El Homo Symbólicus
Antes de ser Mas.·., el hombre Prof.·. es apenas lo que
Aristóteles llamó animal rationale: un ser que reacciona ante el mundo, que lo
percibe y lo padece, pero permanece ajeno a habitarlo simbólicamente. Ernst
Cassirer nos enseñó que tal definición resulta insuficiente para explicar la
totalidad de la experiencia humana. El hombre vive, siempre, mediado por un
universo de Ssimb.·.: mito, lenguaje, arte, ciencia e historia interponen entre
él y las cosas una densa red de sentido. A ese ser, Cassirer lo llamó animal
symbolicum; nosotros preferimos nombrarlo Homo symbolicus.
El Homo symbolicus permanece ajeno al mundo Prof.·. en su
origen. Nace exactamente aquí, en la Pr.·. Cam.·., en el instante mismo en que
el neófito cruza el umbral y descubre que todo cambia de sentido. La Esc.·.
deja de ser instrumento de albañil para volverse rectitud; el Comp.·. deja de
ser instrumento de trazo para volverse límite moral; la P.·. deja de ser roca
para volverse conciencia por desbastar. Ese tránsito, de la cosa a su sentido,
es precisamente el nacimiento del Homo symbolicus.
Es importante definir el origen Fil.·. de esta doctrina,
pues su trazo conceptual ilumina de manera singular la propia Arq.·. del Rit.·.
Ernst Cassirer, nacido en Breslau en 1874 y fallecido en Nueva York en 1945, se
formó en la escuela neokantiana de Marburgo bajo el magisterio de Hermann
Cohen. Su empresa filosófica consistió en extender la crítica trascendental
kantiana, originalmente confinada al campo estrecho de la razón científica
pura, hacia la totalidad de la cultura humana: el mito, la religión, el arte,
el lenguaje y la ciencia comparten, para Cassirer, una misma raíz funcional,
aquella por la cual la conciencia humana configura activamente su mundo
mediante Ssimb .·.
Esta empresa culminó en su obra mayor, Philosophie der
symbolischen Formen, publicada originalmente en alemán en tres extensos
volúmenes a lo largo de la década de 1920 (Cassirer, 1923/1953, 1925/1955,
1929/1957). El primer volumen examina el Lenguaje como forma simbólica
primordial, aquella por la cual el sonido articulado deviene concepto
compartido. El segundo volumen se consagra al Pensamiento Mítico, la forma más
antigua y afectivamente densa de la conciencia simbólica, donde el mundo
aparece dotado de intención y sacralidad antes de cualquier análisis racional.
El tercer volumen, titulado Fenomenología del Conocimiento, culmina el edificio
examinando cómo la percepción misma, el conocimiento científico y la conciencia
del yo se estructuran simbólicamente. Es justamente en este tercer volumen
donde Cassirer acuña uno de sus conceptos más fértiles para nuestra reflexión:
la symbolische Prägnanz, la preñez simbólica, mediante la cual sostiene que
toda percepción llega ya cargada de sentido, embarazada de significación, sin
que se requiera un acto ulterior de interpretación añadida desde fuera.
Adviértase la resonancia providencial entre este concepto
cassireriano y la fórmula misma de nuestra Mon.·. Si la percepción está, según
Cassirer, preñada de Simb.·. desde su origen mismo, entonces la tarea del Apr .·. consiste exactamente en dar a luz, mediante
el Trab.·. viril del Cinc.·., aquella preñez que la P.·. Br .·. ya contenía en su seno. La generación
cassireriana de sentido y la generación Mas.·. de la P.·. trabajada comparten
idéntica estructura: ambas suponen una preñez previa que el Trab.·. activo hace
nacer, jamás una creación arbitraria surgida de la nada.
Casi dos décadas después, ya exiliado en los Estados Unidos
a causa de la persecución nazi contra los intelectuales judíos de su
generación, Cassirer sintetizó su vasto sistema en una obra breve y luminosa
escrita directamente en inglés: An Essay on Man: An Introduction to a
Philosophy of Human Culture, publicada en 1944 por la Universidad de Yale. Es
precisamente en las páginas iniciales de este ensayo donde Cassirer formula,
con la claridad de quien resume toda una vida de pensamiento, la sustitución de
la vieja definición aristotélica animal rationale por la nueva fórmula animal
symbolicum. Cassirer sostiene allí que la razón resulta un término muy
inadecuado para abarcar las formas de la vida cultural humana en toda su
riqueza y diversidad, pues mito, arte, lenguaje y religión escapan a los
límites de la mera racionalidad discursiva, pero encuentran su denominador
común bajo el término más amplio de Simb.·.
Resulta significativo, que ambas obras cumbre de Cassirer,
la Filosofía de las Formas Simbólicas y el Ensayo sobre el Hombre, dialoguen de
manera silenciosa con la Arq.·. misma de la Cam.·. de Apr.·. Los tres volúmenes
de la obra mayor, Lenguaje, Mito y Conocimiento, encuentran un eco analógico en
los tres Ggr .·. Ssimb .·.: el Apr.·. habita primero el territorio del
mito y la revelación interior; el Comp.·. se apropia después del lenguaje
mediante el estudio metódico de las ciencias liberales; el M.·. alcanza
finalmente, en el drama de Hiram Abif, la fenomenología plena del conocimiento,
aquella donde la vida y la muerte se revelan como estructuras últimas del
sentido. El Homo symbolicus del Rit.·. recorre, así, sin saberlo acaso, el
mismo itinerario que Cassirer trazó para la conciencia humana entera.
Aquí es donde la Mon.·. del Pr.·. Gr.·. nos entrega la llave para comprender qué tipo
de nacimiento es éste. Dice el V.·.H.·. Jaime Ayala Ponce: "Generación y
no creación.". La distinción está lejos de ser ornamental, es el
fundamento mismo de toda la antropología Simb .·.
del Rit.·.
Crear, en el sentido teológico clásico, consiste en hacer
surgir algo de la nada, ex nihilo, por un acto de voluntad absoluta que
prescinde de materia previa y de proceso. Generar, en cambio, del latín
generare, emparentado con genus, "linaje, especie, origen", consiste
en hacer surgir algo a partir de algo, mediante un proceso, una transmisión,
una continuidad viva entre lo que ya existía y lo que llega a ser. El Homo
symbolicus del Pr.·. Gr queda lejos de ser creado de la nada por el Rit.·.:
está generado a partir de la P.·. Br.·. que el aspirante ya trae consigo. La
P.·. Br.·. permanece siendo la misma P.·.; se transforma ella misma, trabajada,
desde dentro de su propia sustancia. Así también el Prof.·. se transfigura en
Apr.·., jamás fabricado desde el vacío, conservando su misma sustancia humana,
pero, ahora, orientada ahora hacia el sentido.
Esta es la Pr.·. lección antropológica que el Rit.·. ofrece
al Homo symbolicus: su capacidad de simbolizar careció siempre de imposición
externa como don ajeno; antes bien, fue generada desde una potencia que ya
dormía en él. Cassirer diría, siguiendo la lógica de su segundo volumen
dedicado al Pensamiento Mítico, que la Forma Mítica y Religiosa, la más antigua
y poderosa de las Formas Simbólicas, se abstiene de inventar el mundo sagrado:
lo revela como aquello que el mundo Prof.·. ya contenía en germen, oculto bajo
la costra de la materialidad. Por ello la Cam.·. de Refl.·., con su
V.·.I.·.T.·.R.·.I.·.O.·.L.·., invita al aspirante a descender a su propio
interior (Visita Interiora Terrae) para encontrar allí, ya generada, la P.·.
oculta que rectificará su vida entera.
El segundo término de la Mon.·. complementa el sentido del
primero: "Virilidad como causa de la generación." Virilidad, del
latín virilitas, de vir, "varón, hombre en su plenitud de fuerza y
potencia", designa aquí, lejos de un atributo meramente biológico, la
capacidad activa y fecunda de dar origen a algo distinto de sí mismo sin dejar
de ser uno mismo. Es la fuerza generativa por excelencia, aquella sin la cual
la generación sería mera posibilidad estéril.
Trasladada al lenguaje del Homo symbolicus, la virilidad
configura la potencia simbolizante misma: la facultad activa por la cual el ser
humano se abstiene de recibir pasivamente los símbolos de su cultura, como
recibiría el clima o el paisaje y en cambio los engendra, los produce, los hace
nacer desde su propia inteligencia. Cassirer insistía, en el tercer volumen de
su obra mayor, en que el símbolo dista de ser un mero rótulo pegado a la
realidad; constituye una función activa del espíritu humano, aquella misma función
reina de lo humano mediante la cual la conciencia configura, jamás copia, el
mundo que habita. El hombre, lejos de describir el mundo, lo constituye
simbólicamente. Esa es su virilidad ontológica, la fuerza viril de toda
conciencia Simb.·.
Por eso la Mon.·. del Apr.·. prefiere hablar de generación
por virilidad antes que de creación por revelación pasiva: el Pr.·. Gr.·. se
abstiene de entregar al neófito Ssimb.·. ya hechos para que los memorice como
quien aprende un catecismo. Le exige que los engendre activamente en su
interior mediante el Trab.·., la reflexión y el desbaste. El mandil blanco de
piel de cordero simboliza, lejos de reintegrarle al recién Inic.·. inocencia
recibida sin esfuerzo, su consagración para con el Trab.·. viril, constituyendo
entonces la pureza que se conquista y jamás la que se hereda gratuitamente.
Todo el simbolismo operativo del Pr.·. Gr.·. gira alrededor
del desbaste de la Pr.·. Br.·. como acto generativo y viril. La P.·. Br.·.
escapa a ser víctima de la destrucción cometida por el Cinc.·.; porque debe
comprenderse que, con su cambio físico queda fecundada por él. Más aún: cada
golpe de Mal.·. se abstiene de crear una forma nueva desde la nada: revela,
genera desde dentro, la forma cúbica que la P.·. ya contenía en potencia, tal
como el escultor clásico decía liberar la figura que dormía dentro del mármol.
El Homo symbolicus del Pr.·. Gr.·. aprende así su Pr.·. y más honda lección
epistemológica: el sentido jamás se recibe hecho; se genera con esfuerzo viril
desde una materia que ya lo contenía en germen.
Los tres golpes con que se anuncia al recipiendario, la
letra B.·. , el viaje pasando por Or.·. y el silencio Rit.·. que se le impone
al Apr.·., quien según la tradición debe
ver, oír y callar, constituyen actos de generación Simb.·.: el neófito se
abstiene de recibir explicaciones creadas para él desde afuera; se le obliga a
generar, con su propio Trab.·. interior, la comprensión de lo que observa. De
ahí que la Mon.·. señale que los Trab.·.s del Gr.·. "tienen por objeto
sembrar la duda Fil.·. en el espíritu del Inic.·. ". Sembrar, jamás
imponer: la duda misma se comporta como semilla generativa, jamás como dogma
creado de una vez para siempre.
Adviértase, además, que la fórmula alquímica
V.·.I.·.T.·.R.·.I.·.O.·.L.·. (Visita Interiora Terrae, Rectificando Invenies
Occultum Lapidem) constituye un programa generativo ajeno a lo creativo.
Prefiere decir "rectificando, encontrarás la P.·. oculta" antes que
"crea en tu interior una P.·. nueva": la P.·. permanece ahí, generada
de antemano en la sustancia misma del aspirante y el Trab.·. del Apr.·.
consiste únicamente en rectificar, en enderezar aquello que estaba torcido por
la vida profana, hasta que la potencia viril que dormía en él logre generar su
propia luz. Esta es la Pr.·. forma Simb .·.
que Cassirer identifica como la más antigua: el Mito y la Religión se abstienen
de inventar lo sagrado; lo descubren generándolo desde una intuición que la
conciencia Prof.·. había mantenido dormida.
Esta lógica de generación viril, inaugurada en el Pr.·.
Gr.·. gobierna silenciosamente toda la Pr.·. Cam.·.. En el Seg.·. Gr.·., el
Comp.·. Mas.·. se abstiene de crear de la nada sus facultades intelectuales y
morales: las genera, las hace fructificar, mediante el estudio metódico
simbolizado en la escalera de caracol, aquella misma vía por la cual, siguiendo
el primer volumen de Cassirer, el ser humano se apropia del Lenguaje como
segunda gran Forma Simb .·. La Mon.·. del
Comp.·. repite casi textualmente la fórmula del Apr.·. ("Generación, no
creación; dulzura como medio de la generación"), sustituyendo la virilidad
por la dulzura, pero conservando intacto el principio generativo: la delicadeza
acompaña y perfecciona ahora aquello que la fuerza inicial puso en marcha.
En el Grado 3°, cuando el M.·. se enfrenta al drama de Hiram
Abif, la Mon.·. culmina la tríada con la fórmula más honda: "La Vida y la
Muerte como principio y fin de cuanto existe, como producto de la
generación." La muerte misma, en el simbolismo Mas.·. se abstiene de ser
creación de la nada o aniquilación definitiva: es el punto extremo del ciclo
generativo, el instante en que la generación se revela como ley universal que
ni siquiera la muerte interrumpe, pues de ella misma brota, generada, la Pal.·.
sustituta que continúa el ciclo del sentido. Cassirer culminaba de manera
semejante su tercer volumen, aquel dedicado a la Fenomenología del
Conocimiento: la conciencia del yo, sostenía, alcanza su forma más plena
únicamente cuando logra simbolizar su propia finitud, su propia muerte,
transformándola en horizonte de sentido antes que en mero límite biológico.
Entonces, el Homo symbolicus que nace en la Pr.·. Cam.·.
está, entonces, lejos de ser un ser fabricado por el Rit.·. desde la nada o un
receptor pasivo de símbolos ajenos. Es, en el sentido más riguroso que la
Mon.·. del Pr.·. Gr.·. nos permite y que las dos grandes obras de Cassirer
confirman desde la filosofía de la cultura, un ser generado desde su propia
potencia viril, capaz de engendrar sentido a partir de la materia Br.·. de su
propia existencia. Que cada H.·. Apr.·. recuerde, cada vez que tome el Cinc.·.
Simb.·., que jamás está creando algo ajeno a sí mismo: sino que está generando,
con virilidad y Trab.·., al Homo symbolicus que ya dormía, como la forma en el
mármol, dentro de la P.·. Br.·. que él mismo es; justo a lograrlo estamos
avocados los Mmas .·.
F R A T E R N A L M E N T E
“Labor Omnia Vincit”
Or .·. de Morelia, Michoacán, a 09 de septiembre 2026, E .·. V .·.
MD
P, M.∙. Mas.∙.
¡Es Cuanto!
REFERENCIAS
Ayala Ponce, J. J. (s.f.). Mónita de los 33 grados:
Compendio de la mónita secreta de los 33 Ggr.·. del R.·. E.·. Antiguo y
Aceptado. Organización Mas.·. Mexicana, Supremo Consejo.
Cassirer, E. (1944). An essay on man: An introduction to a
philosophy of human culture. Yale University Press.
Cassirer, E. (1953). The philosophy of symbolic forms,
Volume 1: Language (R. Manheim, Trans.). Yale University Press. (Obra original
publicada en 1923)
Cassirer, E. (1955). The philosophy of symbolic forms,
Volume 2: Mythical thought (R. Manheim, Trans.). Yale University Press. (Obra
original publicada en 1925)
Cassirer, E. (1957). The philosophy of symbolic forms,
Volume 3: The phenomenology of knowledge (R. Manheim, Trans.). Yale University
Press. (Obra original publicada en 1929)

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