jueves, 29 de octubre de 2026

Los enemigos de la Masonería: inventario de los males que corroen el Taller

 

Los enemigos de la Masonería: inventario de los males que corroen el Taller

Introducción: el adversario habita en casa

¿Puede una institución tan antigua, tan noble y tan sólida tener adversarios? Los tiene, y son formidables. Rara vez golpean a las puertas del templo desde la calle. Pasan bajo el arco de la columnata, reciben la luz, se ciñen el mandil y se sientan en las columnas junto a los demás. Su mayor ventaja es que conocen la casa, los signos, las palabras y los horarios.



Así como la tradición reconoce rostros que encarnan la virtud, la justicia o la generosidad, también existen personas que encarnan lo contrario: la mentira, la codicia, la vanidad, el desorden. Tienen nombre y apellido, ocupan asiento en la logia y pagan, a veces con puntualidad, su cuota. Esa cercanía los vuelve peligrosos, porque quien daña desde dentro es tomado por colaborador.

Lo que sigue es un catálogo de cien figuras. Se presenta con ánimo de vigilancia y de autoexamen, y cada lector debería comenzar por mirarse en él con honestidad antes de señalar a otros. Un catálogo semejante es útil solo si cada uno acepta que algún rasgo puede estar creciendo en su propio corazón.


I. Los que deforman la verdad

  1. El mentiroso sincero. Repite falsedades con tanta convicción que termina creyéndolas. Contagia sus errores a la logia entera, porque su seguridad suena a autoridad.
  2. El ignorante con pretensiones. Habla de lo que jamás estudió y enseña conjeturas como si fueran doctrina. Los aprendices heredan sus equivocaciones y las repiten durante décadas.
  3. El falsificador de documentos. Altera patentes, diplomas, actas o certificaciones. Destruye de golpe la confianza documental que sostiene la legitimidad de toda la Orden.
  4. El calumniador. Difama al hermano en su ausencia, cuando este carece de defensa. Convierte la columna de armonía en un tribunal de rumores.
  5. El chismoso de pasillo. Reparte medias verdades durante el ágape y después de la tenida. Las sospechas que siembra germinan en rencores que tardan años en disolverse.
  6. El hipócrita de dos rostros. Abraza con calidez en el atrio y despelleja a su hermano en cuanto este se retira. Su fraternidad es una máscara de uso ceremonial.
  7. El fabricante de leyendas. Inventa linajes antiguos, orígenes misteriosos y pactos secretos para dar brillo a su taller. Vende mitos como hechos y deshonra la investigación seria de la historia masónica.
  8. El plagiario. Presenta como suya la plancha trazada por otro. Roba esfuerzo ajeno y miente sobre su propio mérito en un mismo acto.
  9. El simulador de credenciales. Presume títulos profesionales, cargos o rangos que jamás obtuvo. Quien comienza con una impostura difícilmente se detiene.
  10. El fabulador de hazañas. Relata proezas masónicas que nadie presenció ni puede comprobar. Busca admiración inmerecida y desacredita a quienes trabajan en silencio.
  11. El que mintió al ingresar. Ocultó en su solicitud antecedentes, intenciones o condiciones que debía declarar. Su primer juramento nació sobre una falsedad, y todo lo demás hereda esa grieta.
  12. El tergiversador de actas. Redacta o narra lo ocurrido en tenida según su conveniencia. Reescribe la memoria colectiva para ganar discusiones que perdió.

II. Los que adoran su propio reflejo

  1. El prepotente de plumaje. Se pasea con ínfulas de pavo real, sobre todo cuando alcanzó un grado elevado. Confunde el escalón con la estatura y mira hacia abajo a quienes llegaron antes que él.
  2. El exhibidor de grados. Enumera sus títulos en cada conversación, como si fueran propiedades. Olvida que el grado mide el compromiso con el trabajo, jamás la superioridad del hombre.
  3. El enamorado de collares. Vive pendiente de condecoraciones, insignias y galones. La fraternidad se vuelve para él un desfile de vanidades.
  4. El protagonista perpetuo. Acapara el uso de la palabra, las ceremonias y los reflectores. Deja a los demás sin espacio para aprender, aportar o equivocarse.
  5. El que desprecia a los aprendices. Los trata como estorbo en lugar de semilla. Quien humilla a los recién llegados ahuyenta a los mejores y cultiva ayudantes serviles.
  6. El dueño de la verdad. Se cree depositario único de la interpretación correcta de los símbolos. Cierra el diálogo porque, a su juicio, la búsqueda terminó con él.
  7. El cazador de fotografías. Convierte cada evento fraterno en vitrina personal. El Arte Real exige modestia, y él necesita público.
  8. El que usa el mandil como credencial social. Lo exhibe ante sus conocidos para impresionar o abrir puertas. Rebaja un símbolo de trabajo interior a una tarjeta de presentación.
  9. El humillador del menos instruido. Corrige con burla al hermano que apenas aprende. La enseñanza masónica se transmite con paciencia, y la burla enseña únicamente temor.
  10. El sabelotodo de la corrección pública. Interrumpe para enmendar detalles menores frente a todos. Satisface su ego a costa de la dignidad ajena.
  11. El indispensable. Se juzga irreemplazable y rechaza formar sucesores. Su taller se marchita en cuanto él falta, y esa fragilidad es su obra.
  12. El arrogante frente a otros ritos y obediencias. Desprecia las tradiciones vecinas sin haberlas estudiado. Alimenta enemistades entre hermanos que persiguen el mismo ideal.

III. Los que codician grados, cargos y poder

  1. El carrerista de grados. Ve la Masonería como una escalera jerárquica al estilo militar. Persigue el ascenso en lugar del perfeccionamiento, y su rapidez delata su vacío.
  2. El vivo que adula. Obtiene grados a fuerza de halagos y favores a quien decide. Lo que consigue por servilismo jamás le pertenece de verdad.
  3. El comprador de grados. Paga por títulos que ignora merecer. Degrada la Orden al nivel de un mercado y a su vendedor al de un estafador.
  4. El autootorgador. Se concede a sí mismo grados para poder mandar y liderar. Su autoridad nace de un decreto personal, y ese origen la vuelve ilegítima.
  5. El inventor de grados superiores. Crea escalones nuevos, no para exponer una doctrina más elevada, sino para mostrarse con mayor rango que sus antecesores. Su invento sirve a su ambición.
  6. El acosador con ofrecimientos. Seduce a hermanos con promesas de ascensos cuando está en posición de otorgarlos. Convierte la lealtad en moneda de cambio.
  7. El purificador de auras. Pretende limpiar la supuesta energía de sus hermanos con ceremonias de su propia invención. Mezcla fantasía personal con ritual auténtico y confunde a los incautos.
  8. El ambicioso selectivo de cargos. Solo acepta los puestos de lucimiento, como Venerable Maestro, Vigilante u Orador. Rehúye los cargos humildes donde realmente se sostiene un taller.
  9. El aprovechador de influencias. Ingresó con la intención de obtener beneficio personal, económico o social. Su fraternidad es una inversión, y espera rendimientos.
  10. El que usa la logia como plataforma política. Recluta votos, simpatías y respaldo electoral entre sus hermanos. Convierte un taller de perfeccionamiento en comité de campaña.
  11. El que busca clientela. Ofrece sus servicios profesionales o comerciales aprovechando la confianza fraterna. Vende donde debería servir.
  12. El que busca impunidad. Espera que su condición de masón lo proteja de consecuencias legales o morales. Usa la Orden como escudo y la expone al descrédito público.
  13. El cacique del cargo. Se perpetúa en un puesto y bloquea la renovación. Su taller envejece a su alrededor mientras él confunde permanencia con liderazgo.
  14. El formador de camarillas. Organiza grupos de lealtad personal para repartir puestos y silenciar disidencias. Sustituye el mérito por el favor y divide la columna en bandos.


IV. Los que se aprovechan de los bienes comunes

  1. El ladrón de fondos. Se apropia de los recursos de la logia o de la Orden. Lo más inquietante es que casi siempre encuentra cómplices y defensores que minimizan su falta.
  2. El defensor del ladrón. Justifica al que se quedó con el dinero y pide indulgencia por «fraternidad». Premia el delito y castiga a quien lo denuncia.
  3. El moroso crónico. Se atrasa permanentemente en sus cotizaciones y, aun así, espera comodidad, enseñanza y atenciones. Vive del sacrificio de los demás.
  4. El tesorero opaco. Maneja la caja sin rendir cuentas claras ni mostrar libros. La falta de transparencia siembra desconfianza, aunque jamás se haya robado un centavo.
  5. El deudor de hermanos. Pide préstamos entre compañeros y evita pagar. Convierte la confianza fraterna en un recurso agotable.
  6. El que lucra con iniciaciones. Cobra de más, cobra por favores o fabrica ceremonias con fines de lucro. Rebaja un acto sagrado a una transacción.
  7. El vendedor de ascensos. Pone precio a los grados que puede conceder. Su comercio vacía de contenido a quienes pagan y a quienes los reconocen.
  8. El apropiador de bienes del templo. Se lleva mobiliario, libros, paramentos o archivos. Despoja a la logia de su patrimonio y de su memoria.
  9. El desaparecido agradecido. Apela a la fraternidad cuando necesita ayuda y, tras recibirla, se esfuma sin una palabra. Convierte el auxilio fraterno en simple aprovechamiento.
  10. El beneficiario disfrazado. Solicita fondos de beneficencia para fines personales o dudosos. Traiciona a quienes dieron con generosidad y a quienes de verdad necesitaban ayuda.
  11. El estafador entre hermanos. Propone negocios que sabe ruinosos y se escuda en la confianza masónica. Daña patrimonios y vuelve tóxica la relación entre colegas.
  12. El derrochador de festejos. Gasta fondos comunes en banquetes, regalos o celebraciones de lucimiento propio. Despilfarra lo que pertenece al conjunto.

V. Los que incumplen sus deberes

  1. El ausente caprichoso. Se marcha cuando le place y regresa esperando honores y recibimiento triunfal. Abusa de la tolerancia y de la paciencia fraternal.
  2. El que pide ascenso sin haber trabajado. Falta a las tenidas y omite sus planchas, pero reclama promoción. Quiere cosechar sin haber sembrado.
  3. El impuntual. Llega tarde, interrumpe la apertura y desordena el rito. Su retraso transmite desprecio por el tiempo de todos.
  4. El olvidadizo de paramentos. Se presenta sin mandil, guantes o insignias reglamentarias. Muestra con ello cuánto valora la solemnidad del acto.
  5. El fugitivo de pretextos. Se retira apenas puede, con excusas poco creíbles. Convierte su presencia en un trámite que cumple a regañadientes.
  6. El que huye de los cargos menores. Declina oficios como Guarda, Maestro de Ceremonias o Secretario por considerarlos poca cosa. Olvida que un taller se sostiene sobre esas tareas discretas.
  7. El que desempeña mal su cargo. Aceptó libremente un oficio y lo cumple con descuido. Su negligencia carga el peso sobre los hermanos que sí trabajan.
  8. El que ignora las normas a conveniencia. Invoca el reglamento cuando lo favorece y lo olvida cuando lo estorba. Quien aplica la ley a medias destruye su autoridad.
  9. El que llega sin planchas. Se presenta a trabajar sin preparar nada y espera improvisar. Vacía las tenidas de contenido y empobrece el estudio colectivo.
  10. El distraído digital. Atiende su teléfono durante la tenida y rompe la concentración de todos. Trata el espacio sagrado como una sala de espera.
  11. El anarquista. Se negó a acatar el orden jerárquico y actúa por cuenta propia, promoviendo su imagen. Quebranta su compromiso de trabajar en equipo para la Orden y no para su ego.
  12. El que salta el reglamento ceremonial. Altera el orden del ritual por comodidad o gusto personal. Reduce la ceremonia a un trámite maleable.
  13. El improvisador de rituales. Añade, quita o reinventa fórmulas sin autoridad para ello. Fragmenta la tradición y quita uniformidad a la enseñanza.
  14. El perezoso intelectual. Jamás abre un libro, jamás investiga, jamás pregunta. Permanece décadas en el mismo punto y enseña su estancamiento.

VI. Los que dañan la convivencia

  1. El divagador. Cuando toma la palabra sobre el tema presentado, habla de cualquier asunto ajeno y exige igualmente ser escuchado. Desperdicia el tiempo común y fatiga a la columna.
  2. El monopolizador de la palabra. Interviene en cada punto, repite argumentos y alarga los debates. Ahoga las voces tímidas, que a menudo guardan las mejores ideas.
  3. El afectuoso de dos tiempos. Con actitud casi bipolar, saluda a todos con aparente cariño fraternal y los critica al salir. Su calidez es de fachada, y su crítica, de trastienda.
  4. El intolerante. Se irrita ante ideas, opiniones o comentarios distintos a los suyos, a pesar de que la Orden predica la tolerancia. Esa virtud, para conservarse como tal, necesita límites razonables, y él ni siquiera la practica en su forma mínima.
  5. El burlón. Ridiculiza las opiniones ajenas con sarcasmo. Aniquila la libertad de pensamiento que debería florecer en el taller.
  6. El rencoroso. Guarda agravios durante años y los usa cuando puede. Un resentimiento cultivado envenena a toda una logia.
  7. El bebedor del ágape. Carece de control y de criterio y aprovecha el banquete fraterno para embriagarse. Degrada un momento de convivencia y avergüenza a sus hermanos ante invitados.
  8. El de lenguaje soez. Habla con groserías dentro y fuera del templo. Contradice el pulimento de la piedra bruta que dice buscar.
  9. El indiscreto. Revela asuntos internos, deliberaciones o nombres que debían guardarse. Rompe la confianza y expone a la logia a daños evitables.
  10. El importador de pleitos profanos. Arrastra a la logia sus disputas políticas, familiares o de negocios. Contamina el taller con conflictos que debían quedar en la puerta.
  11. El iracundo. Grita, golpea la mesa y se ofende ante cualquier contradicción. Intimida a los demás y apaga la deliberación serena.
  12. El mal anfitrión. Trata con frialdad a los visitantes y ignora a los hermanos de otros talleres. Niega la hospitalidad que constituye una de las marcas de la Orden.

VII. Los que vacían la doctrina

  1. El agnóstico militante. Para él lo espiritual equivale a lo intelectual, y vería con gusto que desapareciera toda alusión al Gran Arquitecto del Universo en los rituales. Sin ese principio supremo, la logia se reduce a un club social con un techo pretenciosamente intelectual.
  2. El alérgico a la Biblia. Quisiera sustituir el Libro de la Ley o Libro Sagrado por la Constitución política del país. Transformaría el taller en un foro social, intelectual y político, y esa mudanza es otra institución distinta de la Masonería verdadera.
  3. El convertidor en club social. Reduce la logia a cenas, convivios y relaciones útiles. Sacrifica el trabajo iniciático en el altar de la sociabilidad.
  4. El convertidor en partido. Orienta cada debate hacia consignas partidistas. Transforma el espacio de perfeccionamiento en trinchera.
  5. El reduccionista filantrópico. Cree que la Orden existe solamente para hacer obras de caridad. Descuida la transformación interior, que es la razón profunda de todo el edificio.
  6. El esoterista charlatán. Mezcla símbolos masónicos con supersticiones, energías y promesas milagrosas. Confunde al buscador sincero y desprestigia la tradición.
  7. El dogmático sectario. Impone una confesión religiosa particular como requisito de pertenencia. Olvida que la Orden reúne a hombres de credos distintos en torno a un principio común.
  8. El desdeñoso de símbolos. Los considera teatro anticuado. Ignora que el símbolo es el idioma con que la Orden transmite lo que las palabras solas jamás alcanzan.
  9. El memorista sin comprensión. Recita rituales sin penetrar su sentido. Cumple la forma y pierde el fondo, como quien repite un idioma que ignora.
  10. El profano amandilado. Lleva el mandil, pero la iniciación jamás surtió efecto en él. Jamás ocurrió en su conciencia el tránsito de lo profano a lo iniciático; para él, la transmutación alquímica de los metales fue un fracaso rotundo.
  11. El innovador trasplantado. Quiere reformarlo todo a su estilo, en especial cuando proviene de otro Rito. Aplica costumbres ajenas sin comprender la lógica propia del sistema que lo acogió.
  12. El relativista total. Sostiene que todo vale y que cualquier práctica es igual de legítima. Disuelve los límites que dan forma a la tradición y deja sin brújula a los nuevos.

VIII. Los que dividen y traicionan

  1. El divisionista. Quiebra la Orden para fundar otra a su medida. Con frecuencia termina víctima de nuevos divisionistas que fundan una más, en una cadena de fragmentaciones sin fin.
  2. El fundador de obediencias de bolsillo. Crea organizaciones diminutas donde él reina como máxima autoridad. Multiplica títulos y reduce el prestigio colectivo.
  3. El cismático por rencor. Provoca rupturas por una herida de orgullo y no por un desacuerdo doctrinal. Sacrifica la unidad por una venganza personal.
  4. El cómplice de malas acciones. Participa, calla o encubre las faltas de otro. Quien secunda el mal se convierte en coautor de sus consecuencias.
  5. El perjuro. Desprecia los juramentos prestados en cada grado. Su palabra, cuando ya se rompió una vez, deja de valer en cualquier otro terreno.
  6. El desertor silencioso. Abandona la Orden sin dar aviso ni explicaciones. Deja a sus hermanos en la incertidumbre y a la logia con un vacío sin atender.
  7. El traidor al maestro. Reniega de quien lo guio cuando ya obtuvo lo que buscaba. La ingratitud destruye la cadena de transmisión que sostiene la Orden.
  8. El saboteador de elecciones. Manipula votaciones, difunde acusaciones o fabrica alianzas ocultas. Envenena la democracia interna y deja legitimidad dudosa a los elegidos.
  9. El minador de la autoridad. Desautoriza al Venerable Maestro a sus espaldas y le impide gobernar. Un taller sin cabeza respetada se deshace en facciones.
  10. El reclutador sin discernimiento. Admite candidatos solo para inflar cifras o ganar apoyos. Llena las columnas de nombres y las vacía de compromiso.
  11. El encubridor por amiguismo. Protege al culpable porque es su amigo y obstruye toda sanción. Sacrifica la justicia en el altar de la camaradería.
  12. El mal ejemplo ambulante. Con su conducta cotidiana aleja a los candidatos honestos y confirma los prejuicios de los críticos externos. Cada acto suyo habla más fuerte que cualquier discurso de la Orden.

Reflexión: el origen de estos males

Mirada en conjunto, esta lista revela un patrón. Los cien enemigos descritos nacen de una misma raíz: la iniciación que se recibió con el cuerpo, pero jamás se asimiló con el espíritu. Quien se queda en la superficie del rito conserva intactos su ego, su codicia y sus resentimientos, y simplemente los viste con mandil.

De ahí la expresión «profano amandilado». Se trata del hombre en quien el simbolismo jamás produjo transformación alguna; en quien el paso de lo inferior a lo superior jamás ocurrió; en quien los metales se quedaron en plomo. El templo lo aceptó y lo cobijó con afecto fraternal, y él devuelve esa hospitalidad manchando el recinto que lo recibió.

Por eso los verdaderos enemigos de la Masonería residen en la mente y en la personalidad de algunos de sus adherentes más débiles. Esos elementos destruyen logias y obediencias enteras, mucho más que cualquier ataque exterior.



¿Qué corresponde hacer con ellos?

La respuesta de la tradición es firme. Quienes causan daño deliberado y persistente, y rechazan la corrección, son como tumores en el cuerpo de la Orden: crecen en silencio y, si se les permite avanzar, acaban por comprometer el organismo entero. Cuando la advertencia fraterna, la enseñanza paciente y la sanción gradual fracasan, corresponde extirparlos mediante el debido proceso, por doloroso que resulte, para que la Masonería verdadera continúe viva y sana.

Conviene, sin embargo, una aclaración esencial. Exponer estas figuras a la luz jamás busca alentar una cacería ni una quema de supuestos pseudo iniciados. El propósito es mantener a la Orden alerta, de modo que ningún personaje de esta calaña socave una institución respetable y digna de ser preservada para bien de la humanidad. Todo señalamiento debe someterse a las reglas de justicia, defensa y pruebas que la propia Orden establece. Quien acusa sin fundamento cae, él mismo, en el número 4 de esta lista.

miércoles, 28 de octubre de 2026

La Muerte en la Masonería: Puerta al Eterno Oriente

A.∙. L.∙. G.∙. D.∙. G.∙. A.∙. D.∙. U.∙.

 

La muerte en la Mas.·.:  Puerta al Et.·. Or.·.


Pocas instituciones hablan tanto de la muerte como la nuestra. La Cám.·. de Refl.·., el testamento filosófico, leyendas, ramas , la tenida fúnebre y el Et.·. Or.·. son otros tantos modos de decir una sola cosa: que el Mas.·. se hace muriendo. Un estudio sobre la expresión funeraria Mas.·. llega a afirmar que todo el Rit.·. Mas.·.  se relaciona con la idea de la muerte, y que todo paso de un grado a otro significa una muerte simbólica en la que el nuevo conocimiento transforma al individuo.

Hay, en el R.·.E.·.A.·.A.·. cuatro grandes lecciones que deseo compartiros: que la masonería no enseña a morirse, sino a morir bien, muchas veces y a tiempo. Que las Pal.·. de la muerte guardan en su raíz su propia enseñanza. Que cada uno de los 33 Ggr.·. del R.·.E.·.A.·.A.·. propone una muerte distinta, que se descifra a la luz de su Mon.·. Y que quien aprende a morir en vida aprende a vivir en obra.

I. La muerte en la masonería: lo que dicen las fuentes

 El tercer grado y Hiram. El núcleo del rito de maestría gira en torno a la muerte y resurrección de Hiram, asesinado por tres compañeros que le exigían un secreto, y a la rama de acacia hallada sobre su tumba. La acacia, árbol perenne en medio del desierto, es símbolo de la inmortalidad del alma. Los tratadistas han trazado paralelos con Osiris, Adonis, Proserpina y con el drama pascual cristiano. La muerte de Hiram no figura en la Biblia: es una elaboración masónica.

El 4º Gr.·. En esta tradición, el Maestro Secreto está asociado al duelo por Hiram: se lo describe con un templo tapizado de negro, muchas luces y la meditación junto al sepulcro. Los detalles varían según ritual.

 El 30º Gr.·. El Caballero Kadosch se relaciona con la tradición templaria y con Jacques de Molay, último gran maestre, muerto en 1314.

La Cám.·. de Refl.·. Es un aposento reducido, pintado de negro y alumbrado por una luz sepulcral, donde el recipiendario queda aislado, despojado de metales, con tres preguntas «de orden» (sobre Dios, sobre sí y sobre los demás) y la tarea de redactar su testamento filosófico: muere el profano para renacer iniciado. Entre sus emblemas aparecen el cráneo, la guadaña, el reloj de arena, el pan y el agua, la sal, el azufre y el mercurio, el gallo con el lema «Vigilancia y perseverancia» y el acróstico V.·.I.·.T.·.R.·.I.·.O.·.L.·. (Visita Interiora Terrae, Rectificando Invenies Occultum Lapidem). El pan representa otra forma de morir: la del grano de trigo.

La tenida fúnebre. La pompa fúnebre es una de las ceremonias más características del ritual: la muerte como regeneración, como tránsito hacia el Et.·. Or.·. Incluye una Bat.·. de luto de golpes silenciosos, un catafalco con las insignias del Q.·. H.·., una columna truncada, ramas de acacia y siemprevivas, vasos de agua, leche y vino. En 1872, tras la muerte de Juárez, los Mmas.·. mexicanos le dedicaron una ceremonia fúnebre y lo describieron dormido, con la cabeza al Or.·. y su mandil.

El Et.·. Or.·. y el sueño. El Et.·. Or.·.  es el que está más allá de la muerte. El «sueño» es el estado de la Log.·. o del Mas.·. que ha interrumpido su trabajo sin perder sus derechos: una muerte pequeña, inconclusa, aplazada. Quizás, una mala muerte.

La iconografía funeraria. Los monumentos Mmas.·. ponen en piedra el compás y la escuadra, la columna truncada  y la fórmula “ha pasado al Et.·. Or.·.;  el Mas.·. anticipa su muerte y prepara su viaje con «recetas y fórmulas», y la Pal.·. que circula en la ceremonia es que nada muere, todo está vivo.

II. Etimologías y lectura nueva

Las etimologías siguen aquí a los diccionarios etimológicos consultados. Donde el origen es discutido, se indica.

Pal.·.

Raíz

Sentido original

Lectura masonizante (la enseñanza)

Muerte

Latín mors, mortis, del protoindoeuropeo *mértis; la raíz *mer- significa «desgastar, dañar» y también «morir»

Lo que desgasta

Desbaste. Lo que desgasta es lo que pule: la P.·. Br.·. se vuelve cúbica porque algo en ella se gasta.

Mortal / inmortal

Latín mortalis: «sujeto a la muerte»; el mismo adjetivo sirvió de sustantivo para «hombre»

El que muere = el humano

Humildad. Ser humano es ser mortal; el Mas.·. empieza por aceptarlo, que humus somos y en humus nos convertiremos.

Difunto

Latín defunctus, de defungi: «cumplir, acabar»

El que cumplió

Cumplimiento. La obra terminada: «descansa de sus trabajos».

Cadáver

Latín cadaver, que la etimología más aceptada vincula con cadere (caer)

El que cayó

Siembra. El grano que cae y es transformado: el pan de la Cám.·. de Refl.·.

Luto, duelo

Latín luctus (llanto); dolus (dolor)

Llanto, dolor

Cadena. El dolor compartido se vuelve puente: la batería de luto la hacen todos.

 

El cuadro tiene una simetría: Desbaste, Cumplimiento, Siembra y Cadena. La muerte termina, pule, cumple, siembra y une. Recuperar la raíz es recuperar la enseñanza. En el habla común, la Pal.·. se volvió tabú; la modernidad la esconde bajo eufemismos y la delega a hospitales y funerarias. Las estadísticas de gobiernos como el michoacano buscan esconderla, manipularla o invisibilizarla. La masonería la devuelve al centro de la sala. Por eso el rito pone un cráneo en la mesa de quien apenas entra: lo que el mundo oculta, el Taller lo mira.

III. Significados masónicos y masonizantes

Llamamos Mas.·. a los significados que contienen el Simb.·. de la Lit.·.,  Rit.·. y la Mon.·.; y masonizantes a los que, sin estar dichos en el Rit.·., hacen Mas.·. al hombre que trabaja.

Significados masónicos

•         La muerte Fil.·. (Cám.·. de Refl.·.). El profano muere para quedar disponible a otra vida: testamento, ayuno, soledad, espejo. El hombre que no entrega lo que no es suyo y por ello muere y con ello aspira a la resurrección.

•         La muerte simbólica de cada grado. Cada ascenso es una muerte del estado anterior, el duelo por el Maestro como duelo por toda autoridad externa: la conciencia hereda su lugar.

•         La Ten.·. fúnebre. La muerte como regeneración y tránsito: la logia acompaña, no abandona.

•         El Et.·. Or.·.. El lugar al que se va: más allá de la muerte y más allá de cualquier cargo.

•         El sueño de la Log.·.. El Tal.·. que se duerme: la muerte colectiva que se evita trabajando.

•         La muerte de Hiram. El hombre que no entrega lo que no es suyo y por ello muere; la acacia que lo señala; la resurrección en cada maestro.

•         El luto de los grados de perfección. El duelo por el Maestro como duelo por toda autoridad externa: la conciencia hereda su lugar.

•         La columna truncada y la acacia. La obra inconclusa y la vida que no se agota.

 

Significados masonizantes

•         El memento mori como método. Recordar la muerte para ordenar la vida: el reloj de arena sobre la mesa.

•         El testamento como práctica. De bienes, de obras, de Pal.·. y de perdones.

•         La muerte parcial. Morir a un hábito, a un cargo, a una certeza: ensayar la muerte en pequeño.

•         El duelo acompañado. Nadie se despide solo: la Cadena de Unión convierte el dolor en cuerpo.

•         La ética del relevo. Saber cuándo ceder: el único modo de que la obra sobreviva al obrero.

•         La igualdad ante la muerte. Si todos somos iguales ante ella, lo somos también ante la ley.

IV. Las dimensiones de la muerte

La muerte es multidimensional. El cuadro indica, para cada dimensión, qué muerte parcial se vive, cómo se trasciende y qué pregunta debe llevarse al Taller.

Dimensión

Qué muerte se vive

Cómo se trasciende

Pregunta al Apr.·.

Física

El cuerpo que envejece, enferma y se limita; el miedo a su fin.

Cuidar el Tem.·. sin idolatrarlo; aceptar sus límites con dignidad; atender la salud a tiempo.

¿Qué me pide mi cuerpo que no quiero oír? ¿En qué estoy muriendo en vida?

Material

El patrimonio que se queda sin dueño; los bienes sin testamento.

Redactar testamento; ordenar lo propio; distinguir lo heredado de lo trabajado.

¿Qué dejaré ordenado y qué en conflicto?

Familiar

La pérdida de padres, hijos y hermanos; el silencio sobre la muerte en casa.

Hablar de ella con los suyos; enseñar a despedirse; no ocultar el duelo a los niños.

¿Quién sabe lo que yo quiero que sepa? ¿Qué les dejo al partir?

Matrimonial

La viudez; el vínculo que muere en vida.

Renovar el pacto mientras se vive; cuidarse mutuamente; despedirse sin deudas.

¿Qué dejé sin decirle a quien amo?

Empresarial

La obra que muere con el fundador; la sucesión sin preparar.

Formar relevo; dejar procesos; crear una obra que no dependa de uno.

¿Mi obra me sobrevive?

Sensible

El duelo que se evita o se prolonga más de lo que el alma resiste.

Nombrar la pérdida, vivirla acompañado y, si se estanca, pedir ayuda profesional.

¿A quién o a qué le estoy llorando sin saberlo?

Moral

Morir con la conciencia dividida; la hipocresía del último día.

Vivir de modo que el último día no haga falta ocultar nada.

¿Qué haría hoy distinto si fuera el último?

De legado

La memoria que se borra; la obra que se pierde.

Escribir, enseñar, construir; consignar lo aprendido en la Cadena.

¿Qué de lo mío merece seguir vivo?

Espiritual

La pregunta por el alma y por el más allá.

Estudiar, meditar, practicar el rito; sostener la duda y la esperanza.

¿Qué creo de verdad sobre lo que viene?

Trascendente

La finitud como límite absoluto.

Simbolizar la finitud: hacer del límite un horizonte; «pasar al Et.·. Or.·.

¿Qué sentido le doy a mi final?

V. La lectura del Homo Symbolicus

Cassirer define al hombre como animal symbolicum: el que vive entre signos. Dije en Traz.·. previo que el Mas.·. es un Homo Symbólicus, porque se esfuerza a voluntad en serlo. Sin duda, la muerte es el hecho que más necesita ser simbolizado: ningún pueblo la deja sin Rit.·., sin Pal.·. o sin lugar. Quien vive entre cosas ve en la muerte una pérdida; quien vive entre signos puede darle sentido. El Mas.·. no niega la muerte ni la idolatra, sino que la re-significa, la convierte en paso, siembra, cumplimiento o relevo.

Propongo cinco reglas para el Homo symbolicus ante la muerte: nombrar lo que muere (un hábito, un cargo, una certeza) antes de que se pudra sin nombre; distinguir la muerte del hecho de la muerte del sentido que le damos; escribir una esquela simbólica de lo que se deja, porque lo que se escribe se despide; ritualizar el paso, con gesto, silencio o Pal.·. y consignarlo en fraternidad, para que nadie muera solo.

VI. La Pr.·. de 33 muertes en los respectivos Ggr.·.

La muerte propia de cada Gr.·. consiste en leer cómo se practica, la Mon.·. en que se apoya y la influencia de los conceptos de la investigación. En el Pr.·. Gr.·. se trata de morir para nacer, tomar pues, la muerte Inic.·. interpretando vivencialmente la Mon.·. del Gr.·. y, en lo general, estas 33 muertes son las que se recorren en el R.·.E.·. A .·. y A.·.

TRAMO I · MORIR PARA NACER (1º a 3º)

La muerte iniciática, en sus tres modos.

1º Gr.·. · Apr.·.

Divisa: “Generación y no creación, Virilidad como causa de la generación”.

Muerte del profano. La Cám.·. de Refl.·. es el lugar de la muerte Fil.·.: el Cand.·. hace su testamento para dejar la vida Prof.·. La Mon.·. quiere sembrar la duda y hacer tocar la esclavitud en que se ha vivido; mientras que, el hombre viejo muere cuando la duda le quita su certeza. Se muere para ser re-generado, no creado. El V.·.I.·.T.·.R.·.I.·.O.·.L.·. indica el método: visitar el interior y rectificar hasta encontrar la piedra de la sabiduría después de morir simbólicamente.

 

2º Gr.·. · Compañero

Divisa: “Generación, no creación; Dulzura como medio de la generación”.

Muerte de la fuerza bruta. El Comp.·. sigue vivo: lo que muere es su manera de golpear. La Mon.·. pide conocer las facultades intelectuales y morales y los mejores modos de utilizarlas. Lo que muere es la ilusión de poder todo a fuerza. La dulzura es el medio: una muerte pequeña, de método, que se parece a una afinación.

3º Gr.·. · Maestro

Divisa: “La Vida y la Muerte como principio y fin de cuanto existe”.

Muerte de Hiram: la muerte iniciática. La Mon.·. enseña la vida y la muerte como principio y fin de cuanto existe, y a resistir con todas las fuerzas a la ignorancia, la hipocresía y la ambición. El M.·. muere con Hiram, que no entregó lo que no era suyo, y recibe la rama de acacia, símbolo de la inmortalidad. Hay que morir ante la muerte, nunca ante los enemigos del progreso.

TRAMO II · EL JUEZ, EL TIEMPO Y LA APATÍA (4º a 6º)

Tres muertes que se estudian en el luto.

4º Gr.·. · Maestro Secreto

Divisa: “Conciencia, no revelación”.

Muerte del juez externo. En el 4º Gr.·. el luto por el Maestro es, simbólicamente, el duelo por toda autoridad externa. La Mon.·. propone que la conciencia es el verdadero juez, y denuncia que la educación profana falsea honor, verdad y justicia. Murió quien decidía por mí; hereda la conciencia. Instinto, libre albedrío, justicia y verdad empiezan a pesar.

5º Gr.·. · Maestro Perfecto

Divisa: “Eternidad, no temporalidad de la existencia de la humanidad”.

Muerte del tiempo. El reloj de arena de la Cám.·. de Refl.·. mide lo que se acaba. La Mon.·. enseña eternidad, no temporalidad: alma, espíritu, inmortalidad, metempsicosis y cuadratura del círculo. Morir al tiempo es dejar de vivir contra el reloj. La inmortalidad, en clave masónica, no es una promesa lejana, sino la forma de mirar la vida desde la obra.

6º Gr.·. · Secretario Íntimo

Divisa: “Poseer el secreto del mal, es vencerlo y evitarlo”.

Muerte en vida: la apatía. Las miserias del pueblo, según la Mon.·., son la ignorancia, la apatía, la hipocresía y la ambición de los gobernantes. Un pueblo que ya no pregunta está muerto aunque camine. El secreto del mal es que se vuelve costumbre. La cura son la civilización, la educación, la riqueza y el progreso: la resurrección del interés.

TRAMO III · LA CIUDAD (7º a 12º)

Las muertes de la ley, de la propiedad, del poder, del arraigo y del tributo.

7º Gr.·. · Preboste y Juez

Divisa: “No hay más derecho que el derecho natural”.

Muerte civil: el olvido del derecho. El derecho natural se debe a todo hombre antes de cualquier papel. La muerte civil es quedar fuera de él: sin acta, sin nombre, sin amparo, sin tumba. La Mon.·. dice que el pueblo dicta, discute y abroga sus leyes: una ley que olvida a alguien mata dos veces. El grado enseña a nombrar al que no tiene quien lo nombre.

8º Gr.·. · Intendente de los Edificios

Divisa: “La libertad es el único vínculo sólido y legítimo entre el trabajo y la propiedad”.

Muerte del patrimonio: el testamento. El testamento filosófico se completa con el material: la propiedad muere con el dueño y pasa a otros. La Mon.·. liga propiedad y trabajo por la libertad y pide analizar capital, renta y usura. Lo que se hereda debe ser fruto del trabajo; el capital sin trabajo es una sombra sin cuerpo.

9º Gr.·. · Elegido de los Nueve

Divisa: “Igualdad ante la ley”.

Muerte del mandato. Según la tradición del Rito, los nueve elegidos buscan justicia por la muerte de Hiram. La Mon.·. pide medios prácticos para elegir a los agentes del pueblo y limitar sus facultades. El mandato debe morir al cumplir su plazo: así vive la república. La igualdad ante la ley empieza el día en que el poderoso vuelve a ser un hombre cualquiera.

10º Gr.·. · Ilustre Elegido de los Quince

Divisa: “Guerra a la inmovilización del capital humano”.

Muerte del arraigo: morir lejos. La Mon.·. estudia el derecho internacional, el asilo, la extradición y las embajadas. Es la muerte del que parte y de quien lo espera: el que muere lejos de casa, el que vuelve en una caja, el que no tiene dónde ser sepultado. La inmovilización del talento es otra forma de morir: la del que no puede salir.

11º Gr.·. · Sublime Elegido

Divisa: “Venganza cumplida contra los traidores”.

Muerte del traidor interior. En muchas lecturas simbólicas, los tres compañeros que matan a Hiram son la ignorancia, la hipocresía y la ambición, lo que la Mon.·. enumera en el 3º. La venganza cumplida contra los traidores no es sangre: es dar muerte al traidor que habita en uno. Entre familia, comuna, provincia y Estado, las autonomías se armonizan cuando cada una renuncia a su pedazo de traición.

12º Gr.·. · Gran Maestro Arquitecto

Divisa: “La representación del pueblo”.

Muerte del tributo. El tributo es una muerte pequeña y diaria: una parte de lo propio muere para que la ciudad viva. La Mon.·. pide que sea elemento real de riqueza pública, y distingue las justicias conmutativa, distributiva y legal. Quien entiende el tributo como pérdida no ha entendido que lo dado se vuelve calle, escuela y puente.

TRAMO IV · LAS LIBERTADES (13º a 24º)

Las muertes del dogma, de la voz y de la ley vieja.

13º Gr.·. · Real Arco

Divisa: “Deísmo antimasónico”.

Muerte de los dioses (el dogma). El estudio de las religiones y de sus fundadores enseña que todas nacieron de la misma búsqueda y que todas han muerto alguna vez. Un dios que muere no desaparece: cambia de nombre y de templo. La Palabra perdida y hallada bajo tierra es la figura de lo que se recobra tras la muerte. La libertad religiosa es lo que queda cuando se acaban las certezas.

14º Gr.·. · Gran Elegido, Perfecto y Sublime Masón

Divisa: “Supernaturalismo antimasónico”.

Muerte de la voz. La Mon.·. proclama la libertad absoluta de conciencia y de pensamiento. Cuando se calla por miedo, muere la voz. Las garantías de 1857 y 1917 la protegen en el papel; sólo vive cuando se ejerce. El pensamiento no muere con quien lo piensa, pero muere en quien lo calla.

15º Gr.·. · Caballero de Oriente

Divisa: “La lucha incesante para obtener el triunfo del progreso por la razón”.

Muerte de la noche. Oriente es el lugar por donde sale el sol. La Mon.·. declara guerra a la apatía y manda participar políticamente para vigilar la ley. Hay una forma de morir que consiste en no despertar: se muere cada día a la hora de la aurora, o se despierta. Morir a la noche es vigilar.

16º Gr.·. · Príncipe de Jerusalén

Divisa: “El triunfo de la libertad exige valor y perseverancia”.

Muerte del templo. Los templos mueren: los destruye el fuego, el lodo, el tiempo. Se reconstruyen con espada en una mano y trulla en la otra. La Mon.·. enseña que esa obra no la veremos terminada: muere el constructor y vive el templo. La columna truncada de la tenida fúnebre es esa obra inconclusa.

17º Gr.·. · Caballero de Oriente y Occidente

Divisa: “El triunfo de la fraternidad exige la libertad de reunión”.

Muerte del solitario. La muerte más triste es la que se vive sola. La libertad de reunión es un derecho y un remedio. La batería de luto, tres golpes silenciosos que repiten todos los hermanos, es la reunión llevada al duelo. Morir acompañado es otro modo de morir.

18º Gr.·. · Caballero Rosacruz

Divisa: “Lograr la emancipación de la humanidad por el amor y por la enseñanza libre de la verdad gnóstica”.

Muerte por amor. Hay quien da la vida en pedazos: tiempo, palabra, paciencia. La Mon.·. pide Fe que da fuerza, Esperanza que da paciencia y Caridad que de todos hace una familia, y enseña que no se puede juzgar de manera absoluta, pero sí amar. La rosa sobre la cruz es la muerte que da fruto.

19º Gr.·. · Gran Pontífice

Divisa: “El triunfo de la verdad exige el acuerdo entre los intereses materiales y morales”.

Muerte de la ignorancia. Cada verdad que se aprende entierra un error. La Mon.·. pide educación libre, laica y gratuita, y no prejuzgar el momento en que la Verdad, el Honor y la Caridad destruirán la Mentira, la Bajeza y la Intolerancia. La serpiente de tres cabezas no se corta de un golpe: se vence enseñando.

20º Gr.·. · Venerable Gran Maestro

Divisa: “La redención de las masas por la predicación de la verdad”.

Muerte del ego del que manda. Quien ocupa el Oriente sabe que ese lugar es provisorio: el Oriente verdadero es el eterno. La Mon.·. exige autoridad, instrucción y abnegación sin límites. Quien preside muere a su ego cada día. Se manda mejor sabiendo que se pasa.

21º Gr.·. · Noaquita

Divisa: “La víctima tiene derecho de venganza sobre el criminal”.

Muerte de la víctima y memoria. La divisa, leída simbólicamente, se resuelve en una judicatura libre, íntegra e independiente. Los que cayeron sin culpa reclaman verdad, justicia y memoria, no más sangre. El duelo no se cierra sin justicia. La víctima tiene derecho a que su muerte no se pierda en el olvido ni en la furia.

22º Gr.·. · Caballero Real Hacha

Divisa: “La apoteosis de la Gran Obra es el Trabajo”.

Muerte en la obra. Algunos mueren trabajando; otros, de no tener trabajo. La Mon.·. exalta el trabajo como bendición, honor y privilegio, y pide solidaridad y libertad de asociación. El trabajo debe dar vida, no quitarla. Una obra que consume al obrero no es Gran Obra.

23º Gr.·. · Jefe del Tabernáculo

Divisa: “La acción gubernamental debe desarraigar las preocupaciones”.

Muerte del cautivo. El tabernáculo es una tienda provisional: así es el cuerpo. El amparo y el habeas corpus, «que se tenga el cuerpo», defienden que nadie disponga de él sin juicio. Un hombre encerrado sin causa muere una vez, aunque respire. La libertad personal es la forma jurídica de la vida.

24º Gr.·. · Príncipe del Tabernáculo

Divisa: “La necesidad de la destrucción del sectarismo da derecho a las generaciones nuevas para modificar las leyes de las generaciones pasadas”.

Muerte de la ley vieja. Las leyes mueren como los hombres: nacen, sirven y se gastan. La Mon.·. da a las generaciones nuevas el derecho de modificar lo que las pasadas creyeron inmortal. El sectarismo es la ley que se niega a morir. Se prepara uno para legislar como se prepara para testar: sabiendo que lo escrito cambiará de manos.

TRAMO V · RUPTURA, RAZÓN Y COMBATE (25º a 30º)

Las muertes del siervo, de la casta y del caballero.

25º Gr.·. · Caballero de la Serpiente de Bronce

Divisa: “Para conquistar la libertad deben romperse aun por la fuerza las cadenas del despotismo”.

Muerte de la servidumbre. La serpiente alzada en el desierto sanaba a quien la miraba: mirar de frente lo que mata cura el miedo de morir. La Mon.·. manda romper las cadenas y reconocer nuestra impotencia ante los Misterios. Muere el siervo, vive el hombre. La intolerancia es tan criminal como estúpida.

26º Gr.·. · Escocés Trinitario

Divisa: “La igualdad social resulta de la armonización de las leyes con los principios, la educación y los usos sociales”.

Muerte igualadora. «Iguales frente a la vida y la muerte»: el principio de igualdad nace en la Cám.·. de Refl.·. La Mon.·. quiere abatir privilegios y monopolios, y reconoce que en el hombre se unen la necesidad y la libertad. La muerte no distingue; la vida debería hacer lo mismo.

27º Gr.·. · Gran Comendador del Templo

Divisa: “La autoridad gubernamental debe ser reemplazada por la representación directa de los intereses libres de los asociados”.

Muerte del poderoso: juicio póstumo. Todo poder es mortal y se rinde en cuenta. La Mon.·. exige una Suprema Corte ante la cual todos puedan reclamar contra cualquier acto de autoridad. Cuando murió Juárez, en 1872, sus hermanos le dedicaron una ceremonia fúnebre: el poder se deja aquí, y lo juzga la historia.

28º Gr.·. · Caballero del Sol

Divisa: “El verdadero Dios es la razón pura en la naturaleza”.

Muerte del día. El sol muere cada tarde y vuelve. Algunos tratadistas ven en Hiram al sol que se oculta y renace, y en su muerte aparente un eco del solsticio de invierno. La Mon.·. pide servirse de la inteligencia para descubrir la verdad y comunicarla. La razón no teme la noche: sabe que es el otro lado del día.

29º Gr.·. · Gran Escocés de San Andrés

Divisa: “La soberanía del pueblo debe ser defendida a toda costa”.

Muerte por la soberanía (y muerte del fanático). La soberanía del pueblo se defiende a toda costa, pero la Mon.·. advierte que quien define de modo infalible la causa primera y quien la niega rotundamente son igualmente fanáticos. Hay quien muere por una causa y hay quien mata por ella. El primero hace historia; el segundo, la ensucia.

30º Gr.·. · Caballero Kadosch

Divisa: “Obrar amando y odiando a todo trance; respetando y despreciando sin límites”.

Muerte del caballero. El Kadosch se vincula con la tradición templaria y con Jacques de Molay. La Mon.·. manda combatir el error por todos los medios para asegurar la libertad política y religiosa. Se odia el error, no al hombre. Muere el hombre; la causa, si era causa, se queda.

TRAMO VI · ORDEN Y RELEVO (31º a 33º)

Las muertes del juez, del taller y del iniciador.

31º Gr.·. · Gran Inquisidor Inspector Comendador

Divisa: “El poder judicial masónico es un medio, no un fin”.

Muerte del juez. Juez y filósofo: el que juzga es juzgado. La Mon.·. recuerda que el poder judicial es un medio, no un fin. Todo juez será juzgado y su sentencia es provisional; el tribunal más alto está en el Oriente Eterno. Quien convierte la silla en trono se condena a sí mismo.

32º Gr.·. · Sublime Príncipe del Real Secreto

Divisa: “Soldados de la luz, de la libertad y de la razón pura: el pueblo y la masonería”.

Muerte de la logia: el sueño del taller. El «sueño» es el estado de la logia que interrumpe su trabajo. La Mon.·. lamenta que la masificación permitió el ingreso de mediocres y la degradación de los ideales. Los talleres no mueren de golpe: mueren de banalidad, de discusiones sin obra y de olvido del ideal. Calidad, no cantidad.

33º Gr.·. · Soberano Gran Inspector General

Divisa: “Obtención del fin real de la masonería”.

Muerte del iniciador: el relevo. El Águila Bicéfala mira a la vez el pasado y el futuro infinitos. La Mon.·. habla de luchar hasta que las capacidades físicas no lo permitan o se pase a ocupar «nuestra columna en el eterno oriente». Antes de eso hay que reconocer el momento de dejar el paso. Ordo ab chao: el orden empieza por morir a lo propio.

  

VII. Consecuencias positivas de recorrer las 33 muertes

  1. Serenidad ante la finitud. Quien ha muerto treinta y tres veces en pequeño pierde el miedo a la gran muerte.
  2. Lucidez sobre lo que importa. El reloj de arena ordena las prioridades: se deja de vivir para lo urgente.
  3. Capacidad de duelo. Se aprende a despedir lo que se pierde, con nombre y con compañía.
  4. Presencia y gratitud. Se vive más despacio y con más atención lo que se sabe que acaba.
  5. Orden material y familiar. Testamentos, sucesiones y Pal.·. dichas a tiempo evitan los conflictos que deja la muerte.
  6. Autoridad moral. Se manda sabiendo que se pasa, y por eso se manda con servicio.
  7. Valor cívico. Quien no teme morir en lo pequeño no teme actuar: vigilar, exigir y resistir con  la ley en la mano.
  8. Frat.·.. La igualdad ante la muerte cimenta y posibilita la igualdad en la vida.
  9. Legado y continuidad. La obra pasa de unas manos a otras sin ruptura.
  10. Plenitud simbólica. Un Homo symbolicus completa su tarea central: dar sentido a su propia finitud.

VIII. Propuesta de recorrido trascendente: 33 escalones para morir bien

Cada escalón corresponde a un Gr.·. y convierte una de las 33 muertes en un acto interior que se practica en vida. Se agrupan en tramos, con la figura del sujeto que va emergiendo.

Sujeto posible es aquel que puede morir en pequeño tantas veces como haga falta, y por eso no teme la muerte grande: aprende a despedirse, a ceder, a transmitir.

TRAMO I · EL SUJETO QUE NACE

Muere el profano.

N.º

Escalón

Acto interior

Fruto

1

Morir al profano

Escribir un testamento filosófico: qué dejo (certezas, hábitos, máscaras).

Lucidez

2

Morir a la fuerza bruta

Hacer con dulzura algo que antes hacía a golpes.

Templanza

3

Morir con Hiram

Resistir sin entregar lo que no es mío: decir no a una ambición o a una hipocresía.

Integridad

 

TRAMO II · EL SUJETO QUE DISCIERNE

Se queda con su conciencia.

N.º

Escalón

Acto interior

Fruto

4

Morir al juez ajeno

Decidir algo importante sin pedir aprobación.

Conciencia

5

Morir al reloj

Una hora de silencio sin reloj; separar lo urgente de lo eterno.

Serenidad

6

Morir a la apatía

Informarme y actuar sobre un problema público.

Agencia

 

TRAMO III · EL SUJETO CÍVICO

Muere para que la ciudad viva.

N.º

Escalón

Acto interior

Fruto

7

Morir al olvido

Hacer valer el nombre y el derecho de quien no tiene voz.

Justicia

8

Morir al dueño

Redactar un testamento de obras: qué dejaré hecho.

Desapego

9

Morir al mandato

Fijar fecha de término a una responsabilidad y preparar relevo.

Alternancia

10

Morir al arraigo

Conocer la historia de un migrante y aprender de otro lugar.

Universalidad

11

Morir al traidor

Nombrar mi ignorancia, mi hipocresía y mi ambición, y trabajar una.

Integridad

12

Morir al ahorro

Dar parte de lo mío al bien común sin contarlo.

Pertenencia

 

TRAMO IV · EL SUJETO LIBRE Y FRATERNO

Muere a lo que lo ata.

N.º

Escalón

Acto interior

Fruto

13

Morir al dogma

Leer un texto de otra tradición con respeto.

Humildad

14

Morir a la mordaza

Decir en voz alta algo que callé por miedo.

Libertad de conciencia

15

Morir al sueño

Levantarme a la hora de la aurora un día y vigilar algo.

Vigilia

16

Morir al templo

Colocar una piedra de una obra que no veré terminada.

Perseverancia

17

Morir a la soledad

Asistir a una reunión que me cuesta.

Fraternidad

18

Morir por amor

Dar tiempo sin pedir nada a cambio.

Caridad

19

Morir a la ignorancia

Estudiar algo difícil y enseñarlo a otro.

Sabiduría

20

Morir al mando

Servir al último y ceder el lugar.

Abnegación

21

Morir al agravio

Entregar un rencor a la ley o al perdón; llevar la memoria sin sangre.

Paz fértil

22

Morir en la obra

Dignificar una jornada: entregar un trabajo por completo.

Oficio

23

Morir al cautivo

Aprender mis derechos y mis recursos (amparo, habeas corpus).

Firmeza

24

Morir a la ley vieja

Revisar una costumbre injusta y proponer cambiarla.

Renovación

 

TRAMO V · EL SUJETO TEMPLADO

Convive con lo que no puede evitar.

N.º

Escalón

Acto interior

Fruto

25

Morir al siervo

Romper una dependencia cómoda y mirar de frente un miedo.

Valor

26

Morir a la casta

Compartir mesa con alguien de otro mundo.

Igualdad

27

Morir al poder

Rendir cuentas a una instancia superior a mi voluntad.

Responsabilidad

28

Morir al día

Contemplar un atardecer y pensar en lo que no depende de mí.

Razón serena

29

Morir al fanático

Dudar de una causa propia.

Prudencia

30

Morir al caballero

Combatir un error sin odiar a quien lo sostiene.

Templanza

 

TRAMO VI · EL SUJETO CONSUMADO

Se despide y deja el paso.

N.º

Escalón

Acto interior

Fruto

31

Morir al juez

Dejar que otro juzgue mi obra.

Humildad

32

Morir a la masa

Elegir calidad: trabajar con pocos y bien.

Excelencia

33

Morir al iniciador

Transmitir, dejar el paso y escribir la propia esquela con serenidad.

Legado

 

IX. Llamados a la acción

Lo que no se nombra se pudre sin nombre, sin verse ni pensarse. Por ello, Qq.·. Hh.·., se formulan los siguientes llamados:

  1. Escribe y actualiza tu testamento Fil.·.: de bienes, de certezas, hábitos, relaciones, objetivos, ilusiones y máscaras que ya murieron.
  2. Ordena lo material. Si no tienes testamento ni papeles al día, hazlo. Es una forma de amor por quienes se quedan.
  3. Habla de la muerte en tu casa. Con tu pareja, con tus hijos, con tus padres: lo que se calla se hereda como miedo.
  4. Acompaña un duelo. Haz presente la Cad.·. de U.·. en la despedida de un Q.·. H.·. o de un vecino.
  5. Forma tu relevo. En tu Log.·.,  en tu empresa, en tu familia: nadie debe ser imprescindible.
  6. Defiende el nombre del olvidado. Haz valer el derecho de quien no tiene voz: la muerte civil es un delito colectivo.
  7. Practica una muerte pequeña por semana. Un hábito, un cargo, un vicio o una certeza que sueltas conscientemente.
  8. Vigila, participa, exige. La apatía es la muerte que camina, la que se vive sin que te trascienda.
  9. Escribe tu propia esquela simbólica. Una frase por cada legado que dejas y guárdalas en tu cuaderno de trabajo.
  10. Transmite. Que la reflexión sobre la muerte no se pierda: vívela, compártela, discútela y mejórala.

 

No olvidemos que, la muerte de qué trata este Traz:., es simbólica, es un lenguaje de transformación, no una invitación a dañarse,  ni a idealizar la muerte real, ni a remolerse en duelos insolutos. Quien atraviese un duelo grave o pensamientos de hacerse daño debe buscar ayuda profesional y hablarlo cuanto antes con una persona de confianza o con sus Hh.·.; la Cad.·. de U.·. existe para sostener.

La muerte no es el enemigo de la obra: es cantera. Nos desgasta para pulirnos, nos cumple para completarnos, nos siembra para multiplicarnos y nos une para sostenernos. Aprender a morir, en pequeño y en vida, es aprender el único oficio que el mundo no nos enseña. Ordo ab Chao: el orden del mundo comienza por morir a lo propio.

Quien tiene miedo a morir, no ha dejado que la iniciación florezca en su ser. Trascendamos el miedo y vivamos preparados para la muerte, aspirando a la vida eterna.

 











F R A T E R N A L M E N T E

“Labor Omnia Vincit”

 

 

Or.·. de Morelia, Michoacán, a 28 de octubre de 2026, E.·. V.·.

MDP, M.·. Mas.·.

¡Es Cuanto!

Referencias

  1. Ayala Ponce, J. J. (s.f.). Mónita de los 33 grados. Organización Mas.·. Mexicana, Supremo Consejo.
  2. Cassirer, E. (1944). An essay on man: An introduction to a philosophy of human culture. Yale University Press.
  3. Cornejo, J. N. (2020). Enciclopedia del Rito Escocés Antiguo y Aceptado (Tomos I, III y V). Digitalizado en eruizf.com.
  4. Lavagnini, A. Manual del Maestro Secreto. Biblioteca Upasika.
  5. Ragon, J. M. Ritual del grado de Maestro (ed. digital).
  6. Online Etymology Dictionary (etymonline), entradas mortal, moribund, mortuary, y Wikcionario, entrada mors.
  7. Masón de Pants. (2026, 10 de septiembre). El Homo Symbólicus. Masón de Pants. https://masondepants.blogspot.com/2026/09/el-homo-symbolicus.html