miércoles, 26 de agosto de 2026

Cuidar nuestras fuerzas.

      

 

Cuidar nuestras Fuerzas

“En Él la F.·.”

Lit.·. del Gr.·. de Apr.·.

 

Este Traz.·. busca invitar a la reflexión sobre una ley que, aunque silenciosa, gobierna todo esfuerzo de perfeccionamiento humano: la limitación de la F.·. vital y la necesidad de administrarla con disciplina.

 

La energía se manifiesta en nosotros y nos dota de muchos tipos de fuerzas, entendidas como la capacidad de preservar un trabajo, por lo que nos coloca en un sendero de autorrealización del cual no saldremos hoy sin estar seguros de que nuestra obra está con el G.·. A.·. D.·. U.·. De aquí no nos iremos pensando en haber gastado nuestras Ff.·. en vano.



 

Por ello, bajo esta óptica, desde la perspectiva del Pr.·. Gr.·. se pretende mostrar que el verdadero Trab.·. Inic.·. no comienza por adquirir mayores Ff.·., sino por aprender a no derrocharlas. Porque solamente después de dominada esta economía resulta posible aspirar a transmutar lo grosero en sutil, la P.·. Br.·. en P.·. Cub.·..

 

Se busca además que esta reflexión trascienda el plano Simb.·. y se convierta en método concreto de conducta, aplicable tanto dentro del Temp.·. como en la vida Prof.·. que todo Apr.·. habita mientras concluye su formación.

 

Dice J. Jaime Ayala Ponce, en su ya clásica obra, la Mon.·. Del Gr.·. de Apr.·. que, “los Ttrab.·. tienen por objeto sembrar la duda Fil.·. en el espíritu del Inic.·., haciéndole tocar con el dedo la esclavitud en que ha vivido, despertando en su corazón el sentimiento de su propia dignidad e impulsándolo al estudio de la verdad, libre de preocupaciones”.

 

Justo ahi, es preciso detenernos a hablar de esclavitud, la cual es definida como una “condición en la que un ser humano es considerado como propiedad legal de otro, perdiendo su Lib.·. y sus derechos fundamentales”, pudiendo ser comprado, vendido y, sobre todo, explotado; así también, perdiendo control sobre su Trab.·., su vida o su cuerpo, eliminando todos los derechos básicos de igualdad y autonomía.

 

Desde una perspectiva Mas.·., la explotación de un esclavo implica el usufructo de sus recursos vitales sin el justo pago de una contraprestación, de un Sal.·.

 

Entonces, no solamente el latifundista que chasqueaba látigos sobre las espaldas de seres a quienes consideraba de su legítima propiedad es un esclavista, sino también toda actividad, institución o persona, sustancia o grupo que explota a alguien sin brindarle Sal.·., sin respetar su Lib.·., ni sus derechos.

 

En el R.·. E .·. A .·.  y A.·.  buscamos, mediante el Rit.·. asegurarnos de que, todo Apr.·. que atraviese por vez Pr.·. el umbral del Templ.·., cargue consigo la certeza que sus Ff.·., por vigorosas que parezcan, tienen límite. La Cam.·. de Rrefl.·., con su calavera y su reloj de arena, no fue dispuesto por casualidad en el camino del neófito.


 

Allí se le recuerda, sin palabras, que el tiempo y la energía de que dispone no son infinitos, sino un capital preciso que el G.·. A.·. D.·. U.·. ha puesto en sus manos para la obra de su propia construcción.

 

El testamento Fil.·.  que redacta antes de su Inic.·., la oscuridad que atraviesa durante los viajes Ssimb.·., el Jur.·. que pronuncia sobre el Lib.·. de la Ley., todo conduce a una misma verdad primordial: el hombre no dispone de recursos ilimitados para transformarse, por lo que, quien ignora esta ley trabaja a ciegas, desgastando sus Hher.·. antes de haber levantado Col.·. alguna.

Entonces, este Traz.·.  parte de una pregunta que todo iniciado debe formularse tarde o temprano: si nuestra F.·. vital resulta limitada, qué camino nos queda para emprender un Trab.·. interior de tal magnitud.

 

La respuesta, lejos de desalentar, resulta esperanzadora. Todo hombre en condiciones normales posee ya la energía suficiente para comenzar. Lo que falta no es más F.·., sino la sabiduría de no malgastar la que se tiene. Nuestros Aant.·. Hh.·. constructores de catedrales, comprendían esta ley mejor que nosotros. Ningún bloque de P.·. se extraía de la cantera sin cálculo previo, ninguna viga se labraba sin considerar su función exacta dentro del conjunto, porque la abundancia aparente de materiales jamás excusó la imprevisión del Arq.·. De la misma manera, el Mas.·. que aspira a edificar su Temp.·. Int.·. debe reconocer que su energía vital exige idéntico rigor al que exigimos a la cantera: nada se toma de más, nada se desperdicia, todo se ordena hacia la Ob.·.



 

Antes de ascender, el Apr.·. debe descender a la inspección honesta de sí mismo. Es esta la Pr.·. y más difícil de las tareas, porque exige mirar de frente aquello que preferiríamos ignorar. Observará entonces cuánta F.·. vital escapa a diario por grietas que apenas percibe. Se pierde en emociones estériles, en la angustia anticipada frente a desgracias que quizá jamás lleguen a suceder, en el mal humor que ensombrece la jornada sin motivo verdadero, en la prisa que nada edifica y en la irritabilidad que corroe como el óxido corroe el metal descuidado. Se pierde también en la imaginación ociosa y en el ensueño que aleja al hombre de la vigilancia sobre sí mismo, sustituyendo el Trab.·. real por fantasías que jamás habrán de construir nada tangible.

 

Advertirá, además, que sus propios centros internos, el pensar, el sentir y el actuar, laboran con frecuencia torcidos, como el cantero que golpea la P.·. sin Esc.·. ni Pl.·., desperdiciando el esfuerzo en tensiones que ninguna relación guardan con la obra que se propone realizar. Notará cuánta F.·. se consume en la habladuría perpetua, en ese interés disperso que regalamos a personas y sucesos ajenos a nuestro verdadero Trab.·., y en el desgaste constante de la atención, facultad que el Apr.·. debiera aprender a proteger como su Pr.·. y más valiosa herramienta de labor.

 

El Rito nos enseña, a través del silencio impuesto durante ciertos momentos de la Ten.·., que la Pr.·. economía verdadera es la del ruido interior. Solamente quien aprende a acallar la dispersión de sus pasiones comienza a acumular el capital Simb.·. que después habrá de invertir en su Perf.·. Esta fuga silenciosa de energía es comparable a la cantera explotada sin método, aquella que agota el yacimiento antes de haber extraído siquiera la P.·. útil que la obra reclama.

 

Cuando el Apr.·. comienza a combatir estos hábitos de dispersión, ahorra sin proponérselo una cantidad considerable de su F.·. vital, por lo que, con ese excedente puede emprender, sin fatiga inútil, la tarea de conocerse y perfeccionarse. La Esc.·., Simb.·. de rectitud, y el Comp.·., Simb.·. de la medida J.·., dejan entonces de ser meros instrumentos tallados en metal para convertirse en método de vida. La Esc.·. endereza la conducta dispersa, corrige el ángulo torcido de nuestros impulsos, mientras el Comp.·. traza el límite exacto entre lo que se gasta sin provecho y lo que se conserva con propósito claro.



 

Esta eficiencia no debe confundirse jamás con avaricia. Se trata, por el contrario, de sabiduría constructiva. Así como el Arq.·. no malgasta el metal precioso en ornamentos superfluos cuando la estructura misma reclama firmeza, el iniciado no malgasta su F.·. vital en pasiones que en absoluto edifican su Temp.·. interior. La verdadera riqueza Mas.·. no se mide por la cantidad de energía que un hombre posee, sino por la proporción que sabe conservar y encauzar hacia un fin justo.

Sin embargo, llegado cierto punto del camino, el Apr.·. que ha equilibrado su conducta hasta cierto grado, y comprobado que posee más F.·. de la que suponía, reconoce con humildad que esa cantidad todavía resulta insuficiente frente a las metas más altas que la Orden reserva para los Ggr.·. venideros. Comprende entonces que la simple economía, siendo necesaria, no basta por sí sola. Es preciso, además, aumentar la producción misma de energía, que dota de F.·. interior, y no limitarse a conservar lo poco que naturalmente se genera.

 

Aquí se revela un principio que nuestra Trad.·. hermética recoge de la Tabla de Esmeralda: separad lo sutil de lo denso, de lo grosero. El ser humano puede compararse a una fábrica cuya labor consiste en transformar la materia prima recibida del mundo exterior en una sustancia más fina y elevada. Recibe, como el candidato recibe el metal que ha de entregar antes de su Inic.·., elementos toscos que provienen del exterior, y su función consiste en refinarlos mediante procesos internos complejos hasta convertirlos en algo superior.

 

En las condiciones ordinarias de la vida Prof.·., sin embargo, esa fábrica apenas produce lo indispensable para sostenerse a sí misma. Todo cuanto de sutil elabora se dilapida sin provecho en el simple mantenimiento de la maquinaria corporal, sin alcanzar jamás los estados superiores de conciencia que la iniciación promete, ni activar las facultades más elevadas que el Trab.·. Mas.·. busca despertar en cada H.·. Es esta la tragedia silenciosa del hombre común: produce lo suficiente para vivir, pero jamás lo suficiente para transformarse.

 

Si el Apr.·., ya disciplinado en la economía de su energía, lograra además llevar su fábrica Int.·. al máximo de su rendimiento posible, comenzaría entonces a atesorar ese excedente refinado. Cada tejido y cada fibra de su ser, se iría impregnando gradualmente de esa sustancia sutil, cristalizándola poco a poco en virtud constante, del mismo modo en que la P.·. Br.·., golpe a golpe, año tras año, se transforma en P.·. Cub.·. Perf.·. bajo el Cinc.·. paciente del Ob.·.

 

Conviene recordar que esta economía de la F.·. vital no constituye un ejercicio meramente individual, encerrado en la vanidad del perfeccionamiento personal. Se proyecta, por el contrario, hacia la Log.·. entera y hacia la sociedad Prof.·. que aguarda, sin saberlo, la Luz que los Ttal.·. Mmas.·. están llamados a irradiar. Un H.·. que ha aprendido a no derrochar su energía en la vanidad, en la ira o en el ocio estéril, dispone de mayor caudal para consagrarlo a la obra colectiva: el estudio constante, la ayuda fraterna, la construcción paciente del Temp.·. de la humanidad que nuestra Or.·. persigue desde tiempos inmemoriales.

El Apr.·. que comprende esta ley desde su Pr.·. Gr.·. camina con ventaja sobre quien la ignora. No porque posea mayores dones naturales, sino porque ha aprendido, desde el Pr.·. golpe de Cinc.·., a no malgastar un solo esfuerzo. Esta es, en última instancia, la enseñanza más valiosa que puede extraerse del símbolo de la P.·. Br.·.: no se trata de una P.·. distinta a las demás, sino de la misma P.·. de Apr.·. que todos poseemos, trabajada con la paciencia y la economía que solamente la disciplina Mas.·. enseña a cultivar.

 

Así, en el ajedrez de la vida, en la atmósfera Mas.·., tenemos un panóptico de ejemplos: en los cuadros blancos, vemos Ggr.·. ejemplos de personas que han sido iniciadas y que han construido biografías virtuosas, legados enteros y son ejemplos vivientes. Aprendemos, de ellos, como de los Ggr.·. Iinic.·..

 

En contraste, en los cuadros negros, hemos visto personas que han ingresado a la Mas.·. en búsqueda de poder, de saciar su instinto, su ego, sus inseguridades, sus ambiciones. Hemos visto sepulcros blanqueados, Mm.·. caídos que no viven sino para sí mismos, desperdiciando todos los recursos que caen en sus manos, derrochando, particularmente, su salud y su energía vital. Hemos contemplado a quienes solo llegan y se alimentan de lo que otros han producido; solo piden y buscan en privado a los Qq.·. Hh.·. para involucrarlos en negocios indignos, para inducirlos al vicio, para ofrecerles, como en la Lit.·. Ajefista se señala: ruleta, baraja y dados. Siendo no solamente la descripción de un H.·. invisible, sino de un mal amigo incluso en lo Prof.·.. De ellos debemos cuidarnos, evitarlos, alejarlos de nuestra Ara.

 


 

De cuanto queda expuesto se desprende una enseñanza que el Apr.·. haría bien en grabar junto a sus Ppr.·. luces: la F.·. vital no es un don que se derrocha, sino un capital Sagr.·. que se administra con la misma disciplina que exigimos a la cantera y al Tal.·.. Ningún edificio se sostiene si el cimiento no comprende, desde el Pr.·. momento, que la economía precede siempre a la abundancia y que, solamente quien ha aprendido a no malgastar un solo golpe de Cinc.·. puede aspirar, con el tiempo, a transmutar lo grosero en Luz.

 

Esta ley, lejos de limitarse a los muros del Temp.·., acompaña al Apr.·. cuando regresa a la vida Prof.·., donde las mismas fugas de energía, la impaciencia, el temor anticipado, la habladuría vana, continúan acechando su jornada. El verdadero Trab.·. Mas.·. consiste, precisamente, en llevar esta vigilancia más allá de la Ten.·., convirtiendo cada instante de la existencia cotidiana en oportunidad de economía y refinamiento.

 

Que este Pr.·. Gr.·. no se recuerde entonces solamente como el de la P.·. B.·. sino también como el de la Pr.·. lección de economía interior: la que enseña que todo lo Ggr.·. que hemos de construir depende, ante todo, de aquello que sabemos no desperdiciar.

 



Que cada Apr.·. que hoy escucha estas palabras las lleve consigo como precepto y con base en su sistema Mas.·. individual, lo convierta en método vivo de conducta, hasta que la economía de su F.·. vital se convierta, con el tiempo y el Trab.·. constante, en la P.·. angular sobre la cual habrá de erigirse todo su edificio Int.·.

 

 

 

F R A T E R N A L M E N T E

“Labor Omnia Vincit”

Or .·. de Morelia, Michoacán, a 26 de agosto de 2026,  E .·. V .·.

 

 

 

MDP,  M.∙. Mas.∙.  

 

¡Es Cuanto!

1 comentario:

abacuc dijo...

Envío abrazo fraternal y mi agradecimiento por esta luz