jueves, 10 de septiembre de 2026

El Homo Symbólicus

 El Homo Symbólicus

 

Antes de ser Mas.·., el hombre Prof.·. es apenas lo que Aristóteles llamó animal rationale: un ser que reacciona ante el mundo, que lo percibe y lo padece, pero permanece ajeno a habitarlo simbólicamente. Ernst Cassirer nos enseñó que tal definición resulta insuficiente para explicar la totalidad de la experiencia humana. El hombre vive, siempre, mediado por un universo de Ssimb.·.: mito, lenguaje, arte, ciencia e historia interponen entre él y las cosas una densa red de sentido. A ese ser, Cassirer lo llamó animal symbolicum; nosotros preferimos nombrarlo Homo symbolicus.




El Homo symbolicus permanece ajeno al mundo Prof.·. en su origen. Nace exactamente aquí, en la Pr.·. Cam.·., en el instante mismo en que el neófito cruza el umbral y descubre que todo cambia de sentido. La Esc.·. deja de ser instrumento de albañil para volverse rectitud; el Comp.·. deja de ser instrumento de trazo para volverse límite moral; la P.·. deja de ser roca para volverse conciencia por desbastar. Ese tránsito, de la cosa a su sentido, es precisamente el nacimiento del Homo symbolicus.

Es importante definir el origen Fil.·. de esta doctrina, pues su trazo conceptual ilumina de manera singular la propia Arq.·. del Rit.·. Ernst Cassirer, nacido en Breslau en 1874 y fallecido en Nueva York en 1945, se formó en la escuela neokantiana de Marburgo bajo el magisterio de Hermann Cohen. Su empresa filosófica consistió en extender la crítica trascendental kantiana, originalmente confinada al campo estrecho de la razón científica pura, hacia la totalidad de la cultura humana: el mito, la religión, el arte, el lenguaje y la ciencia comparten, para Cassirer, una misma raíz funcional, aquella por la cual la conciencia humana configura activamente su mundo mediante Ssimb .·.

Esta empresa culminó en su obra mayor, Philosophie der symbolischen Formen, publicada originalmente en alemán en tres extensos volúmenes a lo largo de la década de 1920 (Cassirer, 1923/1953, 1925/1955, 1929/1957). El primer volumen examina el Lenguaje como forma simbólica primordial, aquella por la cual el sonido articulado deviene concepto compartido. El segundo volumen se consagra al Pensamiento Mítico, la forma más antigua y afectivamente densa de la conciencia simbólica, donde el mundo aparece dotado de intención y sacralidad antes de cualquier análisis racional. El tercer volumen, titulado Fenomenología del Conocimiento, culmina el edificio examinando cómo la percepción misma, el conocimiento científico y la conciencia del yo se estructuran simbólicamente. Es justamente en este tercer volumen donde Cassirer acuña uno de sus conceptos más fértiles para nuestra reflexión: la symbolische Prägnanz, la preñez simbólica, mediante la cual sostiene que toda percepción llega ya cargada de sentido, embarazada de significación, sin que se requiera un acto ulterior de interpretación añadida desde fuera.

Adviértase la resonancia providencial entre este concepto cassireriano y la fórmula misma de nuestra Mon.·. Si la percepción está, según Cassirer, preñada de Simb.·. desde su origen mismo, entonces la tarea del Apr .·. consiste exactamente en dar a luz, mediante el Trab.·. viril del Cinc.·., aquella preñez que la P.·. Br .·. ya contenía en su seno. La generación cassireriana de sentido y la generación Mas.·. de la P.·. trabajada comparten idéntica estructura: ambas suponen una preñez previa que el Trab.·. activo hace nacer, jamás una creación arbitraria surgida de la nada.

Casi dos décadas después, ya exiliado en los Estados Unidos a causa de la persecución nazi contra los intelectuales judíos de su generación, Cassirer sintetizó su vasto sistema en una obra breve y luminosa escrita directamente en inglés: An Essay on Man: An Introduction to a Philosophy of Human Culture, publicada en 1944 por la Universidad de Yale. Es precisamente en las páginas iniciales de este ensayo donde Cassirer formula, con la claridad de quien resume toda una vida de pensamiento, la sustitución de la vieja definición aristotélica animal rationale por la nueva fórmula animal symbolicum. Cassirer sostiene allí que la razón resulta un término muy inadecuado para abarcar las formas de la vida cultural humana en toda su riqueza y diversidad, pues mito, arte, lenguaje y religión escapan a los límites de la mera racionalidad discursiva, pero encuentran su denominador común bajo el término más amplio de Simb.·.

Resulta significativo, que ambas obras cumbre de Cassirer, la Filosofía de las Formas Simbólicas y el Ensayo sobre el Hombre, dialoguen de manera silenciosa con la Arq.·. misma de la Cam.·. de Apr.·. Los tres volúmenes de la obra mayor, Lenguaje, Mito y Conocimiento, encuentran un eco analógico en los tres Ggr .·. Ssimb .·.: el Apr.·. habita primero el territorio del mito y la revelación interior; el Comp.·. se apropia después del lenguaje mediante el estudio metódico de las ciencias liberales; el M.·. alcanza finalmente, en el drama de Hiram Abif, la fenomenología plena del conocimiento, aquella donde la vida y la muerte se revelan como estructuras últimas del sentido. El Homo symbolicus del Rit.·. recorre, así, sin saberlo acaso, el mismo itinerario que Cassirer trazó para la conciencia humana entera.

Aquí es donde la Mon.·. del Pr.·. Gr.·.  nos entrega la llave para comprender qué tipo de nacimiento es éste. Dice el V.·.H.·. Jaime Ayala Ponce: "Generación y no creación.". La distinción está lejos de ser ornamental, es el fundamento mismo de toda la antropología Simb .·. del Rit.·.

Crear, en el sentido teológico clásico, consiste en hacer surgir algo de la nada, ex nihilo, por un acto de voluntad absoluta que prescinde de materia previa y de proceso. Generar, en cambio, del latín generare, emparentado con genus, "linaje, especie, origen", consiste en hacer surgir algo a partir de algo, mediante un proceso, una transmisión, una continuidad viva entre lo que ya existía y lo que llega a ser. El Homo symbolicus del Pr.·. Gr queda lejos de ser creado de la nada por el Rit.·.: está generado a partir de la P.·. Br.·. que el aspirante ya trae consigo. La P.·. Br.·. permanece siendo la misma P.·.; se transforma ella misma, trabajada, desde dentro de su propia sustancia. Así también el Prof.·. se transfigura en Apr.·., jamás fabricado desde el vacío, conservando su misma sustancia humana, pero, ahora, orientada ahora hacia el sentido.

Esta es la Pr.·. lección antropológica que el Rit.·. ofrece al Homo symbolicus: su capacidad de simbolizar careció siempre de imposición externa como don ajeno; antes bien, fue generada desde una potencia que ya dormía en él. Cassirer diría, siguiendo la lógica de su segundo volumen dedicado al Pensamiento Mítico, que la Forma Mítica y Religiosa, la más antigua y poderosa de las Formas Simbólicas, se abstiene de inventar el mundo sagrado: lo revela como aquello que el mundo Prof.·. ya contenía en germen, oculto bajo la costra de la materialidad. Por ello la Cam.·. de Refl.·., con su V.·.I.·.T.·.R.·.I.·.O.·.L.·., invita al aspirante a descender a su propio interior (Visita Interiora Terrae) para encontrar allí, ya generada, la P.·. oculta que rectificará su vida entera.

El segundo término de la Mon.·. complementa el sentido del primero: "Virilidad como causa de la generación." Virilidad, del latín virilitas, de vir, "varón, hombre en su plenitud de fuerza y potencia", designa aquí, lejos de un atributo meramente biológico, la capacidad activa y fecunda de dar origen a algo distinto de sí mismo sin dejar de ser uno mismo. Es la fuerza generativa por excelencia, aquella sin la cual la generación sería mera posibilidad estéril.

Trasladada al lenguaje del Homo symbolicus, la virilidad configura la potencia simbolizante misma: la facultad activa por la cual el ser humano se abstiene de recibir pasivamente los símbolos de su cultura, como recibiría el clima o el paisaje y en cambio los engendra, los produce, los hace nacer desde su propia inteligencia. Cassirer insistía, en el tercer volumen de su obra mayor, en que el símbolo dista de ser un mero rótulo pegado a la realidad; constituye una función activa del espíritu humano, aquella misma función reina de lo humano mediante la cual la conciencia configura, jamás copia, el mundo que habita. El hombre, lejos de describir el mundo, lo constituye simbólicamente. Esa es su virilidad ontológica, la fuerza viril de toda conciencia Simb.·.




Por eso la Mon.·. del Apr.·. prefiere hablar de generación por virilidad antes que de creación por revelación pasiva: el Pr.·. Gr.·. se abstiene de entregar al neófito Ssimb.·. ya hechos para que los memorice como quien aprende un catecismo. Le exige que los engendre activamente en su interior mediante el Trab.·., la reflexión y el desbaste. El mandil blanco de piel de cordero simboliza, lejos de reintegrarle al recién Inic.·. inocencia recibida sin esfuerzo, su consagración para con el Trab.·. viril, constituyendo entonces la pureza que se conquista y jamás la que se hereda gratuitamente.

Todo el simbolismo operativo del Pr.·. Gr.·. gira alrededor del desbaste de la Pr.·. Br.·. como acto generativo y viril. La P.·. Br.·. escapa a ser víctima de la destrucción cometida por el Cinc.·.; porque debe comprenderse que, con su cambio físico queda fecundada por él. Más aún: cada golpe de Mal.·. se abstiene de crear una forma nueva desde la nada: revela, genera desde dentro, la forma cúbica que la P.·. ya contenía en potencia, tal como el escultor clásico decía liberar la figura que dormía dentro del mármol. El Homo symbolicus del Pr.·. Gr.·. aprende así su Pr.·. y más honda lección epistemológica: el sentido jamás se recibe hecho; se genera con esfuerzo viril desde una materia que ya lo contenía en germen.

Los tres golpes con que se anuncia al recipiendario, la letra B.·. , el viaje pasando por Or.·. y el silencio Rit.·. que se le impone al Apr.·.,  quien según la tradición debe ver, oír y callar, constituyen actos de generación Simb.·.: el neófito se abstiene de recibir explicaciones creadas para él desde afuera; se le obliga a generar, con su propio Trab.·. interior, la comprensión de lo que observa. De ahí que la Mon.·. señale que los Trab.·.s del Gr.·. "tienen por objeto sembrar la duda Fil.·. en el espíritu del Inic.·. ". Sembrar, jamás imponer: la duda misma se comporta como semilla generativa, jamás como dogma creado de una vez para siempre.

Adviértase, además, que la fórmula alquímica V.·.I.·.T.·.R.·.I.·.O.·.L.·. (Visita Interiora Terrae, Rectificando Invenies Occultum Lapidem) constituye un programa generativo ajeno a lo creativo. Prefiere decir "rectificando, encontrarás la P.·. oculta" antes que "crea en tu interior una P.·. nueva": la P.·. permanece ahí, generada de antemano en la sustancia misma del aspirante y el Trab.·. del Apr.·. consiste únicamente en rectificar, en enderezar aquello que estaba torcido por la vida profana, hasta que la potencia viril que dormía en él logre generar su propia luz. Esta es la Pr.·. forma Simb .·. que Cassirer identifica como la más antigua: el Mito y la Religión se abstienen de inventar lo sagrado; lo descubren generándolo desde una intuición que la conciencia Prof.·. había mantenido dormida.

Esta lógica de generación viril, inaugurada en el Pr.·. Gr.·. gobierna silenciosamente toda la Pr.·. Cam.·.. En el Seg.·. Gr.·., el Comp.·. Mas.·. se abstiene de crear de la nada sus facultades intelectuales y morales: las genera, las hace fructificar, mediante el estudio metódico simbolizado en la escalera de caracol, aquella misma vía por la cual, siguiendo el primer volumen de Cassirer, el ser humano se apropia del Lenguaje como segunda gran Forma Simb .·. La Mon.·. del Comp.·. repite casi textualmente la fórmula del Apr.·. ("Generación, no creación; dulzura como medio de la generación"), sustituyendo la virilidad por la dulzura, pero conservando intacto el principio generativo: la delicadeza acompaña y perfecciona ahora aquello que la fuerza inicial puso en marcha.




En el Grado 3°, cuando el M.·. se enfrenta al drama de Hiram Abif, la Mon.·. culmina la tríada con la fórmula más honda: "La Vida y la Muerte como principio y fin de cuanto existe, como producto de la generación." La muerte misma, en el simbolismo Mas.·. se abstiene de ser creación de la nada o aniquilación definitiva: es el punto extremo del ciclo generativo, el instante en que la generación se revela como ley universal que ni siquiera la muerte interrumpe, pues de ella misma brota, generada, la Pal.·. sustituta que continúa el ciclo del sentido. Cassirer culminaba de manera semejante su tercer volumen, aquel dedicado a la Fenomenología del Conocimiento: la conciencia del yo, sostenía, alcanza su forma más plena únicamente cuando logra simbolizar su propia finitud, su propia muerte, transformándola en horizonte de sentido antes que en mero límite biológico.

Entonces, el Homo symbolicus que nace en la Pr.·. Cam.·. está, entonces, lejos de ser un ser fabricado por el Rit.·. desde la nada o un receptor pasivo de símbolos ajenos. Es, en el sentido más riguroso que la Mon.·. del Pr.·. Gr.·. nos permite y que las dos grandes obras de Cassirer confirman desde la filosofía de la cultura, un ser generado desde su propia potencia viril, capaz de engendrar sentido a partir de la materia Br.·. de su propia existencia. Que cada H.·. Apr.·. recuerde, cada vez que tome el Cinc.·. Simb.·., que jamás está creando algo ajeno a sí mismo: sino que está generando, con virilidad y Trab.·., al Homo symbolicus que ya dormía, como la forma en el mármol, dentro de la P.·. Br.·. que él mismo es; justo a lograrlo estamos avocados los Mmas .·.

 

F R A T E R N A L M E N T E

“Labor Omnia Vincit”

Or .·. de Morelia, Michoacán, a 09 de septiembre 2026,  E .·. V .·.

 

 

 

MD




P,  M.∙. Mas.∙. 
 

 

¡Es Cuanto!


REFERENCIAS

Ayala Ponce, J. J. (s.f.). Mónita de los 33 grados: Compendio de la mónita secreta de los 33 Ggr.·. del R.·. E.·. Antiguo y Aceptado. Organización Mas.·. Mexicana, Supremo Consejo.

Cassirer, E. (1944). An essay on man: An introduction to a philosophy of human culture. Yale University Press.

Cassirer, E. (1953). The philosophy of symbolic forms, Volume 1: Language (R. Manheim, Trans.). Yale University Press. (Obra original publicada en 1923)

Cassirer, E. (1955). The philosophy of symbolic forms, Volume 2: Mythical thought (R. Manheim, Trans.). Yale University Press. (Obra original publicada en 1925)

Cassirer, E. (1957). The philosophy of symbolic forms, Volume 3: The phenomenology of knowledge (R. Manheim, Trans.). Yale University Press. (Obra original publicada en 1929)

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