domingo, 31 de enero de 2010

Qué es ser Masón

Hace unos días, vi un programa en televisión en donde escuché a unos personajes expresar qué es un masón. Las respuestas que ellos brindaron no recabaron en absoluto la concepción que esperaría brindaran de un masón.
Mas aun, creo que aunque se aproximan, se alejan de los principios.

Hubo quien dijo que ser masón es esforzarse por ser mejor. Todos lo hacemos, es una verdad de Perogrullo. Hasta los animales aprenden del error. No es de esperarse que un masón conteste esto. Por ello, al ser materia de reflexión en esta cámara, y al ser un concepto que cada uno de nosotros debemos de tener muy desarrollado, es que inicio el ejercicio de definir al masón y realizo la invitación a que cada uno de nosotros haga lo propio.

Una definición muy elemental dice que el masón es parte de una secta-suprarreligión-institución denominada masonería, de ahí viene su nombre.

A decir verdad, confieso que me causan alergia las definiciones llenas de consignas y de palabras ambiguas, las cuales abundan en la literatura masónica. Frases tales como: ser masón es ser constructor, es ser albañil, es ser masón es ser dueño de tu propia vida, es haber contemplado la luz, etc.

Otra familia de definiciones está relacionada con la filiación o membresía. Por ende, ser masón es pertenecer a una logia, es haber sido iniciado en la masonería. Y de ahí en adelante, masón es aquel al que todos sus hermanos lo reconocen como tal. ¡Qué pena tener que buscar el reconocimiento ajeno, así sea de hermanos! La historia universal está llena de masones célebres que no fueron apoyados ni reconocidos por sus propios hermanos, en su momento.

Asimismo, me manifiesto en desacuerdo con esas definiciones que no resuelven el camino individual, sino simplemente catalogan por proximidad. Un masón debe ser aquel que se conoce a sí mismo y se reconoce en los demás, consustancial al principio creador, partícipe y artífice en el microcosmos de la gran obra.

Hay otras definiciones, en las que se es masón por meritocracia, es decir, el que sigue los principios de la masonería, es masón. Ello es relativamente paradójico, porque la masonería en sus innumerables preceptos y doctrinas, usos y costumbres, ritos y demás, manifiesta contradicciones rotundas. Al intentar ser exégeta de la moral, no manifiesta una línea clara, con lo cual en muchas ocasiones, los hermanos, presas de inasertividad, son manipulados por otros más ilustrados o maliciosos, en cuestiones tan polémicas como el obedecer a los superiores en la masonería, apoyar al hermano en desgracias, reconocer a hermanos de otros ritos, etc.


En ese sentido moral, hay quien enuncia que ser masón es tener buenas costumbres, buenos hábitos, obedecer la Ley. E incluyen muchas cosas buenas que hace un masón, propias de alguien que respeta y sigue irracionalmente los innumerables lineamientos que establece la masonería, quien repite las consignas, quien piensa que ser masón es ser nacionalista. Quien no respalda a sus hermanos, en aras de su albedrío, quien los respalda a cambio de beneficio y utilitarismo transaccional en extremo.

Para mí, un masón es un ser humano libre de sus propios y muy particulares vicios, que ha desarrollado las facultades más elevadas de la especie, que se ha superado, que conoce su misión en la vida y lucha por trascender mediante el trabajo cotidiano y el servicio desinteresado, que cuida su salud y al resto de la naturaleza, que se interesa en su propio camino, pero acude y apoya solidariamente en la desgracia o necesidad.

Ante esto, os pregunto: ¿Os consideráis masones? ¿Y qué habéis hecho para alcanzar esa consideración? En caso de aun no considerarse masones, sino aprendices de masón, ¿qué les falta alcanzar para considerarse masones? Y ¿qué proyectan hacer en este año para lograr serlo?
Anexo un poema que me impresionó hace ya cinco años que tuve contacto con él por primera vez.

Por Favor, Su CV.
Hugo Gutiérrez Vega

La riqueza me agobia esta mañana
y para conjurarla
hago el recuento de las cosas que tengo
y de lo mucho que he perdido en el tiempo:
tengo la vista, el tacto y el oído,
el olfato y el gusto, una mujer
-ella también me tiene-
que lleva sin alardes
los ritmos de la vida;
unos seres que crecen a mi lado;
un techo, un pan, un poco de dinero,
libros, el teatro, el cine;
seres vivos que amo y que me aman;
mis muertos, la memoria
y el presente
(nada sé del futuro, pero no me interesa);
voy haciendo los días
y ellos me van haciendo
y deshaciendo;
finjo resignación
y me contento con las luces del alba
(me gusta más la noche);
trabajo y cumplo,
a veces a mi modo
y, cuando no es posible,
me conformo;
intenté el heroísmo
y la aventura se me volvió sainete;
he aprendido tres o cuatro cosas
y he olvidado trescientas;
me detengo en la calle
y veo personas,
salgo al campo
y me encuentro con la vida;
me gustan las ciudades
y las odio,
me gusta el campo,
pero no lo entiendo;
mis raíces son débiles;
no le tengo pavor a lo imprevisto,
pero me gustaría que no pasara;
mi sentido común
es estrambótico;
sin proyectos me enfrento a la mañana;
me enferman los enfermos de importancia,
me asustan los que esgrimen sus certezas;
me gustan los que dudan,
los pasos vacilantes me enternecen
y me dan miedo los que pisan firme ( El IF de Kipling me provoca vómito)
no pertenezco a nada
y, sin embargo, me hermano
sin poner muchos reparos;
cultivo mis lealtades
e intento preservar estos amores;
mi vida es un recuento de expulsiones
(esto lo digo mientras me acompañan
maracas y requintos,
dos serruchos, un peine con papel
y voz gangosa);
ya no tomo café,
fumo tabaco,
hablo menos que antes,
me desvelo y escribo confesiones;
la primera persona me preocupa,
pero sé que no es mía:
todos somos lo mismo,
todo es uno,
uno es todo,
cada hombre es, al fin,
todo este mundo
y el mundo es un lugar desconocido...



Or:. de Morelia, Michoacán, a 23 de enero de 2010, E:.V:.