Cuidar nuestras
Fuerzas
“En
Él la F.·.”
Lit.·.
del Gr.·. de Apr.·.
Este
Traz.·. busca invitar a la reflexión sobre una ley que, aunque silenciosa,
gobierna todo esfuerzo de perfeccionamiento humano: la limitación de la F.·.
vital y la necesidad de administrarla con disciplina.
La
energía se manifiesta en nosotros y nos dota de muchos tipos de fuerzas,
entendidas como la capacidad de preservar un trabajo, por lo que nos coloca en
un sendero de autorrealización del cual no saldremos hoy sin estar seguros de
que nuestra obra está con el G.·. A.·. D.·. U.·. De aquí no nos iremos pensando
en haber gastado nuestras Ff.·. en vano.
Por
ello, bajo esta óptica, desde la perspectiva del Pr.·. Gr.·. se pretende
mostrar que el verdadero Trab.·. Inic.·. no comienza por adquirir mayores Ff.·.,
sino por aprender a no derrocharlas. Porque solamente después de dominada esta
economía resulta posible aspirar a transmutar lo grosero en sutil, la P.·.
Br.·. en P.·. Cub.·..
Se
busca además que esta reflexión trascienda el plano Simb.·. y se convierta en
método concreto de conducta, aplicable tanto dentro del Temp.·. como en la vida
Prof.·. que todo Apr.·. habita mientras concluye su formación.
Dice
J. Jaime Ayala Ponce, en su ya clásica obra, la Mon.·. Del Gr.·. de Apr.·. que,
“los Ttrab.·. tienen por objeto sembrar la duda Fil.·. en el espíritu del
Inic.·., haciéndole tocar con el dedo la esclavitud en que ha vivido,
despertando en su corazón el sentimiento de su propia dignidad e impulsándolo
al estudio de la verdad, libre de preocupaciones”.
Justo
ahi, es preciso detenernos a hablar de esclavitud, la cual es definida como una
“condición en la que un ser humano es considerado como propiedad legal de otro,
perdiendo su Lib.·. y sus derechos fundamentales”, pudiendo ser comprado,
vendido y, sobre todo, explotado; así también, perdiendo control sobre su
Trab.·., su vida o su cuerpo, eliminando todos los derechos básicos de igualdad
y autonomía.
Desde
una perspectiva Mas.·., la explotación de un esclavo implica el usufructo de
sus recursos vitales sin el justo pago de una contraprestación, de un Sal.·.
Entonces,
no solamente el latifundista que chasqueaba látigos sobre las espaldas de seres
a quienes consideraba de su legítima propiedad es un esclavista, sino también
toda actividad, institución o persona, sustancia o grupo que explota a alguien
sin brindarle Sal.·., sin respetar su Lib.·., ni sus derechos.
En
el R.·. E .·. A .·. y A.·. buscamos, mediante el Rit.·. asegurarnos de
que, todo Apr.·. que atraviese por vez Pr.·. el umbral del Templ.·., cargue
consigo la certeza que sus Ff.·., por vigorosas que parezcan, tienen límite. La
Cam.·. de Rrefl.·., con su calavera y su reloj de arena, no fue dispuesto por
casualidad en el camino del neófito.
Allí
se le recuerda, sin palabras, que el tiempo y la energía de que dispone no son
infinitos, sino un capital preciso que el G.·. A.·. D.·. U.·. ha puesto en sus
manos para la obra de su propia construcción.
El
testamento Fil.·. que redacta antes de
su Inic.·., la oscuridad que atraviesa durante los viajes Ssimb.·., el Jur.·.
que pronuncia sobre el Lib.·. de la Ley., todo conduce a una misma verdad
primordial: el hombre no dispone de recursos ilimitados para transformarse, por
lo que, quien ignora esta ley trabaja a ciegas, desgastando sus Hher.·. antes
de haber levantado Col.·. alguna.
Entonces,
este Traz.·. parte de una pregunta que
todo iniciado debe formularse tarde o temprano: si nuestra F.·. vital resulta
limitada, qué camino nos queda para emprender un Trab.·. interior de tal
magnitud.
La
respuesta, lejos de desalentar, resulta esperanzadora. Todo hombre en
condiciones normales posee ya la energía suficiente para comenzar. Lo que falta
no es más F.·., sino la sabiduría de no malgastar la que se tiene. Nuestros
Aant.·. Hh.·. constructores de catedrales, comprendían esta ley mejor que
nosotros. Ningún bloque de P.·. se extraía de la cantera sin cálculo previo,
ninguna viga se labraba sin considerar su función exacta dentro del conjunto,
porque la abundancia aparente de materiales jamás excusó la imprevisión del
Arq.·. De la misma manera, el Mas.·. que aspira a edificar su Temp.·. Int.·.
debe reconocer que su energía vital exige idéntico rigor al que exigimos a la
cantera: nada se toma de más, nada se desperdicia, todo se ordena hacia la
Ob.·.
Antes
de ascender, el Apr.·. debe descender a la inspección honesta de sí mismo. Es
esta la Pr.·. y más difícil de las tareas, porque exige mirar de frente aquello
que preferiríamos ignorar. Observará entonces cuánta F.·. vital escapa a diario
por grietas que apenas percibe. Se pierde en emociones estériles, en la
angustia anticipada frente a desgracias que quizá jamás lleguen a suceder, en
el mal humor que ensombrece la jornada sin motivo verdadero, en la prisa que
nada edifica y en la irritabilidad que corroe como el óxido corroe el metal
descuidado. Se pierde también en la imaginación ociosa y en el ensueño que
aleja al hombre de la vigilancia sobre sí mismo, sustituyendo el Trab.·. real
por fantasías que jamás habrán de construir nada tangible.
Advertirá,
además, que sus propios centros internos, el pensar, el sentir y el actuar,
laboran con frecuencia torcidos, como el cantero que golpea la P.·. sin Esc.·.
ni Pl.·., desperdiciando el esfuerzo en tensiones que ninguna relación guardan
con la obra que se propone realizar. Notará cuánta F.·. se consume en la
habladuría perpetua, en ese interés disperso que regalamos a personas y sucesos
ajenos a nuestro verdadero Trab.·., y en el desgaste constante de la atención,
facultad que el Apr.·. debiera aprender a proteger como su Pr.·. y más valiosa
herramienta de labor.
El
Rito nos enseña, a través del silencio impuesto durante ciertos momentos de la
Ten.·., que la Pr.·. economía verdadera es la del ruido interior. Solamente
quien aprende a acallar la dispersión de sus pasiones comienza a acumular el
capital Simb.·. que después habrá de invertir en su Perf.·. Esta fuga
silenciosa de energía es comparable a la cantera explotada sin método, aquella
que agota el yacimiento antes de haber extraído siquiera la P.·. útil que la
obra reclama.
Cuando
el Apr.·. comienza a combatir estos hábitos de dispersión, ahorra sin
proponérselo una cantidad considerable de su F.·. vital, por lo que, con ese
excedente puede emprender, sin fatiga inútil, la tarea de conocerse y
perfeccionarse. La Esc.·., Simb.·. de rectitud, y el Comp.·., Simb.·. de la
medida J.·., dejan entonces de ser meros instrumentos tallados en metal para
convertirse en método de vida. La Esc.·. endereza la conducta dispersa, corrige
el ángulo torcido de nuestros impulsos, mientras el Comp.·. traza el límite
exacto entre lo que se gasta sin provecho y lo que se conserva con propósito
claro.
Esta
eficiencia no debe confundirse jamás con avaricia. Se trata, por el contrario,
de sabiduría constructiva. Así como el Arq.·. no malgasta el metal precioso en
ornamentos superfluos cuando la estructura misma reclama firmeza, el iniciado
no malgasta su F.·. vital en pasiones que en absoluto edifican su Temp.·.
interior. La verdadera riqueza Mas.·. no se mide por la cantidad de energía que
un hombre posee, sino por la proporción que sabe conservar y encauzar hacia un
fin justo.
Sin
embargo, llegado cierto punto del camino, el Apr.·. que ha equilibrado su
conducta hasta cierto grado, y comprobado que posee más F.·. de la que suponía,
reconoce con humildad que esa cantidad todavía resulta insuficiente frente a
las metas más altas que la Orden reserva para los Ggr.·. venideros. Comprende
entonces que la simple economía, siendo necesaria, no basta por sí sola. Es
preciso, además, aumentar la producción misma de energía, que dota de F.·.
interior, y no limitarse a conservar lo poco que naturalmente se genera.
Aquí
se revela un principio que nuestra Trad.·. hermética recoge de la Tabla de
Esmeralda: separad lo sutil de lo denso, de lo grosero. El ser humano puede
compararse a una fábrica cuya labor consiste en transformar la materia prima
recibida del mundo exterior en una sustancia más fina y elevada. Recibe, como
el candidato recibe el metal que ha de entregar antes de su Inic.·., elementos
toscos que provienen del exterior, y su función consiste en refinarlos mediante
procesos internos complejos hasta convertirlos en algo superior.
En
las condiciones ordinarias de la vida Prof.·., sin embargo, esa fábrica apenas
produce lo indispensable para sostenerse a sí misma. Todo cuanto de sutil
elabora se dilapida sin provecho en el simple mantenimiento de la maquinaria
corporal, sin alcanzar jamás los estados superiores de conciencia que la
iniciación promete, ni activar las facultades más elevadas que el Trab.·.
Mas.·. busca despertar en cada H.·. Es esta la tragedia silenciosa del hombre
común: produce lo suficiente para vivir, pero jamás lo suficiente para
transformarse.
Si
el Apr.·., ya disciplinado en la economía de su energía, lograra además llevar
su fábrica Int.·. al máximo de su rendimiento posible, comenzaría entonces a
atesorar ese excedente refinado. Cada tejido y cada fibra de su ser, se iría
impregnando gradualmente de esa sustancia sutil, cristalizándola poco a poco en
virtud constante, del mismo modo en que la P.·. Br.·., golpe a golpe, año tras
año, se transforma en P.·. Cub.·. Perf.·. bajo el Cinc.·. paciente del Ob.·.
Conviene
recordar que esta economía de la F.·. vital no constituye un ejercicio
meramente individual, encerrado en la vanidad del perfeccionamiento personal.
Se proyecta, por el contrario, hacia la Log.·. entera y hacia la sociedad
Prof.·. que aguarda, sin saberlo, la Luz que los Ttal.·. Mmas.·. están llamados
a irradiar. Un H.·. que ha aprendido a no derrochar su energía en la vanidad,
en la ira o en el ocio estéril, dispone de mayor caudal para consagrarlo a la
obra colectiva: el estudio constante, la ayuda fraterna, la construcción paciente
del Temp.·. de la humanidad que nuestra Or.·. persigue desde tiempos
inmemoriales.
El
Apr.·. que comprende esta ley desde su Pr.·. Gr.·. camina con ventaja sobre
quien la ignora. No porque posea mayores dones naturales, sino porque ha
aprendido, desde el Pr.·. golpe de Cinc.·., a no malgastar un solo esfuerzo.
Esta es, en última instancia, la enseñanza más valiosa que puede extraerse del
símbolo de la P.·. Br.·.: no se trata de una P.·. distinta a las demás, sino de
la misma P.·. de Apr.·. que todos poseemos, trabajada con la paciencia y la
economía que solamente la disciplina Mas.·. enseña a cultivar.
Así,
en el ajedrez de la vida, en la atmósfera Mas.·., tenemos un panóptico de
ejemplos: en los cuadros blancos, vemos Ggr.·. ejemplos de personas que han
sido iniciadas y que han construido biografías virtuosas, legados enteros y son
ejemplos vivientes. Aprendemos, de ellos, como de los Ggr.·. Iinic.·..
En
contraste, en los cuadros negros, hemos visto personas que han ingresado a la
Mas.·. en búsqueda de poder, de saciar su instinto, su ego, sus inseguridades,
sus ambiciones. Hemos visto sepulcros blanqueados, Mm.·. caídos que no viven
sino para sí mismos, desperdiciando todos los recursos que caen en sus manos,
derrochando, particularmente, su salud y su energía vital. Hemos contemplado a
quienes solo llegan y se alimentan de lo que otros han producido; solo piden y
buscan en privado a los Qq.·. Hh.·. para involucrarlos en negocios indignos,
para inducirlos al vicio, para ofrecerles, como en la Lit.·. Ajefista se
señala: ruleta, baraja y dados. Siendo no solamente la descripción de un H.·.
invisible, sino de un mal amigo incluso en lo Prof.·.. De ellos debemos
cuidarnos, evitarlos, alejarlos de nuestra Ara.
De
cuanto queda expuesto se desprende una enseñanza que el Apr.·. haría bien en
grabar junto a sus Ppr.·. luces: la F.·. vital no es un don que se derrocha,
sino un capital Sagr.·. que se administra con la misma disciplina que exigimos
a la cantera y al Tal.·.. Ningún edificio se sostiene si el cimiento no
comprende, desde el Pr.·. momento, que la economía precede siempre a la
abundancia y que, solamente quien ha aprendido a no malgastar un solo golpe de
Cinc.·. puede aspirar, con el tiempo, a transmutar lo grosero en Luz.
Esta
ley, lejos de limitarse a los muros del Temp.·., acompaña al Apr.·. cuando
regresa a la vida Prof.·., donde las mismas fugas de energía, la impaciencia,
el temor anticipado, la habladuría vana, continúan acechando su jornada. El
verdadero Trab.·. Mas.·. consiste, precisamente, en llevar esta vigilancia más
allá de la Ten.·., convirtiendo cada instante de la existencia cotidiana en
oportunidad de economía y refinamiento.
Que
este Pr.·. Gr.·. no se recuerde entonces solamente como el de la P.·. B.·. sino
también como el de la Pr.·. lección de economía interior: la que enseña que
todo lo Ggr.·. que hemos de construir depende, ante todo, de aquello que
sabemos no desperdiciar.
Que
cada Apr.·. que hoy escucha estas palabras las lleve consigo como precepto y
con base en su sistema Mas.·. individual, lo convierta en método vivo de
conducta, hasta que la economía de su F.·. vital se convierta, con el tiempo y
el Trab.·. constante, en la P.·. angular sobre la cual habrá de erigirse todo
su edificio Int.·.
F R A T E R N A L
M E N T E
“Labor Omnia
Vincit”
Or .·.
de Morelia, Michoacán, a 26 de agosto de 2026, E .·. V .·.
MDP, M.∙. Mas.∙.
¡Es Cuanto!






1 comentario:
Envío abrazo fraternal y mi agradecimiento por esta luz
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