inicio el ejercicio de definir al masón y realizo la invitación a que cada uno de nosotros haga lo propio.
Una definición muy elemental dice que el masón es parte de una secta-suprarreligión-institución denominada masonería, de ahí viene su nombre.
A decir verdad, confieso que me causan alergia las definiciones llenas de consignas y de palabras ambiguas, las cuales abundan en la literatura masónica. Frases tales como: ser masón es ser constructor, es ser albañil, es ser masón es ser dueño de tu propia vida, es haber contemplado la luz, etc.
Otra familia de definiciones está relacionada con la filiación o membresía. Por ende, ser masón es pertenecer a una logia, es haber sido iniciado en la masonería. Y de ahí en adelante, masón es aquel al que todos sus hermanos lo reconocen como tal. ¡Qué pena tener que buscar el reconocimiento ajeno, así sea de hermanos! La historia universal está llena de masones célebres que no fueron apoyados ni reconocidos por sus propios hermanos, en su momento.
Asimismo, me manifiesto en desacuerdo con esas definiciones que no resuelven el camino individual, sino simplemente catalogan por proximidad. Un masón debe ser aquel que se conoce a sí mismo y se reconoce en los demás, consustancial al principio creador, partícipe y artífice en el microcosmos de la gran obra.
Hay otras definiciones, en las que se es masón por meritocracia, es decir, el que sigue los principios de la masonería, es masón. Ello es relativamente paradójico, porque la masonería en sus innumerables preceptos y doctrinas, usos y costumbres, ritos y demás, manifiesta contradicciones rotundas. Al intentar ser exégeta de la moral, no manifiesta una línea clara, con lo cual en muchas ocasiones, los hermanos, presas de inasertividad, son manipulados por otros más ilustrados o maliciosos, en cuestiones tan polémicas como el obedecer a los superiores en la masonería, apoyar al hermano en desgracias, reconocer a hermanos de otros ritos, etc.
En ese sentido moral, hay quien enuncia que ser masón es tener buenas costumbres, buenos hábitos, obedecer la Ley. E incluyen muchas cosas buenas que hace un masón, propias de alguien que respeta y sigue irracionalmente los innumerables lineamientos que establece la masonería, quien repite las consignas, quien piensa que ser masón es ser nacionalista. Quien no respalda a sus hermanos, en aras de su albedrío, quien los respalda a cambio de beneficio y utilitarismo transaccional en extremo.
Para mí, un masón es un ser humano libre de sus propios y muy particulares vicios, que ha desarrollado las facultades más elevadas de la especie, que se ha superado, que conoce su misión en la vida y lucha por trascender mediante el trabajo cotidiano y el servicio desinteresado, que cuida su salud y al resto de la naturaleza, que se interesa en su propio camino, pero acude y apoya solidariamente en la desgracia o necesidad.
Ante esto, os pregunto: ¿Os consideráis masones? ¿Y qué habéis hecho para alcanzar esa consideración? En caso de aun no considerarse masones, sino aprendices de masón, ¿qué les falta alcanzar para considerarse masones? Y ¿qué proyectan hacer en este año para lograr serlo?
Anexo un poema que me impresionó hace ya cinco años que tuve contacto con él por primera vez.
Por Favor, Su CV.
Hugo Gutiérrez Vega
La riqueza me agobia esta mañana
y para conjurarla
hago el recuento de las cosas que tengo
y de lo mucho que he perdido en el tiempo:
tengo la vista, el tacto y el oído,
el olfato y el gusto, una mujer
-ella también me tiene-
que lleva sin alardes
los ritmos de la vida;
unos seres que crecen a mi lado;
un techo, un pan, un poco de dinero,
libros, el teatro, el cine;
seres vivos que amo y que me aman;
mis muertos, la memoria
y el presente
(nada sé del futuro, pero no me interesa);
voy haciendo los días
y ellos me van haciendo
y deshaciendo;
finjo resignación
y me contento con las luces del alba
(me gusta más la noche);
trabajo y cumplo,
a veces a mi modo
y, cuando no es posible,
me conformo;
intenté el heroísmo
y la aventura se me volvió sainete;
he aprendido tres o cuatro cosas
y he olvidado trescientas;
me detengo en la calle
y veo personas,
salgo al campo
y me encuentro con la vida;
me gustan las ciudades
y las odio,
me gusta el campo,
pero no lo entiendo;
mis raíces son débiles;
no le tengo pavor a lo imprevisto,
pero me gustaría que no pasara;
mi sentido común
es estrambótico;
sin proyectos me enfrento a la mañana;
me enferman los enfermos de importancia,
me asustan los que esgrimen sus certezas;
me gustan los que dudan,
los pasos vacilantes me enternecen
y me dan miedo los que pisan firme ( El IF de Kipling me provoca vómito)
no pertenezco a nada
y, sin embargo, me hermano
sin poner muchos reparos;
cultivo mis lealtades
e intento preservar estos amores;
mi vida es un recuento de expulsiones
(esto lo digo mientras me acompañan
maracas y requintos,
dos serruchos, un peine con papel
y voz gangosa);
ya no tomo café,
fumo tabaco,
hablo menos que antes,
me desvelo y escribo confesiones;
la primera persona me preocupa,
pero sé que no es mía:
todos somos lo mismo,
todo es uno,
uno es todo,
cada hombre es, al fin,
todo este mundo
y el mundo es un lugar desconocido...
Or:. de Morelia, Michoacán, a 23 de enero de 2010, E:.V:.
Memorias de un aprendiz.
Tengo treinta y un años, ya les he dicho eso.
- No, hermano, ¿Qué edad tenéis?
Tres años y más. Aunque comprender los tres años, me ha tomado diez, por ahora.
¿Qué cuánto llevo aquí dentro? Dicen que voy a cumplir diez años.
En esencia, sólo deseo ser un buen aprendiz de masón, no de masonería, sino de masón.
Voltear hacia el pasado nos convierte en estatuas de sal. Ser el salario de quienes nos alcanzan. Voltear hacia el pasado es desperdiciar el presente y menospreciar el futuro. En un inicio de ciclo, quizás sea impensable esto, siempre se hacen exhortos, cúmulos de hermosos deseos y poéticas evocaciones para el resto del año, que lamentablemente se olvidan con el paso de 11 meses, para renovarse al siguiente.
Por ello, considero que tal vez, sea éste el momento de dejar de correr, mirar hacia atrás y comenzar a caminar, sin la preocupación por llegar pronto. Al contrario, ahora creo que el tiempo es mi amigo y mi aliado, ya que le ha incorporado ritmo a mi sendero.
Los tres años para mi, son más que simbólicos. Fue la misma edad a la cual aprendí a leer y a escribir, a hacer las operaciones básicas. Fue también, la edad de la cual tengo mis primeros recuerdos. Por ello, tal vez, siempre he tenido tres años. Y más en la masonería.
Dice un viejo proverbio argentino que aprendiendo de lo ajeno, se construye lo propio. Incontables horas le he dedicado a la Or:. He leído muchos libros y entendido apenas pocos párrafos. He asistido a muchas tenidas, pero conservo pocas luces. Muchos me reconocen como tal, pero pocos me conocen tal como soy. Ciertamente, mis vastos defectos y enemigos han aflorado durante el sendero. Cómo conocerlos sin transitar por este camino. La masonería se ha convertido en una compañera de mi vida, en parte de mí, e imperceptiblemente le he cobrado mucho cariño a esta actividad.
Un estudio que cité hace algunos ayeres, dice que nadie ha hecho algo que valga la pena sin haberle dedicado al menos, 10 años a tal obra. Hemos tenido muchas otras opciones, pero estoy aproximándome a esa edad. Tal vez sea momento de aportar, no de extraer y nutrirme de lo que me convenga, como muchos masones light hacen. He encontrado amigos aquí dentro, algunos amigos de fuera, han entrado.
Sin más, les platico una reseña de mi carrera – carrera contra qué, o contra quién- masónica, con ánimos de compartir lo que he visto y vivido con una óptica de aprendiz de masón.
En el 2000 se me hizo iniciar. JRM hubiera sido mi madre Logia, la cual dejé de considerar por irme a una donde a otro Q:.H:. si lo aceptaran: C62. Asumí a la amistad como el sendero individual. Nos entrevistaron en conjunto, junto a un ajedrez gigante.
Creo que me hizo daño darme cuenta que, en contraste con lo que leí en “Los Grandes Iniciados” u otras obras de consulta rigurosa, los masones no duraban toda su vida en obtener grados, sino que personajes asaz oportunistas conseguían escalar rápidamente.
2001. Me concentré en el Trab:. Como Apr:. WH me apoyó, logré conseguir el aumento de salario tras un examen incierto. Me dijeron que ya no tenía tres años… y comencé a creerlo.
2002. Fui exaltado al grado de Maestro, en una ceremonia emotiva. Me sirvió para entender que se puede ser maestro y ser aprendiz al mismo tiempo. Sin embargo, ahí comenzó la angustia. Una vez más, mi edad se modificó. Maestro, de quién? Para quién? Nadie me reconoció como me lo hubiera imaginado. Mientras tanto, parecía olvidárseme que seguía teniendo 3 años.
2003, entré a los grados filosóficos, recomendado por FL, a quien no volví a ver en esos escenarios, en mucho tiempo. Hermosas ceremonias, en las cuales aprendí poco, muy poco. Los años, con los grados se siguieron incrementando. La antigüedad un poco, la madurez quien sabe.
2004, fui elegido como Secr:. Fui propuesto como Pres:. de la Gr:. Com:. de Grupos AJEF. Fui, asimismo, Pr:. Vig:. de la R:. L :. S:. C62 . Demasiados honores para tan pocas luces. La pregunta se hacía cada vez más fuerte: Esto para qué sirve? Una voz me dijo: te falta ser asertivo, no lo comprendí sino mucho después, aunque tal vez no lo he terminado de asimilar.
Ahí, inmerso en ese mar de símbolos complejos, embadurnados y cuasialeatoriamente colocados, contemplé que no todos buscaban la iniciación.
2005, entré al Sob:. Cap:. Ros:. V86. Aprendí varias cosas. Conocí a AA, quien con su mirada penetrante, maliciosa y cansada, me impregnó de alegría en aquel instante, al verlo opulento, sin duda, en buena medida, por lo que abrevó de la Orden.
Fue un grado hermoso, que me hizo retomar el gusto por la esencia de la masonería, por esa que dicen se esconde tras el secreto masónico.
En verdad parecía desear ingresar a este Cap:. Lamentablemente, la urgencia por recibir grados me alejó de trabajarlo cual debe de ser. Hasta la fecha, la falta de congruencia de los demás, me ha servido de parapeto para comprometerme a trabajar ese grado.
La edad masónica ya rebasaba por mucho mi edad profana, sin embargo
2006. Fui V:.M:. de la R:.L:. S:. C62. En particular, recuerdo mucho el acto del bicentenario de Juárez, que una vez terminado, celebramos nuestro aniversario en un muy concurrido evento. Fue bueno organizar algo, la “Raza de Bronce” me cimbró por completo.
Ahora, qué pensará Juárez ante tan engolados homenajes, vistos desde el Et:. Or:. y que incluso celebramos el día nacional de la Masonería en la misma fecha en que él se inició. Adular al hermano es antimasónico, y se realiza con cotidianeidad.
Me concedieron el honor de convertirme en Cab:. Kad:., con una edad que difícilmente mi cuerpo físico alcanzará en este plano existencial.
2007. Estuve como Gr:. Sec:. Me empecé a dar cuenta de la gran cantidad de trabajos que hacemos los masones en los cuales no hay palabras ni pensamientos propios, ni una opinión vertida. Muchas ceremonias no las comprendí. Las sombras de la venganza aparecían constantemente en C62, no había cómo sustraerse de ello. En un afán de conservación de un grupo que podría derrumbarse, refundamos este taller.
2008 Fui investido como Gr:. Sec:. Tit:., por unanimidad de una Gran Asamblea. Después entendí que no vale mucho tal aclamación. Me volvieron a elegir Sap:. M:. de la S:.L:.C:. de Perf:. “R95. Que curioso, veo a la distancia. Tal vez nunca comprendí lo que era ser iniciado, pero ya estaba figurando como el encargado de resguardar la historia reciente de la masoneria de la entidad.
En el 4 -14, estuve en paz con R95, lo suficiente como para decir que le devolví lo que me brindó. Por ello, anuncio mi retiro con un año de anticipación.
2009. Me cambié de taller en el grado 30. Regresé a escribir trazados. Logré escribir 16 para MO, lo cual me dio mucha alegría, a pesar de todos los traspiés del año.
Mi vida cambió mucho en estas épocas, lo cual ayudó a darme cuenta de lo apegado que me encontraba a la masonería, y que, en cierta forma, convertí a la Or:. en una especie de “pluma de Dumbo”, que me permitía aterrizar mi pensamiento y conducta. Lograr ser consciente de ello fue materia de muchas cavilaciones.
Trabajé en otro Or:. sin más pretensiones que ser guardatemplo. Llevé algunos trabajos, sin pena ni gloria, en realidad. Faltó más fuerza y firmeza al recorrer el camino, para lograr terminarlo.
Entendí mucho de la impulsividad con la cual trabajé tanto masónica como profanamente, sin preparar las cuestiones, basándome mucho en una intuición plenamente mermada por el ego. En cierta medida, tal desequilibrio se manifestó finalmente.
Tal vez una de las mejores lecciones que me quedaron de este año, fueron en la última tenida en la cual estuve presente en ese ciclo, en la que interpreté a un fantasma del pasado que persigue a los masones exhortándolos en la cámara de reflexiones respecto a dominar sus vicios e imperfecciones, tal y como lo describe Charles Dickens en su Cuento de Navidad. Finalmente, ese año no tuve cena de solsticio. Tal vez la renovación aun no llega, sigo en los días oscuros, esperando el retorno del sol invicto, que señale que he retomado mi sendero espiritual.
2010. En este año presenté mi solicitud para ser exaltado al 32º.
Mi vida profana cuenta mucho en mi nueva logia del filosofismo. Nadie es profeta en su tierra, dicen, y parece que mi llegada a este nuevo cuerpo, ha sido a tambor batiente, me consideran mucho y me respetan por la trayectoria. Nada más lejos de lo mejor para mí.
Es necesario que lleguen aquellos que nos hagan hacer lo que mejor sabemos, y en esta ocasión, quien ha arribado a mi vida es la motivación impersonal por seguir en la masonería, a pesar de haber bebido de los líquidos amargos y dulces en abundancia. Mi edad, se modificará una vez más. Pero esta vez, no cederé: yo tengo tres años.
Me propuse entregar al menos 20 Ttraz:. en la R:.L:.S:. MO y asistir al menos el 75% de las sesiones. Espero cumplir con eso. Ni hablar, los derechos se ganan. Hay que trabajar para tenerlos.
Tal vez lento, tal vez a destiempo. Siempre dudando de todo, evitando dudar de la duda, aceptándola como propia.
Las lecciones, son muchas, entre las principales, ser más asertivo, saber hasta dónde y por qué hago las cosas. No todo el que se dice tu hermano es tu amigo. Existen Caín y Abel, y podríamos desconocer si cazamos, recolectamos o portamos una quijada de burro.
Temporalmente tal vez dejen de ser verdaderos mis derechos masónicos, pero mis deberes estarán en mi conciencia siempre, para motivarme o reprenderme, y normarán mi conducta. Por ello, pienso que de la masonería solamente me separará el olvido. Sólo cuando nos conozcamos a nosotros mismos, lograremos ser quienes estamos llamados a serlo, al menos conscientemente.
Por ello, sé que de nueva cuenta, quiero aprender a tener tres años, a conocer las primeras letras, a escribirlas y a tomar las herramientas necesarias para desarmar mi bicicleta, fundiendo mi presente en el crisol de la memoria, para que sean frescos de nuevo, y que los rostros que me rodean, sean mis primeros recuerdos. Y sembrar esa semilla que crecerá como en un frasco con algodón, que tal vez, si no se le transplanta a tiempo a tierra fértil, morirá de inanición.
Tal vez no aspiro a ser como el águila que se renueva, sino a ser una semilla que echa raíces, hasta crecer y brindar la sombra que tanto aprecié y me cobijó durante el tiempo que tuve tres años, sin saberlo. Los ojos no pueden ver lo que no está en la mente.
A la vez, asumir que estoy maduro para seguir adelante, libre de preocupaciones.
Es cuanto.
Frat:.
- No, hermano, ¿Qué edad tenéis?
Tres años y más. Aunque comprender los tres años, me ha tomado diez, por ahora.
¿Qué cuánto llevo aquí dentro? Dicen que voy a cumplir diez años.
En esencia, sólo deseo ser un buen aprendiz de masón, no de masonería, sino de masón.
Voltear hacia el pasado nos convierte en estatuas de sal. Ser el salario de quienes nos alcanzan. Voltear hacia el pasado es desperdiciar el presente y menospreciar el futuro. En un inicio de ciclo, quizás sea impensable esto, siempre se hacen exhortos, cúmulos de hermosos deseos y poéticas evocaciones para el resto del año, que lamentablemente se olvidan con el paso de 11 meses, para renovarse al siguiente.
Por ello, considero que tal vez, sea éste el momento de dejar de correr, mirar hacia atrás y comenzar a caminar, sin la preocupación por llegar pronto. Al contrario, ahora creo que el tiempo es mi amigo y mi aliado, ya que le ha incorporado ritmo a mi sendero.
Los tres años para mi, son más que simbólicos. Fue la misma edad a la cual aprendí a leer y a escribir, a hacer las operaciones básicas. Fue también, la edad de la cual tengo mis primeros recuerdos. Por ello, tal vez, siempre he tenido tres años. Y más en la masonería.
Dice un viejo proverbio argentino que aprendiendo de lo ajeno, se construye lo propio. Incontables horas le he dedicado a la Or:. He leído muchos libros y entendido apenas pocos párrafos. He asistido a muchas tenidas, pero conservo pocas luces. Muchos me reconocen como tal, pero pocos me conocen tal como soy. Ciertamente, mis vastos defectos y enemigos han aflorado durante el sendero. Cómo conocerlos sin transitar por este camino. La masonería se ha convertido en una compañera de mi vida, en parte de mí, e imperceptiblemente le he cobrado mucho cariño a esta actividad.
Un estudio que cité hace algunos ayeres, dice que nadie ha hecho algo que valga la pena sin haberle dedicado al menos, 10 años a tal obra. Hemos tenido muchas otras opciones, pero estoy aproximándome a esa edad. Tal vez sea momento de aportar, no de extraer y nutrirme de lo que me convenga, como muchos masones light hacen. He encontrado amigos aquí dentro, algunos amigos de fuera, han entrado.
Sin más, les platico una reseña de mi carrera – carrera contra qué, o contra quién- masónica, con ánimos de compartir lo que he visto y vivido con una óptica de aprendiz de masón.
En el 2000 se me hizo iniciar. JRM hubiera sido mi madre Logia, la cual dejé de considerar por irme a una donde a otro Q:.H:. si lo aceptaran: C62. Asumí a la amistad como el sendero individual. Nos entrevistaron en conjunto, junto a un ajedrez gigante.
Creo que me hizo daño darme cuenta que, en contraste con lo que leí en “Los Grandes Iniciados” u otras obras de consulta rigurosa, los masones no duraban toda su vida en obtener grados, sino que personajes asaz oportunistas conseguían escalar rápidamente.
2001. Me concentré en el Trab:. Como Apr:. WH me apoyó, logré conseguir el aumento de salario tras un examen incierto. Me dijeron que ya no tenía tres años… y comencé a creerlo.
2002. Fui exaltado al grado de Maestro, en una ceremonia emotiva. Me sirvió para entender que se puede ser maestro y ser aprendiz al mismo tiempo. Sin embargo, ahí comenzó la angustia. Una vez más, mi edad se modificó. Maestro, de quién? Para quién? Nadie me reconoció como me lo hubiera imaginado. Mientras tanto, parecía olvidárseme que seguía teniendo 3 años.
2003, entré a los grados filosóficos, recomendado por FL, a quien no volví a ver en esos escenarios, en mucho tiempo. Hermosas ceremonias, en las cuales aprendí poco, muy poco. Los años, con los grados se siguieron incrementando. La antigüedad un poco, la madurez quien sabe.
2004, fui elegido como Secr:. Fui propuesto como Pres:. de la Gr:. Com:. de Grupos AJEF. Fui, asimismo, Pr:. Vig:. de la R:. L :. S:. C62 . Demasiados honores para tan pocas luces. La pregunta se hacía cada vez más fuerte: Esto para qué sirve? Una voz me dijo: te falta ser asertivo, no lo comprendí sino mucho después, aunque tal vez no lo he terminado de asimilar.
Ahí, inmerso en ese mar de símbolos complejos, embadurnados y cuasialeatoriamente colocados, contemplé que no todos buscaban la iniciación.
2005, entré al Sob:. Cap:. Ros:. V86. Aprendí varias cosas. Conocí a AA, quien con su mirada penetrante, maliciosa y cansada, me impregnó de alegría en aquel instante, al verlo opulento, sin duda, en buena medida, por lo que abrevó de la Orden.
Fue un grado hermoso, que me hizo retomar el gusto por la esencia de la masonería, por esa que dicen se esconde tras el secreto masónico.
En verdad parecía desear ingresar a este Cap:. Lamentablemente, la urgencia por recibir grados me alejó de trabajarlo cual debe de ser. Hasta la fecha, la falta de congruencia de los demás, me ha servido de parapeto para comprometerme a trabajar ese grado.
La edad masónica ya rebasaba por mucho mi edad profana, sin embargo
2006. Fui V:.M:. de la R:.L:. S:. C62. En particular, recuerdo mucho el acto del bicentenario de Juárez, que una vez terminado, celebramos nuestro aniversario en un muy concurrido evento. Fue bueno organizar algo, la “Raza de Bronce” me cimbró por completo.
Ahora, qué pensará Juárez ante tan engolados homenajes, vistos desde el Et:. Or:. y que incluso celebramos el día nacional de la Masonería en la misma fecha en que él se inició. Adular al hermano es antimasónico, y se realiza con cotidianeidad.
Me concedieron el honor de convertirme en Cab:. Kad:., con una edad que difícilmente mi cuerpo físico alcanzará en este plano existencial.
2007. Estuve como Gr:. Sec:. Me empecé a dar cuenta de la gran cantidad de trabajos que hacemos los masones en los cuales no hay palabras ni pensamientos propios, ni una opinión vertida. Muchas ceremonias no las comprendí. Las sombras de la venganza aparecían constantemente en C62, no había cómo sustraerse de ello. En un afán de conservación de un grupo que podría derrumbarse, refundamos este taller.
2008 Fui investido como Gr:. Sec:. Tit:., por unanimidad de una Gran Asamblea. Después entendí que no vale mucho tal aclamación. Me volvieron a elegir Sap:. M:. de la S:.L:.C:. de Perf:. “R95. Que curioso, veo a la distancia. Tal vez nunca comprendí lo que era ser iniciado, pero ya estaba figurando como el encargado de resguardar la historia reciente de la masoneria de la entidad.
En el 4 -14, estuve en paz con R95, lo suficiente como para decir que le devolví lo que me brindó. Por ello, anuncio mi retiro con un año de anticipación.
2009. Me cambié de taller en el grado 30. Regresé a escribir trazados. Logré escribir 16 para MO, lo cual me dio mucha alegría, a pesar de todos los traspiés del año.
Mi vida cambió mucho en estas épocas, lo cual ayudó a darme cuenta de lo apegado que me encontraba a la masonería, y que, en cierta forma, convertí a la Or:. en una especie de “pluma de Dumbo”, que me permitía aterrizar mi pensamiento y conducta. Lograr ser consciente de ello fue materia de muchas cavilaciones.
Trabajé en otro Or:. sin más pretensiones que ser guardatemplo. Llevé algunos trabajos, sin pena ni gloria, en realidad. Faltó más fuerza y firmeza al recorrer el camino, para lograr terminarlo.
Entendí mucho de la impulsividad con la cual trabajé tanto masónica como profanamente, sin preparar las cuestiones, basándome mucho en una intuición plenamente mermada por el ego. En cierta medida, tal desequilibrio se manifestó finalmente.
Tal vez una de las mejores lecciones que me quedaron de este año, fueron en la última tenida en la cual estuve presente en ese ciclo, en la que interpreté a un fantasma del pasado que persigue a los masones exhortándolos en la cámara de reflexiones respecto a dominar sus vicios e imperfecciones, tal y como lo describe Charles Dickens en su Cuento de Navidad. Finalmente, ese año no tuve cena de solsticio. Tal vez la renovación aun no llega, sigo en los días oscuros, esperando el retorno del sol invicto, que señale que he retomado mi sendero espiritual.
2010. En este año presenté mi solicitud para ser exaltado al 32º.
Mi vida profana cuenta mucho en mi nueva logia del filosofismo. Nadie es profeta en su tierra, dicen, y parece que mi llegada a este nuevo cuerpo, ha sido a tambor batiente, me consideran mucho y me respetan por la trayectoria. Nada más lejos de lo mejor para mí.
Es necesario que lleguen aquellos que nos hagan hacer lo que mejor sabemos, y en esta ocasión, quien ha arribado a mi vida es la motivación impersonal por seguir en la masonería, a pesar de haber bebido de los líquidos amargos y dulces en abundancia. Mi edad, se modificará una vez más. Pero esta vez, no cederé: yo tengo tres años.
Me propuse entregar al menos 20 Ttraz:. en la R:.L:.S:. MO y asistir al menos el 75% de las sesiones. Espero cumplir con eso. Ni hablar, los derechos se ganan. Hay que trabajar para tenerlos.
Tal vez lento, tal vez a destiempo. Siempre dudando de todo, evitando dudar de la duda, aceptándola como propia.
Las lecciones, son muchas, entre las principales, ser más asertivo, saber hasta dónde y por qué hago las cosas. No todo el que se dice tu hermano es tu amigo. Existen Caín y Abel, y podríamos desconocer si cazamos, recolectamos o portamos una quijada de burro.
Temporalmente tal vez dejen de ser verdaderos mis derechos masónicos, pero mis deberes estarán en mi conciencia siempre, para motivarme o reprenderme, y normarán mi conducta. Por ello, pienso que de la masonería solamente me separará el olvido. Sólo cuando nos conozcamos a nosotros mismos, lograremos ser quienes estamos llamados a serlo, al menos conscientemente.
Por ello, sé que de nueva cuenta, quiero aprender a tener tres años, a conocer las primeras letras, a escribirlas y a tomar las herramientas necesarias para desarmar mi bicicleta, fundiendo mi presente en el crisol de la memoria, para que sean frescos de nuevo, y que los rostros que me rodean, sean mis primeros recuerdos. Y sembrar esa semilla que crecerá como en un frasco con algodón, que tal vez, si no se le transplanta a tiempo a tierra fértil, morirá de inanición.
Tal vez no aspiro a ser como el águila que se renueva, sino a ser una semilla que echa raíces, hasta crecer y brindar la sombra que tanto aprecié y me cobijó durante el tiempo que tuve tres años, sin saberlo. Los ojos no pueden ver lo que no está en la mente.
A la vez, asumir que estoy maduro para seguir adelante, libre de preocupaciones.
Es cuanto.
Frat:.
jueves, 31 de diciembre de 2009
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
