Sobre la Conciencia en la Seg.·. Cam.·.
Comparto
estas reflexiones sobre un umbral que la mayoría de nosotros atravesamos hace
ya tiempo, pero que, sin embargo, rara vez volvemos a mirar con la atención que se
merece: el tránsito de la Pr.·. a la Seg.·. Cam.·. desde el Rit .∙. de recepción del Apr.·., así como
lo que ese tránsito significa para el nacimiento de la conciencia, entendida no
como facultad abstracta, sino como estado concreto de alerta y de presencia.
Antes de que el Prof.·. cruce el umbral del Temp.·., permanece a solas en la Cam.·. de Refl.·.: un espacio cerrado, oscuro. salvo por una vela, en el que conviven la calavera, el reloj de arena, el pan y el agua, la sal y el azufre, y la hoja en blanco donde ha de redactar su Test.·. Fil.·. Esa Pr.·. Cam.·. no busca acelerar, sino detener. Es un espacio diseñado para suspender el tiempo ordinario del Prof.·., sí, aquel del reloj, del oficio y la prisa, para sustituirlo por un tiempo lento y vertical: la pregunta por la propia muerte, la vanidad y la ignorancia. Allí la conciencia apenas despierta; se limita a percibir, con extrañeza, que algo en la vida cotidiana ha quedado suspendido.
Pero
el Rit.·. no se detiene ahí. El candidato, tras redactar su testamento, es
conducido, vendado, descalzo, desprovisto de metales, a través de una serie de
viajes que lo introducen, finalmente, en el Temp.·. mismo, que es, en sí, una
Seg.·. Cam.·. en la cual ocurre el verdadero Trab.·. que la Mon.·. del Pr.·.
Gr.·. describe con una precisión que conviene releer despacio:
"Sembrar
la duda Fil.·. en el espíritu del iniciado, haciéndole tocar con el dedo la
esclavitud en que ha vivido, despertando en su corazón el sentimiento de su
propia dignidad, e impulsándolo al estudio de la verdad, libre de
preocupaciones."
Sembrar
la duda Fil.·. no es sembrar confusión ni angustia, sino interrumpir la certeza
automática con la que el Prof.·. habita el mundo. La Pr.·. Cam.·. detuvo el
reloj exterior; la Seg.·. Cam.·. comienza a remover el reloj interior, el
hábito mental que da todo por sabido. La duda, aquí, no es escepticismo
estéril: es la Pr.∙. forma activa de vigilancia. Solo quien duda de lo que
creía evidente empieza a mirar con atención lo que antes miraba sin ver. Este
es el instante exacto del REALIZAR: el candidato, todavía vendado, atraviesa el
Temp.·. guiado por otros. Es en esa dependencia forzosa, al no poder ver y no
poder controlar el propio paso donde se produce el Pr .∙. contacto consciente con la propia
vulnerabilidad. La oscuridad provocada por la venda revela, por contraste, que
hasta ese momento se había vivido con los ojos abiertos, pero con la conciencia
cerrada.
Hacerle
tocar con el dedo la esclavitud en que ha vivido es una expresión notable,
porque no dice "hacerle comprender" ni "explicarle", sino
tocar con el dedo: hacer experiencia corporal, sensorial, inmediata, de una
condición hasta entonces solo abstracta o ni siquiera eso. La Cer .∙. de Inic .∙. instruye mediante el cuerpo en
movimiento, la respiración contenida y el equilibrio precario del que camina
sin ver. Es una pedagogía de la presencia: no se puede pensar en el pasado ni
proyectarse en el futuro cuando el cuerpo entero está ocupado en no tropezar.
Por diseño Rit .∙.,
la Cer .∙. de Inic .∙. obliga literalmente al candidato a
estar aquí y ahora, porque cualquier otro estado de conciencia: nostalgia,
ansiedad o distracción pondría en riesgo su propio equilibrio físico. La alerta
corporal se convierte, en ese instante, en la puerta de entrada a la alerta
espiritual.
Despertar
en su corazón el sentimiento de su propia dignidad introduce el Seg .∙. movimiento, el de la COMPRENSIÓN.
No basta con haber sentido, en el cuerpo, la propia fragilidad y esclavitud;
ese sentir debe transformarse en un principio estable: la dignidad como
reconocimiento interior de que se es portador de un valor que no depende de
metales, títulos ni posesiones, recuérdese que precisamente los metales quedan
fuera de la Cer .∙.
de Inic .∙. al ser
despojados antes de entrar. Así entendida, la Cer .∙. de Inic
.∙. es el lugar donde la conciencia deja de ser mera sensación de
extrañeza, propia de la Pr.·. Cam.·., para convertirse en juicio: el candidato
empieza a discernir, aunque todavía veladamente, entre lo que en su vida
anterior era prestado y lo que le pertenece de manera inalienable.
Finalmente,
impulsarlo al estudio de la verdad, libre de preocupaciones, apunta ya hacia el
DOMINIO y la DIRECCIÓN que se cultivarán en los Ggr.·. sucesivos, pero que aquí
solo se siembran como intención. La Inic.·. no entrega la verdad, sino que
inyecta el impulso hacia ella, y sobre todo una condición: la libertad respecto
de las preocupaciones, que es, en sí
misma, una definición operativa del estar presente. Preocuparse,
etimológicamente, es "ocuparse antes" (prae-occupare): ocupar la
mente con lo que aún no ha sucedido. Liberar al candidato de las preocupaciones
es liberarlo del futuro imaginado y del pasado no resuelto, para devolverlo al
único territorio donde puede realmente actuar: el instante presente de su
propio paso, vendado, dentro del Temp.·.
Conviene
detenerse también en la palabra misma, conciencia, del latín cum scientia,
"saber junto con", "saber acompañado". La pregunta que cabe
hacerse en la Seg.·. Cam.·. es: ¿acompañado de qué o de quién? En la Cam.·. de
Rrefl .∙., el Prof.·.
estaba acompañado solo de los símbolos de su propia finitud —la calavera, el
reloj de arena—; un saber solitario, casi mineral. En la Cer.·. de Inic.·., en
cambio, el candidato ya no está solo: es conducido por Hh.·. que no ve,
sostenido por manos que no reconoce, guiado por una voz que le exige jurar
sobre las tres Ggr.·. luces. La conciencia, en su tránsito hacia el Ara, deja
de ser un saber en soledad frente a la muerte y se convierte en un saber
compartido, sostenido por otros, aunque él mismo aún no pueda verlos. Es, si se
permite la imagen, el primer ensayo de la Frat.·.: la conciencia individual
empieza a despertar precisamente porque se apoya, sin saberlo del todo, en una
conciencia colectiva que la sostiene y la vela.
Esto
explica por qué la Mon.·. insiste en la vigilancia incluso antes de nombrarla
explícitamente: toda la Arq.·. de la Cer.·. de Inic.·.: el silencio impuesto,
la incertidumbre del paso y la imposibilidad de anticipar lo que vendrá está
calculada para que la conciencia del candidato no pueda dispersarse. No hay
margen, en ese tránsito, para pensar en otra cosa que no sea el instante
inmediato. Esa concentración forzada, esa alerta involuntaria, prepara el
terreno para el momento culminante: la caída de la venda y la recepción de la
Luz. Y, sin embargo, la Mon.·. nos recuerda que el verdadero objeto del Gr.·.
no es la Luz en sí misma, sino la duda Fil.·. que la precede y la dignidad que
la acompaña.
Lo dicho hasta aquí describe la Cer.·. de Inic.·. desde la Mon.·. del Apr.·. Pero ese impulso hacia la verdad, libre de preocupaciones, con que cierra el Pr.·. Gr.·., no queda suspendido en el aire. La Mon.·. del Seg.·. Gr.·., la del Comp.·., nos dice con precisión notable en qué consiste ese impulso una vez que empieza a tomar forma:
"Generación,
no creación. Dulzura como medio de la generación. Los Ttrab.∙. tienen por
objeto hacer que el Inic .∙.
conozca bien las facultades intelectuales y morales de que está dotado, y los
medios mejores y más adecuados para utilizarlas debidamente, tanto desde el
punto de vista intelectual, cuanto desde el punto de vista físico."
La
Seg.·. Cam.·. del Pr.·. Gr.·. entrega el impulso; la Mon.·. del Seg.·. Gr.·.
entrega el método. Entre ambos textos existe una continuidad que el Rit.·.
insinúa pero que rara vez explicitamos.
Generación,
no creación. La distinción no es ociosa. Crear, en el sentido fuerte —creatio
ex nihilo— implica un acto instantáneo que hace surgir algo donde antes no
había nada. Generar, del latín generare, "engendrar a partir de una
semilla ya existente", implica un proceso: algo que ya estaba en potencia
se despliega en el tiempo hasta alcanzar su forma. Aplicada a la conciencia, la
distinción es de una precisión asombrosa: la Seg.·. Cam.·. no crea la
conciencia del candidato de la nada —el Prof.·. ya poseía, antes de ingresar al
Temp.·., facultades intelectuales y morales, solo que dormidas—. Lo que allí
ocurre es un acto de generación: se despierta una semilla ya presente, y ese
despertar: la duda, el tacto de la propia esclavitud y el sentimiento de dignidad
es apenas el Pr .∙.
instante de un proceso que continuará, Gr.·. tras Gr.·. Por eso el REALIZAR de
la Seg.·. Cam.·. no puede entenderse como un chispazo aislado y suficiente en
sí mismo, sino como el Pr .∙.
brote visible de un proceso que exige continuidad: el candidato no "ya
tiene" conciencia plena; apenas ha generado su Pr .∙. célula.
Dulzura
como medio de la generación. La Mon.·. del Pr.·. Gr.·. hablaba de "hacer
tocar con el dedo la esclavitud": una pedagogía dura, de privación y
contraste —venda, descalzamiento, incertidumbre del paso— que hace sentir la
falta para que se desee la Luz. La Mon.·. del Seg.·. Gr.·. introduce un
principio complementario: la dulzura. Si en la Seg.·. Cam.·. la conciencia se
generó por el choque, en el Comp.·. ese mismo proceso se sostiene por un medio
suave: ya no el sobresalto de la privación, sino el cultivo paciente y gradual
de las facultades ya despertadas. Es la diferencia entre el golpe que rompe la
cáscara de la semilla y el agua, la luz y el tiempo que hacen crecer, después,
el brote. La Seg.·. Cam.·. fue el golpe necesario; el Seg.·. Gr.·. es ya el
cultivo. Y esto matiza algo importante: la alerta y la presencia que se
instalan en el Apr.·. mediante urgencia corporal, no tropezar, no ver y
depender del guía, son legítimas y necesarias para el REALIZAR inicial, pero no
pueden sostenerse indefinidamente como método, porque el sobresalto agota la
conciencia en vez de cultivarla.
Conocer
las facultades. El corazón de la Mon.·. del Seg.·. Gr.·., conocer bien las
facultades intelectuales y morales, y los medios adecuados para usarlas,
representa el tránsito del REALIZAR hacia el COMPRENDER. En la Seg.·. Cam.·. la
conciencia que se genera es todavía indiferenciada: el candidato siente, de
golpe, que algo ha cambiado, sin saber aún qué facultades concretas posee ni
cómo emplearlas. El Seg.·. Gr.·. viene a poner orden en esa indeterminación. La
escalera de caracol de cinco peldaños, símbolo central del Gr .∙. es cardinal: cada peldaño obliga a
detenerse en un sentido y a preguntarse por su uso correcto. La conciencia
difusa de la Seg.·. Cam.·. se vuelve, peldaño a peldaño, conciencia discernida.
Y la Mon.·. subraya un matiz que conecta ambos Gr.·.: esas facultades deben
emplearse "tanto desde el punto de vista intelectual, cuanto desde el
punto de vista físico". No basta la introspección abstracta; el
conocimiento de las propias facultades debe traducirse en un uso correcto
también en el plano corporal, justamente la misma vía por la que, en la Cer .∙. de Inic.·., la conciencia se
generó a través del paso vendado, la respiración contenida y el equilibrio
precario. El Seg.·. Gr.·. refina esa vía corporal, por lo que, el Comp.·.
aprende a gobernar con destreza el propio cuerpo como instrumento consciente de
trabajo, tal como aprende a manejar la Reg
.∙. y las demás Hher .∙.
del oficio.
La
Cer .∙. de Inic.·. admite
entonces una lectura doble. Es, por un lado, el espacio ritual donde la
conciencia se genera por primera vez mediante la duda, la vulnerabilidad
aceptada y la confianza fraterna: el REALIZAR en su forma más pura y súbita. Y
es, por otro lado, vista ya desde la Mon.·. del Seg.·. Gr.·., el primer eslabón
de un proceso de generación —no de creación— que continuará de manera dulce,
paciente y metódica, hasta que el candidato, convertido en Comp.·., sepa
nombrar con precisión qué facultades posee y cómo ejercerlas bien. El
estar-aquí-y-ahora forzoso de la Seg.·. Cam.·. es solo el primer fotograma de
una película más larga: la verdadera maestría de la presencia, esa que se
dirige y se sostiene, no la que simplemente ocurre por necesidad, la cual se
construye después, con dulzura, peldaño a peldaño, facultad por facultad.
Ningún
jardinero pretende que la semilla se convierta en árbol por la sola fuerza del Pr .∙. golpe de azada. De igual modo,
ningún Mas.·. debería creer que la conciencia despertada en la Seg.·. Cam.·.
basta por sí sola. Lo que allí se genera —no se crea— reclama, Gr.·. tras
Gr.·., el mismo cuidado dulce y constante que la Mon.·. del Comp.·. nos exige:
conocernos, con precisión y sin prisa, para poder finalmente dirigir bien lo
que, en nosotros, aquella noche, apenas comenzaba a nacer.
“Labor Omnia
Vincit”
Or .·.
de Morelia, Michoacán, a 02 de septiembre 2026, E .·. V .·.
MDP, M.∙. Mas.∙.
¡Es Cuanto!




